El fracaso de Petro no se explica solo por la derrota electoral, sino por un gobierno marcado por la soberbia, la inestabilidad y la incapacidad de convertir sus grandes promesas en políticas públicas duraderas.
Del narcisismo presidencial a la sacralización del poder, líderes contemporáneos mezclan política y religión en una peligrosa escenificación que tensiona las democracias.
La detención de Cilia Flores junto a Nicolás Maduro reaviva el debate sobre el poder real de las primeras damas en América Latina y expone cómo un rol sin controles formales puede convertirse en un actor político clave dentro de regímenes autoritarios.
En la política contemporánea, la calidad individual de quienes ejercen la presidencia parece pesar cada vez menos, desplazada por el poder creciente de asesores que moldean el rumbo de los gobiernos.