Obrador y los liderazgos del progresismo latinoamericano

El triunfo de Andrés Manuel López Obrador en 2018 fue un respiro para la izquierda en América Latina, su victoria venía a llenar el vacío que habían dejado los liderazgos del progresismo latinoamericano. Sin embargo, el presidente mexicano dedicó los primeros tres años de su administración, casi de forma exclusiva, a la política interior y no fue hasta mediados del presente año que decidió dar un paso al frente en la región.

Desde la campaña electoral de 2006, en México se ha intentado vincular a López Obrador con el socialismo del siglo XXI. Pero creo que no existe cercanía con los gobiernos de la marea rosa; es más, el mismo Obrador toma distancia de los liderazgos de la izquierda latinoamericana y solamente reconoce a Fidel Castro.

Críticas a los liderazgos progresistas

En su último libro, A la mitad del camino, publicado en septiembre del 2021, el titular del ejecutivo mexicano aborda la polémica relación bilateral con Donald Trump y la misión que rescató al ex presidente Evo Morales. En este apartado del segundo capítulo, El respeto al derecho ajeno es la paz, López Obrador realiza algunas críticas a los liderazgos progresistas.

Entre otras cosas reconoce al gobierno de Evo Morales, pero indica que los dirigentes del “Movimiento al Socialismo (MAS) cometieron errores, pues no debieron insistir tantas veces en la reelección; un dirigente no debe, en ninguna circunstancia profesar demasiado apego al poder”. Y a diferencia de lo sucedido en Bolivia, Obrador subraya que la política exterior mexicana “no está motivada por ideologías sino por los principios de justicia, igualdad, libertad, democracia, soberanía y fraternidad”.

AMLO deja entrever en el libro, además, cierto resentimiento hacia algunos líderes latinoamericanos de izquierda de aquella época. Señala que, “cuando fuimos oposición en México, la actitud de Evo, como la de casi todos los gobernantes de izquierda en América Latina no fue precisamente cercana”. López Obrador recuerda el distanciamiento y que cuando visitaban los diferentes países “ni siquiera nos dedicaran una llamada telefónica, y cosas más desagradables y de fondo. En el trato de entonces hacia nosotros solo se distinguió por su apoyo solidario el comandante Fidel Castro Ruz”.

En su relato López Obrador considera a Fidel como un “gigante de la región”. En contraste, no le dedica ni una sola palabra a Lula, Mujica, Chávez, Correa o a los Kirchner. Es frío, indiferente y distante con el progresismo latinoamericano. Ideológicamente, el presidente de México es lejano a la revolución bolivariana, sus referentes son Benito Juárez y Lázaro Cárdenas por lo que podemos ubicarlo más cercano al nacionalismo/revolucionario del Partido Revolucionario Institucional, donde tuvo su primera formación política.

El presidente mexicano no ha visitado a ningún presidente de América Latina. Pragmáticamente los recibe en Palacio Nacional o los invita a un acto de conmemoración, desde Luis Arce de Bolivia a Guillermo Lasso de Ecuador, justificándose en los principios constitucionales de la política exterior mexicana.

Por otro lado, para la celebración del bicentenario de la independencia de México fue invitado como orador el jefe del Estado cubano, lo que provocó críticas de la prensa y de la ciudadanía por el acercamiento innecesario con un régimen autoritario. Una cosa es albergar a todos los mandatarios de la región en una cumbre y otra muy distinta es darle protagonismo a Miguel Díaz-Canel, lo cual se entendió como un respaldo público al régimen cubano.

El reposicionamiento de México en la región

Los recientes acercamientos de México con los liderazgos latinoamericanos han sido por conducto del canciller Marcelo Ebrard. En esta nueva etapa, el gobierno mexicano intenta construir un nuevo eje que vaya desde Tierra de Fuego al Río Bravo, promovido por la sintonía que existe entre Alberto Fernández de Argentina y López Obrador. En este marco, entre ambos países impulsan la distribución de vacunas gratuitas contra el COVID-19.

Ebrard ha reactivado la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) como alternativa a la Organización de los Estados Americanos (OEA), y precisamente en la última cumbre López Obrador intentó tomar el liderazgo de América Latina con resultados contrastantes.

La segunda etapa de la administración de Obrador es una incógnita. Aún es difícil leer si de verdad busca consolidarse como un líder latinoamericano o si le cederá el espacio a otro mandatario. En este sentido, el próximo ciclo electoral también pueden llega a influir ya que para el 2022 se pueden sumar nuevos liderazgos de izquierda en Chile, Colombia y Brasil, comenzando otro ciclo progresista en América Latina.

Como conclusión, podemos señalar que el presidente de México claramente se distanció de los liderazgos de izquierda de la marea rosa y que en esta nueva etapa es incierta su intención de encabezar la región. La duda es si de verdad tiene vocación latinoamericanista o si su objetivo es buscar réditos en la política interior mexicana.

Foto de la Casa Rosada, Argentina


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