El hilo vinculante de la política

Existen fundamentos claros sobre la actual sintonía histórica entre las figuras políticas de Lula da Silva, Cristina Kirchner y Mauricio Macri. Tres figuras diferentes, aunque conectadas, y no sin paradojas, por un presente que nos premia con jugosas lecciones. De Lula da Silva ya se sabe que no podrá ser candidato a la Presidencia de la república de Brasil por el Partido de los Trabajadores (PT), debido a una decisión tomada por amplia mayoría (6 a 1) por los jueces del Tribunal Superior Electoral este 31 de agosto. Juzgado en segunda instancia por corrupción y lavado de dinero a 12 años y un mes de prisión, y cumpliendo pena en dependencias de la Policía Federal de Curitiba, fue impedido por la “ley de ‘Ficha Limpia” a hacer campaña y a presentarse a las próximas elecciones. Casos de la política.

Así, no menos complicada se encuentra la expresidenta argentina Cristina Kirchner.

Finalmente, el lunes 17 de septiembre, fue procesada con prisión preventiva por ser considerada la jefa de una organización criminal integrada por exfuncionarios y empresarios que movieron más de 100 millones de dólares en coimas. El caso de los “cuadernos de las coimas” revela supuestos sobornos a importantes empresarios para obtener contratos de obras públicas durante los gobiernos del matrimonio Kirchner, entre los años 2005 y 2015. Este detallado sistema de anotaciones de un exchofer, Oscar Centeno, muestra vínculos con los gobiernos kirchneristas, por lo que quedaron detenidos 13 exfuncionarios del gobierno y empresarios, y por el cual la expresidenta, y varios de sus colaboradores más cercanos, como Julio de Vido y Oscar Parrilli, y hasta un exjuez, Norberto Oyarbide, han sido llamados por la justicia para declarar. La expresidenta, quien considera que el escándalo se reduce a una tentativa de persecución política, goza de foro privilegiado como senadora, y de momento parece improbable su desafuero en el Congreso.

El caso de los “cuadernos de las coimas” recuerda bastante el deflagrado en Brasil con la llamada operación Lava Jato y los sobornos en torno a las constructoras Odebrecht y OAS. En ambas situaciones, políticos de diferentes partidos y funcionarios han sido condenados con prisión, y la institución del “delator premiado” ha sido central. Estos dos casos, sin embargo, parecen estar comunicados por un hilo. Y es que Julio de Vido, exministro de Planificación Federal de Argentina entre 2003 y 2015 habría recibido más de 20 millones de dólares de la poderosa Odebrecht a cambio de facilitarle el contrato por la extensión de las redes de servicio de gas del país.  

No fue como se esperaba y el ‘gradualismo’ reformista a que tanto aspiraba en sus medidas económicas se diluyó”

Mientras estos expresidentes continúan entretenidos en tramas que los mantienen atrapados a años pretéritos, Mauricio Macri viene perdiendo el sueño por excederse en su predicción del futuro. No fue como se esperaba y el “gradualismo” reformista a que tanto aspiraba en sus medidas económicas se diluyó. El peso se devaluó frente al dólar, la tasa de interés extrapolaría expectativas y el clima de conflictividad estructural, y del peronismo latente, se haría presente en menos de 24 horas. Todo, para lo que Macri no estaba preparado.

Argentina vivió durante más de diez años bajo la pesadilla del déficit fiscal, la inflación y el peso supervalorizado. A la pobreza (en torno a un 28,7%, según el Observatorio Social de la Universidad Católica en 2014) se le combatía con programas sociales financiados con déficit fiscal e inflación. El Gobierno manipulaba las tasas de interés para mantener el dólar desvalorizado, causando, con ello, restricciones a las importaciones y el propio acceso al dólar (generándose un mercado negro en torno a la divisa). En cuanto a la seguridad jurídica y a la corrupción, Argentina ocupaba el lugar 107 de 175 países en el ranking de Transparencia Internacional, y el índice de “riesgo país” era tres veces mayor que el de Perú. Déficit crónico de energía. “Fondos buitres”. Y conflictividad social en alta.

El mismo lunes 3 de septiembre que Cristina Kirchner declaró ante el Juzgado, el peso argentino se devaluó frente al dólar, lo que acarreó la más importante crisis política en el gobierno de Macri. Las medidas anunciadas al día siguiente fueron: reducir su gabinete a la mitad (una medida que indica, más que una marca de austeridad, una nueva dinámica de trabajo), reintroducir el impuesto a las exportaciones y retirar algunas subvenciones que todavía seguían. En pocas horas hizo lo que no había hecho en más de dos años de Gobierno. En su discurso pidió el apoyo de quienes menos sufren e hizo una arriesgada elección: soportar las críticas del sector exportador, en lugar de la avalancha de críticas en las calles. 

El gobierno de Macri siempre evitó hacer política. Pero la reforma en su gabinete marca la salida del “gobierno de los CEO”, lo que representa un notorio avance. Macri pensó que podía gobernar con tecnócratas sin corbata. Subestimó la polarización política y social, evitó los debates políticos más importantes y conversó poco con una oposición que estaba dispuesta al diálogo, en especial el peronismo no kirchnerista.

Ahora, sin embargo, Macri parecería estar dispuesto a entrar en el campo político. Hasta el momento, había evitado referirse a las andanzas judiciales de su antecesora. No obstante, en su discurso se refirió al “escándalo de los cuadernos” y su efecto en la imagen del país en el exterior. Pero mientras la expresidenta deambula, cada tanto, por los pasillos de juzgados, la inflación avanza y el dólar se dispara. Macri no puede ignorar que cada uno de sus pasos lleva la impronta de los de su antecesora. Un hilo los mantiene conectados, el mismo que Odebrecht, Lula da Silva y Julio de Vido mantiene con Cristina Kirchner. Todos vinculados, y separados.       

Nuestra Newsletter

PHP Code Snippets Powered By : XYZScripts.com