La primera encíclica del papa León XIV sobre inteligencia artificial alerta sobre los riesgos de la desinformación, la pérdida de empleos y la concentración de poder tecnológico en pocas manos.
La inteligencia artificial está derribando el anonimato digital y convirtiendo la vigilancia masiva en una herramienta cada vez más barata, mientras ejercer la libertad política se vuelve más costoso y riesgoso.
El auge de la inteligencia artificial conlleva altos costos ambientales y sociales que, según sus críticos, amenazan recursos comunes esenciales y profundizan la concentración de poder.
Brasil apuesta por la IA como eje de soberanía y diplomacia tecnológica, mientras Colombia y Bolivia enfrentan el desafío de convertir la regulación en capacidades reales.
En la era de las imágenes sintéticas, la inteligencia artificial desdibuja la frontera entre ver y creer, erosionando la verdad compartida y la confianza democrática.
En Latinoamérica, la inteligencia artificial ya no solo nos conecta, sino que se ha convertido en el refugio digital que reemplaza parte de nuestros vínculos humanos.