Tras la caída de Maduro, la gran pregunta no es solo cuándo volverán los venezolanos, sino si realmente existe un camino de retorno posible después de años de arraigo.
Al ceder la medalla del Nobel a Trump, Machado quiso acelerar la transición, pero terminó exhibiendo su mayor dilema: influencia internacional sin poder efectivo.
La captura de Maduro no abrió una transición democrática en Venezuela, sino un precedente inquietante: el de una soberanía intervenida sin consentimiento ni legalidad internacional.
La detención de Cilia Flores junto a Nicolás Maduro reaviva el debate sobre el poder real de las primeras damas en América Latina y expone cómo un rol sin controles formales puede convertirse en un actor político clave dentro de regímenes autoritarios.
La crisis venezolana expone no un nuevo orden mundial, sino la persistencia del viejo principio del poder del más fuerte, ahora reconfigurado en una disputa abierta por las áreas de influencia.
Cuando Nicolás Maduro desafió al mundo con un “¡vengan por mí!”, no imaginó que ese grito marcaría el principio del fin de su poder y abriría una transición incierta para Venezuela.