La inteligencia artificial ya está transformando la democracia y el gran desafío es lograr que fortalezca, en lugar de debilitar, la integridad de los procesos electorales y las instituciones democráticas.
La primera encíclica del papa León XIV sobre inteligencia artificial alerta sobre los riesgos de la desinformación, la pérdida de empleos y la concentración de poder tecnológico en pocas manos.
La inteligencia artificial está derribando el anonimato digital y convirtiendo la vigilancia masiva en una herramienta cada vez más barata, mientras ejercer la libertad política se vuelve más costoso y riesgoso.
El auge de la inteligencia artificial conlleva altos costos ambientales y sociales que, según sus críticos, amenazan recursos comunes esenciales y profundizan la concentración de poder.