Líderes latinoamericanos buscan articular una política exterior común que refuerce su autonomía frente a un entorno global más fragmentado y presiones crecientes de Estados Unidos.
América Latina gira a la derecha impulsada por el hartazgo ciudadano, priorizando seguridad y economía mientras el centro político enfrenta su mayor dilema.
La iniciativa impulsada desde Washington apunta más a exportar alineamientos políticos y excluir actores clave que a construir una cooperación regional efectiva.
Lejos de ser prácticas residuales, estos métodos persisten y se expanden como herramienta política para recortar derechos, incluso donde antes parecían consolidados.
Cuando la ideología reemplaza al pragmatismo en la política económica y exterior, la confrontación gana centralidad y los costos —económicos, institucionales y sociales— no tardan en aparecer.
Bolivia inicia una nueva etapa bajo Rodrigo Paz, quien marca un giro del estatismo ideológico hacia un pragmatismo de mercado y descentralización del poder.