Ante la fragmentación de la financiación global, los países en desarrollo buscan crear canales alternativos que aseguren el flujo de capital. Pero esta redundancia financiera también plantea riesgos: mayor endeudamiento, sobrecarga administrativa y una persistente dependencia de las principales monedas de reserva.
Con un crecimiento débil y una alta dependencia de factores externos, América Latina enfrenta el reto de redefinir su modelo productivo en un escenario global cada vez más incierto.
América Latina progresa en múltiples frentes, pero la falta de articulación entre avances económicos, sociales e institucionales impide convertirlos en bienestar sostenido.
Mientras las remesas baten récords y alivian las economías de muchos países de la región, millones de hogares latinoamericanos se reconfiguran en torno a una ausencia que deja huellas sociales, educativas y emocionales.