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Cobre, litio y becas: la estrategia silenciosa de Pekín en la región

La influencia de China en América Latina va más allá de las materias primas: también se extiende, de forma menos visible, a las universidades y las becas.

Cuando pensamos en la presencia de China en América Latina, lo primero que se nos viene a la cabeza son barcos cargados de soja, puertos gigantescos o inversiones en litio y cobre. Sin embargo, detrás del intercambio comercial se esconde una ruta mucho más sutil y silenciosa: una progresión paso a paso que comienza en los yacimientos de materias primas y termina, con el tiempo, permeando los pasillos de las universidades y la academia.

Los datos del China Index -una herramienta que mide la influencia de Pekín en nueve dimensiones distintas que van desde la economía y la tecnología hasta los medios, la sociedad y la política exterior, elaborado por Doublethink Lab- nos permiten ver este fenómeno con números concretos.

Primero, el anclaje material

Lejos de ser un desembarco ideológico espontáneo, la estrategia china sigue un orden muy metódico. Todo empieza en el terreno económico y tecnológico. Los números del China Index demuestran que Brasil lidera con comodidad el subcomponente tecnológico con un contundente 79.5%, respaldado por una fuerte penetración económica de 60.0 en minerales críticos y agronegocios. Este dato lo que nos dice es que el nivel de exposición, penetración y vínculos activos medibles de Brasil con China en ese sector alcanza casi el 80% del total de variables de influencia mapeadas por el índice. Por su parte, Perú (54.5 en economía y 52.3 en tecnología) y Chile (45.5 y 56.8) muestran una simbiosis perfecta impulsada por la minería del cobre y el litio. En la misma línea, Argentina destaca con un 65.0 en tecnología y espacio, muy atada a sus reservas de litio y proyectos energéticos.

Las estadísticas regionales confirman que el comercio y el financiamiento de infraestructura actúan como la plataforma estructural que luego tracciona vínculos hacia otras áreas más complejas.

La sorpresa en los pizarrones

Lo interesante ocurre al cruzar esa musculatura económica con el subcomponente académico. Uno podría pensar que los países con mayor despliegue comercial son los únicos focos de influencia educativa, pero los datos revelan curiosas asimetrías.

Países como Uruguay y El Salvador muestran una divergencia llamativa: aunque su puntaje en el China Index global es moderado o bajo (28.8 y 11.4, respectivamente, estos datos corresponden exactamente a los puntajes globales del China Index, reflejando el porcentaje de influencia general recopilado para cada país de América Latina), sus registros en el subcomponente académico se elevan de manera desproporcionada, superando los 45.2 puntos en el caso uruguayo. Esto demuestra que, incluso sin una presencia comercial masiva, los canales de cooperación universitaria, becas e intercambio educativo de Pekín operan a pleno rendimiento. En el otro extremo, Chile concentra la mayor exposición dual de la muestra, liderando tanto el índice global (57.1) como el plano académico (61.4).

Un claro ejemplo de esta dinámica se refleja en los recientes debates regionales impulsados por centros de análisis como la Fundación Andrés Bello, que advierten sobre los riesgos de alinear agendas académicas locales a través de la dependencia financiera. Frente a restricciones presupuestarias crónicas en las universidades públicas latinoamericanas, los convenios de cooperación, la multiplicación de cátedras y la expansión de los Institutos Confucio operan como herramientas de sharp power. Bajo la apariencia de un intercambio cultural inofensivo, se institucionaliza una censura preventiva que veta el debate sobre Tíbet, Taiwán, Xinjiang o la represión a los disidentes, comprando silencios cómplices en la academia local.

A esto se suma la agresiva oferta de becas del programa Chinese Bridge y las capacitaciones para jóvenes líderes y funcionarios. El objetivo no es el progreso científico recíproco, sino construir una red de terminales ideológicas y simpatías interesadas dentro de las futuras élites dirigentes de América Latina, normalizando los métodos de un capitalismo de Estado autocrático.

¿Más influencia o más transparencia?

Los resultados son contraintuitivos: los datos nos dejan una última gran enseñanza metodológica para no caer en espejismos. Las democracias abiertas y transparentes de nuestra región (como Chile, Argentina o Uruguay) aparecen en la cima de la influencia visible simplemente porque sus sistemas permiten auditar, investigar y documentar cada convenio a la luz del día. En la vereda de enfrente, los regímenes cerrados de la región quedan artificialmente invisibilizados por el hermetismo y la falta de información pública. Las variaciones observadas en los índices de influencia no reflejan únicamente niveles dispares de presión geopolítica, sino la capacidad que tienen las sociedades abiertas y transparentes para auditar y documentar dichos flujos, en contraste con el hermetismo informativo de los regímenes autocráticos cerrados de la región.

El desafío para América Latina, por lo tanto, no pasa por levantar murallas proteccionistas frente al mundo, sino por fortalecer sus propios anticuerpos institucionales. Porque cuando la opacidad de los acuerdos externos choca con la debilidad de los controles internos, el riesgo se traduce en la erosión silenciosa de la libertad académica.

Autor

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Directora de la Licenciatura en Ciencia Politica de la Universidad del CEMA, Argentina. Doctora en Ciencia Política de la Universidad de Cádiz, UCA. Postdoctorado en política latinoamericana, IBEI Instituto Barcelona de Estudios Internacionales.

 

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