La Amazonía enfrenta una crisis de despojo, violencia y debilitamiento democrático que pone a prueba la eficacia del Acuerdo de Escazú y la protección de quienes defienden el territorio.
El capitalismo verde se ofrece como salida a la crisis climática, pero corre el riesgo de reciclar, con otro lenguaje, las mismas desigualdades y dependencias de siempre.
En la era de la emergencia climática, la ayuda estatal ya no se reparte según el daño, sino según quién sufre, revelando cómo prejuicios políticos y raciales deciden quién merece ser auxiliado.
Entre promesas incumplidas y el peso del lobby fósil, la COP30 volvió a mostrar la distancia entre la urgencia climática y la voluntad política de dejar atrás el petróleo.
Celebrada en la Amazonía, la COP30 puso en el centro del debate climático una pregunta clave y postergada: la desigualdad en el acceso a la información como factor que profundiza la vulnerabilidad de las comunidades más afectadas por la crisis climática.