La iniciativa impulsada desde Washington apunta más a exportar alineamientos políticos y excluir actores clave que a construir una cooperación regional efectiva.
Lejos de ser prácticas residuales, estos métodos persisten y se expanden como herramienta política para recortar derechos, incluso donde antes parecían consolidados.
Cuando la ideología reemplaza al pragmatismo en la política económica y exterior, la confrontación gana centralidad y los costos —económicos, institucionales y sociales— no tardan en aparecer.
Bolivia inicia una nueva etapa bajo Rodrigo Paz, quien marca un giro del estatismo ideológico hacia un pragmatismo de mercado y descentralización del poder.
La humanidad debe recuperar las instituciones que han servido como equilibrio para los desfases y abusos de poder. Si no lo consigue se abre la puerta hacia la tiranía global.