La reconstrucción de la política exterior de Brasil y sus relaciones con América Latina

En la actualidad, además del conflicto por delegación entre la OTAN y Rusia en territorio ucraniano, el escenario más amplio apunta a las crecientes tensiones entre Estados Unidos y China en la disputa por la hegemonía mundial. Esta tendencia supone un reto para Brasil, que se encuentra en el hemisferio americano, bajo la influencia geopolítica directa del hegemón, pero cuya economía depende cada vez más de las relaciones comerciales con China. Un panorama de riesgos y oportunidades exige perspicacia y habilidad en la conducción de la política exterior en defensa del interés nacional.

El Secretario de Estado estadounidense, Antony Blinken, declaró en una conferencia en la Universidad George Washington que China representa el desafío más serio a largo plazo para el orden internacional: sería el país que no sólo pretende reformar este orden, sino que además posee los recursos de poder para hacerlo. La propia guerra de Ucrania podría no haber ocurrido si Rusia no se hubiera fortalecido debido a la asociación estratégica firmada con China, que funciona como un vector fundamental para la integración económica y logística de Eurasia, especialmente la BRI (Belt and Road Initiative).

En este escenario, el desafío para Brasil es retomar el principio rector de su política exterior activa y propositiva, evitando alineamientos geopolíticos automáticos con potencias o bloques, y basándose en una agenda ecuménica de paz y desarrollo en la perspectiva del Sur Global, privilegiando la interlocución con América del Sur y América Latina para el logro de una estrategia regional colectiva, a través de la recuperación de la Unión de Naciones Suramericanas – Unasur y el fortalecimiento de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños – Celac.

Dar prioridad a América Latina, y especialmente a América del Sur

Brasil, por sus dimensiones económicas, territoriales y poblacionales, parafraseando a Paulo Nogueira Batista Júnior, no cabe en el patio trasero de nadie. Una estrategia colectiva sudamericana y latinoamericana aumenta su poder de negociación.

El gran juego geopolítico brasileño despliega su proyección sobre su entorno en círculos concéntricos de influencia. El primer círculo, y el más importante, es la región platina, la zona económica más poblada de Sudamérica. El segundo círculo incorpora los demás países del subcontinente, especialmente el bioma amazónico, y el Atlántico Sur, por donde pasa casi todo el comercio exterior brasileño. El tercer círculo abarca toda América Latina y el Caribe, así como la Antártida y la costa occidental de África. Estos tres círculos forman el entorno geoestratégico de Brasil, una región en la que su presencia activa es vital para su desarrollo y seguridad, y que debe servir de plataforma de proyección al mundo.

A principios de este siglo, entre otras iniciativas, Brasil lideró la creación de Unasur y CELAC. La Unasur fue una organización internacional creada por los doce estados sudamericanos en 2008 con el objetivo, entre otros, de articular las acciones de los distintos países en diversos ámbitos de las políticas públicas, y debe funcionar como un denso instrumento de gobernanza de este espacio regional bioceánico. La CELAC, creada posteriormente en 2010, también fue impulsada por Brasil con la celebración en Salvador en 2008 de la primera cumbre autónoma de países latinoamericanos y caribeños, sin la tutela de los países anglosajones e ibéricos. Su vocación es la concertación política y la cooperación al desarrollo.

El abandono del gobierno de Bolsonaro de la Unasur y la CELAC significó un retroceso para la política exterior brasileña. La Unasur y la Celac fueron golpeadas por una campaña psicológica adversa sobre una supuesta Unión de Repúblicas Socialistas de América Latina – Ursal, un enorme despropósito que se hizo viral con noticias falsas.

Este contratiempo no fue un hecho aislado. Hubo la subordinación de la política exterior a un americanismo ideológico radical de extrema derecha -el trumpismo- que compromete el diálogo con el actual gobierno de Estados Unidos, y el desmantelamiento del Itamaraty, órgano que siempre funcionó como referencia de excelencia burocrática para la administración civil brasileña.

Brasil es indispensable para el éxito de la integración porque es un multivector en el espacio regional: el proyecto regional se articula con el objetivo nacional de Brasil de consolidar su integración territorial interna; permite potenciales sinergias entre los sistemas nacionales en todos los ámbitos (productivo, comercial, logístico, etc.) al asociar el acceso al Pacífico, a través de corredores interoceánicos, con la marcha hacia el oeste de Brasil; favorece la institución de una doctrina estratégico-militar regional que avanzó en el Consejo de Defensa Sudamericano, fundamental para el control del entorno oceánico vital de la gran “balsa de piedra” sudamericana, la seguridad de la extensa frontera terrestre brasileña y la cooperación en torno al desarrollo sostenible de la Amazonia.Sin embargo, la eventual reelección del actual presidente mantendrá al país como un paria, en el punto más bajo de su reputación internacional: como un problema para el mundo más que como un portador de soluciones. Sólo un liderazgo internacionalmente respetado y probado en el arte de la política y la administración podrá marcar la diferencia deseada y aprovechar el entorno regional favorable a la reanudación de los proyectos de integración.


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