Tras el covid, varios futuros posibles

A un año de la emergencia sanitaria y el inicio de las medidas restrictivas, las especulaciones sobre el futuro pós-covid empiezan a dibujarse. ¿Qué nos espera para cuando pase la pandemia? Sociedades que consiguieron neutralizar la dispersión masiva del virus como Nueva Zelandia y Australia o que rápidamente implementaron un proceso vacunador de sus ciudadanos como Israel surgen como espejos optimistas. Estadios de rugby repletos de fans sin máscara como en Oceanía o destinos turísticos emblemáticos como Jerusalem ensayando su apertura a los visitantes se convierten en retratos de lo que –en teoría– sería posible anticipar una vez superada la pandemia.

La combinación de eventos con aglomeraciones, movilidad sin límites y reactivación económica parecen indicar un retorno a la vieja normalidad. ¿Nos espera volver al pasado? ¿O veremos perpetuarse los cambios vividos durante la pandemia afectando cómo y cuánto trabajamos, nos educamos, nos divertimos, nos alimentamos y socializamos?

Estas son las preguntas que animan el libro Sustainable Lifestyles after Covid, recién lanzado por el sello Routledge de la editora Taylor&Francis. A lo largo de sus 152 páginas, este estudio publicado en coautoría por un grupo de expertos sobre desarrollo sostenible diseca las tendencias de largo plazo disparadas por las políticas de combate al covid-19 en el plano del comportamiento social. El libro aborda la tensión entre el regreso a la habitualidad pre-covid versus la emergencia de un “nuevo normal” y bosqueja cuatro escenarios sobre cómo viviremos el futuro.

Elaborar escenarios pós-crisis reintroduce un sentido de orden, anticipando trayectorias y repertorios y reduciendo las angustias de líderes, organizaciones y ciudadanos sobre lo que vendrá. Escenarios son historias sobre cómo será el futuro, narrativas especulativas sobre cómo las personas vivirán sus vidas, tras el impacto del covid. En la medida en que el consumo y la sociabilidad fueron las dimensiones que más radicalmente mudaron en volumen, formato y hasta en sus objetivos, ellas constituyen la base para generar escenarios.

Un consumo fuertemente restringido sugiere dos posibles respuestas de los individuos: abrazar un comportamiento vengativo que busca compensar los sentimientos y experiencia de consumo reprimido y gratificación postergada o, por el contrario, valorizar la vida más frugal, auto-suficiente y menos materialista heredada del lockdown. Privilegio de quien no perdió ingresos con la pandemia, la primera reacción supone el regreso al consumo conspicuo y acumulador de bienes –el “viejo normal”.

Para muchos gobiernos es la apuesta para ganarle a la crisis, incentivando las compras, el familiar “business as usual”. Un futuro que entusiasma a muchos en el corto-plazo pero se chocacon la agenda venidera de mitigación del cambio climático,lo cual exige la reducción y desmaterialización de nuestros consumosy la reversión de los niveles de producción de basura y extracción de recursos naturales.

Las relaciones socialestambién fueron dramáticamente atravesadas por la escasez, volviéndose así más valiosas y deseadas. Dos respuestas son posibles: la inmersión en encuentros sociales presenciales buscando revertir la experiencia de privación afectiva y de pertenencia social o, por el contrario, el acostumbramiento a a la conexión remota donde los beneficios de privacidad, seguridad y confort pesan más que el costo de la soledad. La segunda ilustra la “internalización de la virtualidad”. Seguir una u otra situación dependerá menos de la clase social y más de los cortes generacionales.

Entrecruzando esas cuatro respuestas posibles emergen los cuatro escenarios. Quienes reaccionen con un consumo vengativo y la inmersión social compondrán la base de la “vieja normalidad”. Ellos se regirán por los incentivos o mediaciones materiales en sus relaciones afectivas como de diversión, valorizando el status y la conveniencia, asociando bienestar con el consumo tangible de servicios y productos. Este subgrupo es partidario del trabajo y la educación en los moldes convencionalesy serán filosóficamenteopuestos a nuevas cuarentenas.

Quienes combinan orientaciones de consumo vengativo y virtualidad internalizada constituirán los “materialistas virtuales”. Serán apoyadores del control social, dependientes de compras online y el delivery, desatentos a un bienestar anclado en la salud física y alimenticia, reacios a la movilidad fuera de casa para trabajar, aprender o divertirse. Se caracterizarán por ser ávidos consumidores de noticias e Internet y con escaso equilibrio entre vida familiar y profesional.

El tercer escenario surge de la confluencia de quienes aspiran a una inmersión social pero encaran el consumo desde la frugalidad pós-material. Son los “simplificadores gregarios” que resisten tanto al teletrabajo como a la educación online, asocian entretenimiento y bienestar al contacto con la naturaleza, vida familiar y formas offline de interacción e integración, rechazan el status y apuntan a la autorrealización intelectual, sensorial o social participando de iniciativas de voluntariado y favoreciendo el comercio local. Adoptan mecanismos de consumo colaborativo y economía circular, minimizando su huella ambiental.

El último escenario es compuesto por los “rebeldes online”, quienes asimilaron la vida social mediatizada por computadores o aplicativos pero a partir de una postura frugal en su rol como consumidores.Activos políticamente en las redes, entienden la esfera online en términos de resistencia y cooperación entre pares, sus distracciones como también su educación y trabajo ocurren remotamente via internet.

Esos cuatro escenarios ejemplifican los diferentes perfiles emergentes con la pandemia y de qué manera se vincularán con las tareas del cotidiano y con la próxima agenda centrada en la preocupación con el cambio climático. Encarnan tanto novedades como versiones intensificadas de antiguas tendencias;para todos ellos, el futuro pós-covid supone un rompecabezas con final abierto, plural y desafiador.


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*Texto publicado originalmente en diario Clarín, Argentina

Foto de Jorge Díaz

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