Ante la fragmentación de la financiación global, los países en desarrollo buscan crear canales alternativos que aseguren el flujo de capital. Pero esta redundancia financiera también plantea riesgos: mayor endeudamiento, sobrecarga administrativa y una persistente dependencia de las principales monedas de reserva.
La COP30 llega cargada de nuevas promesas de financiamiento climático, pero atrapada en las mismas visiones fallidas que han impedido enfrentar una crisis que avanza más rápido que la voluntad política global.
En Latinoamérica, los traumas de un pasado tumultuoso nos hacen a los latinos un grupo particularmente cauto, tal vez no en temas del corazón pero sí de estabilidad financiera.
Brasil vive uno de los momentos más trágicos de su historia y con una contracción de su PIB del 4%. Pero el movimiento financiero en la Bolsa de Valores batió récords. El índice Bovespa superó la marca inédita de 120 mil puntos y el volumen de negocio fue casi cinco veces el PIB del año. ¿Cómo ocurrió esto?