L21

|

|

 

Javier Milei en Brasil y la nueva derecha latinoamericana

La visita de Milei a Brasil expuso la creciente coordinación de las nuevas derechas latinoamericanas y convirtió las elecciones brasileñas en una disputa clave por el rumbo político de la región.

La visita de Javier Milei a São Paulo, el pasado 25 de julio, para respaldar la candidatura presidencial de Flávio Bolsonaro contribuyó a desencadenar una nueva crisis diplomática entre Brasil y Argentina. Pero el episodio representa algo más amplio: la creciente articulación de las derechas latinoamericanas y la disputa por el rumbo político de la región.

Durante la convención del Partido Liberal (PL), Milei atacó directamente al presidente Lula, a quien calificó de “ladrón” y “socialista”, y también arremetió contra el juez de la Corte Suprema Alexandre de Moraes. Al mismo tiempo, presentó a Flávio Bolsonaro como la alternativa capaz de “parar” al socialismo. La intervención mostró hasta qué punto las disputas de las nuevas derechas latinoamericanas atraviesan las fronteras nacionales.

El episodio forma parte de un ciclo político que está modificando el equilibrio regional. En los últimos años, la derecha avanzó en Argentina, Bolivia, Chile, Ecuador y Paraguay, y en 2026 sumó las victorias de Keiko Fujimori en Perú y Abelardo de la Espriella en Colombia. Brasil se prepara ahora para una de las elecciones más importantes del año, que se celebrará en octubre. Este desplazamiento muestra que la derecha ha ganado terreno en buena parte de América del Sur, aunque sus gobiernos y proyectos políticos respondan a tradiciones y agendas diferentes.

No se trata, sin embargo, de una simple repetición de la “ola conservadora” de décadas anteriores. El propio campo de la derecha está cambiando. Partidos tradicionales incorporan discursos de seguridad, reducción del Estado y confrontación cultural, mientras movimientos más radicales buscan convertirse en fuerzas de gobierno. La frontera entre la derecha tradicional, la derecha conservadora y la extrema derecha se vuelve cada vez más difícil de establecer.

La inseguridad y el deterioro de las condiciones económicas desempeñan un papel central en este proceso. Las promesas de “mano dura” frente al crimen se combinan con un discurso que responsabiliza a las élites políticas tradicionales por la crisis. La experiencia de Nayib Bukele en El Salvador y el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca ofrecen referencias para estas nuevas derechas, que encuentran en la seguridad, la confrontación cultural y el rechazo a la izquierda instrumentos de movilización electoral.

Brasil es ahora uno de los principales escenarios de esta disputa. Las encuestas más recientes mantienen a Lula al frente, pero muestran una competencia estrecha con Flávio Bolsonaro. La investigación BTG/Nexus divulgada el 17 de agosto registra 41% para Lula y 36% para Flávio en el primer turno. En un eventual segundo turno, Lula obtiene 47% y Flávio 44%. La encuesta de Quaest también indicaba un escenario ajustado, con 43% para Lula y 40% para Flávio en el segundo turno.

Pero la disputa no se limita a los dos principales candidatos. Ronaldo Caiado, Romeu Zema y Renan Santos también buscan ocupar el espacio conservador, aunque todavía aparecen con porcentajes menores en las encuestas. Su presencia revela una disputa dentro de la propia derecha por definir quién será capaz de representar a este electorado y, eventualmente, superar el liderazgo político construido por Jair Bolsonaro.

La dimensión estadounidense es fundamental para comprender este escenario. El gobierno de Donald Trump dejó de ser una referencia ideológica distante para convertirse en un actor con capacidad concreta de intervenir en los conflictos políticos latinoamericanos. La presión comercial sobre Brasil, las críticas a instituciones brasileñas y el respaldo político a sectores bolsonaristas, vinculados al expresidente Jair Bolsonaro, condenado por intento de golpe de Estado, colocan nuevamente a Washington en el centro de las disputas sobre la orientación política de la región.

Aquí aparece una contradicción central. Mientras las nuevas derechas latinoamericanas utilizan el lenguaje de la soberanía nacional, muchas buscan simultáneamente una relación privilegiada con Washington y aceptan instrumentos externos de presión contra gobiernos adversarios. La soberanía parece convertirse en un principio selectivo: se invoca frente a la izquierda, pero se relativiza cuando la presión proviene de Estados Unidos y favorece al propio campo político.

Brasil es un caso particularmente evidente. Flávio Bolsonaro ha buscado estrechar sus vínculos con Trump y presentar su candidatura como parte de una alianza política internacional más amplia. Sectores del bolsonarismo, además, han celebrado las medidas adoptadas por Washington contra Brasil. La tensión entre el nacionalismo reivindicado por el bolsonarismo y su disposición a aceptar la presión de una potencia extranjera constituye una de las principales contradicciones de este proyecto político.

Para Lula, esta situación abre un espacio electoral. Frente a la presión de Washington y los ataques de Milei, el presidente brasileño ha reforzado un discurso centrado en la defensa de la soberanía y de la autonomía nacional. Mientras Flávio combina un discurso nacionalista con una estrecha aproximación a Trump, Lula busca presentar la presión externa como una amenaza a los intereses brasileños y contraponerle una política de mayor autonomía internacional.

La confrontación también tiene costos para ambos países. Brasil y Argentina poseen una relación económica y estratégica que excede las preferencias ideológicas de sus gobiernos. Comercio, inversiones, cadenas productivas, energía y el Mercosur dependen de un vínculo relativamente estable. La estrategia de confrontación de Milei puede fortalecer su posición dentro de la derecha regional, pero deteriora una relación fundamental para la economía argentina y para la integración sudamericana.

Esta conexión entre política doméstica y política exterior es uno de los rasgos centrales de la nueva derecha regional. Las disputas electorales ya no se desarrollan exclusivamente dentro de las fronteras nacionales: los liderazgos intercambian apoyos, discursos y estrategias, mientras actores externos como Estados Unidos adquieren un papel cada vez más visible en la configuración de alianzas políticas.

Por eso, la elección brasileña será más que una disputa presidencial. Será una prueba sobre la capacidad de la nueva derecha latinoamericana para transformar su crecimiento electoral en una hegemonía regional y, al mismo tiempo, sobre quién conseguirá liderar el campo conservador brasileño. Después de las victorias de la derecha en Perú y Colombia, Brasil se convierte en uno de los principales territorios en disputa entre dos proyectos distintos para el futuro político de la región.

El resultado mostrará si esta transformación consigue consolidarse o si Lula todavía puede representar un límite a la nueva configuración política regional. En octubre, Brasil no solamente elegirá un presidente: también estará en juego el equilibrio político de América Latina y el tipo de relación que la región establecerá con Estados Unidos.

Autor

Licenciado en Ciencias y Humanidades y licenciado en Relaciones Internacionales y Economía por la Universidad Federal del ABC (UFABC) e investigador del Observatorio de Política Exterior e Inserción Internacional de Brasil (OPEB).

spot_img

Artículos relacionados

¿Quieres colaborar con L21?

Creemos en el libre flujo de información

Republique nuestros artículos libremente, en impreso o digital, bajo la licencia Creative Commons.

Etiquetado en:

Etiquetado en:

COMPARTÍR
ESTE ARTÍCULO

Más artículos relacionados