La inteligencia artificial puede reducir las barreras económicas y lingüísticas que dificultan el acceso a la justicia, siempre que complemente la labor humana y respete la diversidad cultural.
La justicia también se mide en tiempo: cuando una sentencia tarda años, la espera puede convertirse en una forma de injusticia. La inteligencia artificial puede ayudar a reducirla sin sacrificar garantías.
La persistencia de los linchamientos en México evidencia cómo la impunidad, la desconfianza en las instituciones y la creciente tensión social alimentan la justicia por mano propia.