El auge de discursos misóginos que cuestionan el sufragio femenino refleja una peligrosa radicalización que amenaza los principios básicos de la democracia.
Aunque el feminismo acumula avances legales en la región, el auge de resistencias políticas y culturales pone en duda su traducción efectiva en la vida cotidiana de las mujeres.
En América Latina, los avances formales en igualdad de género conviven con una violencia persistente que sigue limitando la autonomía, la seguridad y la vida cotidiana de millones de mujeres.
Aunque se registran progresos claros en distintos ámbitos, persisten brechas estructurales y percepciones divergentes que evidencian tensiones aún no resueltas.
La paridad de género ha avanzado de cuotas a principio democrático, pero sigue siendo frágil, desigual y aún insuficiente para garantizar una igualdad real en la representación.