Una región, todas las voces

L21

|

|

 

Gestos, actitudes, palabras y actos ejemplarizantes nefastos

La política hoy premia el show: mentiras, insultos y abusos de poder que se vuelven contagiosos y destruyen la confianza democrática.

Los tiempos que corren asumen una peculiar teatralización de la política. Si el ejercicio del poder siempre tuvo una fuerte dosis de escenificación del conflicto a través de diferentes mecanismos, hoy esto no puede ser diferente aunque las cosas se vean distintas. La mentira, el insulto, la deslealtad institucional, la ausencia de límites, el juego grotesco, el delirio, han conjugado habitualmente el panorama sin que no dejaran de estar también presentes las actitudes positivas que suponen sus facetas opuestas. Un contrapunto a menudo vigente. No obstante, es bien sabido que la visión negativa parece terminar siendo la predominante.

Los últimos tiempos han definido un marco de situaciones enfrentadas cuyo carácter ejemplarizante, cuando se correlacionaban con la actitud del público, ha sido evidente. Predicar con el ejemplo ha constituido un mantra muchas veces reivindicado y en pocas ocasiones seguido.

En la medida en que las formas de comunicación en tiempos de la gran revolución digital se trastocaron, la relación establecida por Niklas Luhmann entre continente y contenido se vio asimismo afectada. Los actores tienen hoy mecanismos de aproximación a las masas que son autónomos, inmediatos, directos y de alcance universal. Por su parte, como nunca, la gente consume vorazmente noticias segmentadas de duración mínima sin validar su origen ni contrastar el relato. El efecto es perverso y deforma cualquier tipo de orden político establecido. La superposición de todo ello establece un marco referencial donde lo exhibido cimenta gran parte de las pautas por las que camina la política.

Los ejemplos se acumulan y su digestión es ardua.

En diciembre, el vicepresidente de Bolivia Edmand Lara, elegido en un binomio liderado por Rodrigo Paz, se declaró “oposición constructiva” al Gobierno. Su discurso es un claro caso de deslealtad constitucional que se suma a una caprichosa forma de actuación según la cual sus intereses están por encima del obligado respeto disciplinar a la fórmula, indisoluble, votada mayoritariamente por la ciudadanía.

Nayib Bukele inauguró un nuevo proyecto de construcción de una prisión de máxima seguridad en Costa Rica, a menos de tres semanas de las elecciones presidenciales de este país donde el aumento de los delitos violentos relacionados con el narcotráfico han sido una preocupación central para el electorado. El gobierno salvadoreño brinda apoyo técnico al proyecto penitenciario basado en su modelo CECOT (Centro de Confinamiento del Terrorismo) mientras el gobierno de Rodrigo Chaves afirma que el nuevo Centro de Alta Contención del Crimen Organizado (CACCO), ubicado en un complejo penitenciario en San Rafael de Alajuela, a 18 kilómetros de San José, tendrá un costo de 35 millones de dólares con capacidad para albergar a 5.100 reclusos. El discurso hegemónico del miedo y de la supuesta eficacia autoritaria se impone gracias a una campaña de comunicación magistralmente elaborada.

Donald Trump, quien en una rueda de prensa acababa de ridiculizar a su par francés con una burda imitación de su acento, sentenció sin temblarle la voz ante la pregunta del periodista del New York Times acerca de los contrapesos del poder: “Mi único límite es mi moralidad”. Algo que, según ese criterio, avala todo tipo de tropelía y arroja a la basura la reivindicación de Max Weber de conjugar la ética de la convicción de uno -según la visión kantiana hasta hoy asumida por buena parte de la humanidad- con la ética de la responsabilidad.

Jerome Powell, portador de la visión weberiana y presidente de la Reserva Federal, sufre en persona el acoso presidencial gratuito por supuestos sobrecostes de la reforma de la sede de la institución. Powell ha esgrimido de forma rotunda que “lo público debe prevalecer sobre la arbitrariedad del presidente”. Un sólido argumento hoy vituperado.

Antes de la agresión del 3 de enero, que culminó con el secuestro de Nicolás Maduro y de su esposa, y de la muerte de unas cien personas, el pasado septiembre el Pentágono utilizó una aeronave secreta pintada para simular un avión civil en su primer ataque contra un barco que, según la administración estadounidense, transportaba drogas matando a 11 personas, según informa el New York Times. La aeronave también llevaba sus municiones dentro del fuselaje, en lugar de estar visiblemente bajo las alas, lo que constituye no un acto cualquiera sino un crimen de guerra llamado «perfidia». Al menos cien personas más perdieron la vida en los meses siguientes

Una encuesta publicada por The Economist el 13 de enero señalaba que los venezolanos también están descontentos con la asunción como presidenta encargada de Delcy Rodríguez a quien Trump respalda abiertamente, al menos por ahora. Una opinión pública que ella desprecia como puso de manifiesto en su discurso del 15 de enero a la Nación ante la Asamblea Nacional.

Mientras que el 13% tiene una opinión favorable de Rodríguez solo un 10% está de acuerdo, incluso parcialmente, con que debería completar el mandato de Maduro (basado en unas elecciones fraudulentas) hasta 2031. 30 puntos porcentuales por detrás de María Corina Machado a quien Trump niega su apoyo en el futuro político venezolano y que, a pesar de ello, Machado no se arrienda y protagoniza una actuación vergonzante al regalarle su galardón en una ceremonia esperpéntica que debe caer en el olvido cuanto antes. Poco después, el primer ministro noruego Jonas Gahr Støre confirmó que el 18 de enero recibió un mensaje de Donald Trump en el que este reclamaba «el control total y absoluto de Groenlandia» porque «Noruega ha decidido no concederme el Premio Nobel de la Paz por haber puesto fin a ocho guerras».

Que Machado, ninguneada poco antes por el propio Trump, se sumara al sainete constituye otro jalón en la secuela de gestos, actitudes, palabras y actos cuyo carácter ejemplarizante resulta nefasto. Este serial engrosa la lista de factores que gestan la desconfianza rampante por doquier que pavimenta el nuevo orden de vasallaje que se quiere establecer. Sin embargo, las palabras de Mark Carney, primer ministro canadiense, en Davos el 20 de enero contrarrestan el desaliento al encabezar la oposición moral y política al trumpismo.

Autor

Otros artículos del autor

Director de CIEPS - Centro Internacional de Estudios Políticos y Sociales, AIP-Panama. Profesor Emerito en la Universidad de Salamanca y UPB (Medellín). Últimos libros: "El oficio de político" (Tecnos Madrid, 2020) y "Huellas de la democracia fatigada" (Océano Atlántico Editores, 2024).

spot_img

Artículos relacionados

¿Quieres colaborar con L21?

Creemos en el libre flujo de información

Republique nuestros artículos libremente, en impreso o digital, bajo la licencia Creative Commons.

Etiquetado en:

COMPARTÍR
ESTE ARTÍCULO

Más artículos relacionados