En política se considera que los sentimientos quedan fuera cuando de ejercer el poder se trata. Sin embargo, el cine ha retratado el ejercicio del poder compartido por personajes como Margaret y Dennis Thatcher, el matrimonio de John y Jacqueline Kennedy o Juan Domingo Perón y Eva Duarte. Pero estas no son las únicas parejas que han tenido relevancia.
Latinoamérica ha sido tierra fértil para las parejas que ejercen el poder de forma conjunta, desde autocracias o sucesión en la presidencia hasta candidaturas para alcanzar los máximos cargos de dirección. El objetivo de este texto es abordar algunos ejemplos de parejas que marcaron la historia de la región por sus proyectos políticos, pero que no ocultaron sus sentimientos.
Argentina es uno de los países más emblemáticos si de parejas presidenciales se habla: no solamente el matrimonio de Perón con Evita y su proyecto nacionalista es muestra de ello. Durante los primeros años del siglo XXI, Néstor Kirchner (2003-2007) y Cristina Férnandez (2007-2015) gobernaron la nación a través del justicialismo, una ideología que busca reducir las brechas de desigualdad, y el peronismo. No obstante, ambos se plantearon como herederos del peronismo y encarnación de la primera pareja.
Kirchner y Fernández no ocultaban sus muestras de cariño en público, además de que muchas veces emularon el famoso abrazo de la lealtad de Perón y Evita. Por otro lado, cuando murió su esposo, Cristina no reparó en rendir culto a su persona y, con imágenes similares a las del fallecimiento de Eva Perón, los seguidores del peronismo salieron a las calles para despedir a Néstor.
Por otro lado, Venezuela es uno de los casos paradójicos de la cuestión que nos ocupa, ya que el matrimonio Nicolás Maduro (2012-actual) y Cilia Flores ejercen el poder de forma conjunta. El primero es el líder del chavismo, mientras que la segunda se identifica con el sobrenombre de “la Primera Combatiente”. Siempre se los ve juntos en los eventos con la militancia chavista, en ruedas de prensa y movilizaciones.
No obstante, su cariño va más allá del romanticismo: es sabido que Cilia Flores tiene un papel decisivo en la designación de personajes en el Poder Judicial. La historia amorosa de Maduro y Flores se remite a la militancia con Hugo Chávez, la fundación del Movimiento Quinta República y su paso por diversos cargos políticos. La pareja venezolana emula el romanticismo revolucionario que, disfrazado de un régimen autoritario, promete el devenir de la justicia, el desarrollo y el bienestar de la nación.
La historia del romanticismo revolucionario perdura en Nicaragua de la mano de otra pareja que ejerce un férreo control sobre el país y que se dice heredera de los ideales sandinistas. Me refiero a Daniel Ortega (2006-actual) y Rosario Murillo, quienes gobiernan desde 2006 y transformaron el país de una democracia imperfecta a una autocracia electoral. Ortega fue uno de los guerrilleros que combatió el régimen sultanístico de Anastacio Somoza Debayle y encabezó el gobierno revolucionario en los 80. Murillo era poetisa y guerrillera y siempre estuvo a lado del líder sandinista.
El comandante es el presidente desde 2006, pero su esposa ostenta los cargos de primera dama y coordinadora de Comunicación. Desde 2017 ocupa la vicepresidencia de la república y en 2023 se autoproclamó presidenta del Poder Judicial, y con ello inició una purga de jueces que aún eran independientes. Nicaragua es muestra de que en regímenes autoritarios los matrimonios son como depositarios del poder y base del control político.
En la misma región, en 2011 Guatemala presenció uno de los episodios más extraños de su política. La entonces primera dama, Sandra Torres, se divorció del presidente Álvaro Colom (2012-1016); el motivo, aspirar a la candidatura presidencial, ya que la Constitución guatemalteca establece que los matrimonios y familiares tienen prohibido aspirar a un cargo público. En una carta que fue publicada por los medios de comunicación, Torres declaraba que su amor por el pueblo era mayor al de su esposo y, por lo tanto, se optaba por el divorcio.
La pareja se divorció y Torres pudo ser candidata, pero el Tribunal Superior Electoral estableció que su separación era una forma para evadir la ley y rechazó su candidatura. Sus aspiraciones continuaron para las elecciones de 2015, 2019 y 2023; en los tres comicios perdió.
Al este, Honduras se suma a la lista de parejas presidenciales, con una historia marcada por la política, el amor y la resistencia. En 2009 el presidente Manuel Zelaya (2006-2009) era destituido y el país daba paso a la polémica presidencia de Juan Orlando Hernández. Este evento estuvo marcado por la resistencia encabezada por la entonces primera dama, Xiomara Castro (2022-actual), quien hoy es presidenta del país.
El matrimonio ha cobrado relevancia desde 2022, cuando Castro asumió el poder, mientras que Zelaya ha fungido como primer caballero y consejero del gobierno. Esto muestra que gobernar no necesariamente es cuestión de una persona, sino que los matrimonios son una fuente de apoyo, más si ambos han residido en la Casa Presidencial.
En el norte, en México, una pareja vio truncados sus sueños cuando el país se encontraba en los albores de la alternancia en el poder. Vicente Fox Quesada (2000-2006) fue el primer presidente de oposición del país, y en 2001 contrajo nupcias con su entonces vocera, Martha Sahagún. Específicamente en 2004, tras las elecciones intermedias, el nombre de la primera dama cobraba fuerza para suceder a su esposo; en las filas del Partido Acción Nacional (PAN) era una posibilidad la selección de Sahagún.
Incluso se llegó a mencionar que era la esposa del presidente quien ejercía el poder; a su vez, la primera dama cobró relevancia en la opinión pública y se la veía en diversos eventos. A pesar de su promoción, Martha Sahagún vio truncados sus sueños cuando en una entrevista el presidente Fox declaró que, al terminar su gobierno, ambos se retirarían a su rancho, ubicado en el estado de Guanajuato. Con esta declaración las aspiraciones presidenciales de la “Sra. Martha”, como la llamaba el ejecutivo, se esfumaron.
En conclusión, los matrimonios pueden ser vistos como fuentes del poder político para instaurar gobiernos autoritarios. En algunos casos, esposos y esposas se suceden en el poder en aras de promover un proyecto político, aunque, por otro lado, las aspiraciones pueden verse truncadas por la ley o los factores de poder.