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¿Qué propusieron los representantes de América Latina en la Asamblea General de la ONU?

Crimen organizado, reforma de la ONU e inteligencia artificial marcaron los principales planteamientos de América Latina ante la Asamblea General de Naciones Unidas.

Del 22 al 28 de septiembre, representantes de 193 Estados, entre ellos 20 países latinoamericanos, ocuparon sus asientos en la sede de las Naciones Unidas para llevar ante la comunidad internacional sus perspectivas sobre el rumbo del mundo, exponer las principales preocupaciones y prioridades de sus naciones, y compartir tanto sus logros como sus desafíos. Las diferentes intervenciones permitieron entrever, casi como un espejo, las posturas ideológicas, personalidades y actitudes de quienes gobiernan hoy América Latina. De hecho, los discursos son útiles para ponerse al día, aunque sea mediante un vistazo, del mapa político actual de la región.

Quizá uno de los aspectos más llamativos de la Asamblea fue la presencia de Delcy Rodríguez como presidenta encargada de Venezuela tras la captura de Nicolás Maduro por Estados Unidos en enero. Pero más allá de su presencia, quizá lo más inesperado fueron las palabras que llevó ante la Asamblea General: “Venezuela ha iniciado un proceso de transición democrática para garantizar su renacimiento”. Que esas palabras fueran pronunciadas por una representante del Gobierno venezolano ante la comunidad internacional, independientemente de que lleguen o no a materializarse, era, hasta hace muy poco, inimaginable.

El crimen organizado, la necesidad de reformar la ONU y recuperar su credibilidad, y los desafíos del avance a pasos agigantados de la inteligencia artificial, fueron los temas que recibieron mayor atención en la Asamblea.

El crimen organizado como problema central de la región

El crimen organizado fue el tema más compartido entre los mandatarios latinoamericanos: 18 de los 20 países lo mencionaron, salvo Argentina y Cuba. La idea más recurrente fue que ningún Estado puede enfrentarlo por sí solo y la necesidad de una mayor cooperación multilateral y de propuestas concretas. Se habló, por ejemplo, de crear mecanismos para rastrear y congelar flujos ilícitos de dinero y de plataformas interconectadas para intercambiar información clave sobre estas organizaciones.

Las diferencias surgieron al definir cómo debía articularse esa cooperación: mientras Brasil, Ecuador y México hicieron énfasis en que debía respetar la soberanía de los Estados, Perú, Bolivia y Honduras apostaron por un mayor alineamiento hemisférico. Por eso, aunque se puede decir con certeza que hubo un amplio consenso sobre la necesidad de planear respuestas coordinadas frente al crimen organizado, los discursos muestran distintas concepciones sobre el alcance y los límites de dicha cooperación multilateral.

Qué hacer con la ONU

La necesidad de reformar la ONU y hacerla más eficiente fue otro de los temas más discutidos entre los mandatarios latinoamericanos. Varios oradores cuestionaron el exceso de burocracia, la lentitud de sus mecanismos y la falta de resultados concretos, lo que se tradujo en propuestas como reducir duplicidades y concentrar los recursos en áreas prioritarias, reformar el Consejo de Seguridad, limitar el poder de veto, mejorar la capacidad de prevención y mediación y dar mayor representación a América Latina.

Sin embargo, al igual que con el tema del crimen organizado, detrás de este consenso sobre la necesidad de reformar y mejorar la organización hay amplias diferencias sobre el alcance que debería tener esa transformación: mientras la mayoría apuesta por una ONU más ágil, eficaz y representativa, Argentina, Colombia y, en algunos aspectos, Chile, plantean la necesidad de reducir o limitar determinadas agendas y/o funciones de la ONU.

La Inteligencia Artificial

El avance acelerado de la inteligencia artificial fue el tercer gran tema compartido entre los mandatarios latinoamericanos. Como era de esperar, las posiciones fueron diversas. Mientras Brasil advirtió que “sería una omisión histórica imperdonable” no regular a las big tech y a la inteligencia artificial, Argentina sostuvo que el país se ubicará “en la vanguardia de la libertad”, rechazando la regulación preventiva.

Entre ambos extremos, Chile y Paraguay plantearon impulsar su desarrollo sin frenar la innovación, pero con responsabilidad y supervisión. Así, la inteligencia artificial se presentó no solo como una oportunidad, sino como un desafío que obliga a responder preguntas cada vez más urgentes: ¿hasta dónde queremos llegar? ¿quiénes deben asumir la responsabilidad de regular? ¿qué consecuencias estamos dispuestos a asumir en nombre del progreso tecnológico?

Entre tantas diferencias, quedó una expectativa común: menos lemas y declaraciones, y más acciones, resultados concretos y compromiso. El presidente de Panamá, José Raúl Mulino, resumió bien esta idea, que resonó con fuerza a lo largo de la Asamblea General: “el mundo no necesita menos Naciones Unidas, necesita una Organización de las Naciones Unidas que funcione mejor”.

Ahora queda por ver cuánto de lo dicho en Nueva York este 2026 se convierte en realidad y si los Estados y las Naciones Unidas están a la altura de los desafíos que ellos mismos reconocen.

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Cientista política de la Loyola University de Chicago, Investigadora del CIEPS – Centro Internacional de Estudios Políticos y Sociales AIP Panamá.

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