La vuelta de la izquierda en América Latina… ¿Pero qué izquierda?

¿Es la izquierda que está surgiendo en la región un déjà vu de la de comienzos del siglo XXI o es otra izquierda? Ni parecida, ni diferente. Las columnas políticas de los medios de comunicación vuelven a encontrar un cambio político en la región. El triunfo de Gabriel Boric en Chile, la propuesta todavía indefinida de Pedro Castillo en Perú y las victorias de Xiomara Castro en Honduras, Laurentino Cortizo Cohen en Panamá, la vuelta del MAS en Bolivia y los gobiernos ya establecidos de AMLO en México y Alberto Fernández en Argentina, además de las posibles victorias de Gustavo Petro en Colombia y Lula da Silva en Brasil, que algunos ya dan por seguras, han marcado el viraje. Es decir, una definición amplia y generosa de Gobiernos de izquierda. 

El comienzo del siglo XXI tiñó de izquierda a los nuevos Gobiernos de la región. Hugo Chávez, Lula, Néstor Kirchner, Michelle Bachelet, Tabaré Vázquez, José Mujica, Fernando Lugo, Evo Morales, Rafael Correa y algún otro reconfiguraron el mapa político de América Latina. Pero había una novedad: confluían en una izquierda distinta respecto a los idearios de izquierda que se plantearon como alternativas en los sesenta y noventa. 

Aquellas nuevas izquierdas no eran marxistas, por lo que se les adjudicaron diferentes nombres para caracterizarlas: nueva izquierda, progresismo, neopopulismo. Se han escrito bibliotecas para entender la naturaleza de esas izquierdas.

Una nueva nueva izquierda

Actualmente, luego del giro “light” a la derecha, emerge una nueva ola de Gobiernos de izquierda de diferente naturaleza, con programas, objetivos y visiones diversas, aunque dependiendo de la realidad de los países. Esto, por no hablar de su visión del mundo globalizado e interconectado económica y geopolíticamente.

El primer eje para analizar esta nueva nueva izquierda es la evidente heterogeneidad de su naturaleza y sus objetivos programáticos. Más allá del mote “izquierda”, una primera mirada advierte tonos bastante disímiles entre lo que encarna una izquierda representada por Boric y Petro respecto a la izquierda de Castillo y, todos ellos con la muy posible vuelta de una izquierda lulista, siempre considerada icónica en el mapa de la izquierda latinoamericana.

Se podría definir a Boric y a Petro como una izquierda con tintes socialdemócratas, pero intercalada fuertemente con reivindicaciones posmateriales que devienen de nuevas subjetividades sociales. Mientras tanto, la izquierda peruana tiene un discurso, al menos electoralista, de corte marxista, mixturado con cosmovisiones propias de las tradiciones serranas e indigenistas, muchas de ellas muy conservadoras culturalmente. 

El segundo eje de análisis pasaría por advertir los marcos estructurales en que se desplegaría esta nueva izquierda. Parece claro que Boric y Petro recogen las demandas sociales producto de sociedades pujantes económicamente, pero adalides de las inequidades sociales que delinean a la región. Son portavoces de un cambio generacional muy dinámico en sus respectivos países que salió al espacio público a exigir un nuevo “orden de las cosas”. 

Estas nuevas generaciones demandan política pública respecto a lo que debe ser una vida justa: medio ambiente, género, sexualidades, minorías, control de las propias vidas. Es decir, piden libertades. Y eso es nuevo en la historia de las izquierdas de la región. Son libertades liberales y tienen toda la carga que el concepto político de liberalismo tuvo siempre en la izquierda latinoamericana. 

El tercer eje de análisis es el posicionamiento de estas izquierdas con relación al orden económico global, un orden que, pasados casi veinte años de la dominancia de la izquierda latinoamericana en el siglo XXI, se ha consolidado en su enclave de mercado global y capitalismo. 

Si los primeros Gobiernos de izquierda del siglo XXI generaron resistencias al orden económico a través de organizaciones como la ALBA o conceptos como el “socialismo bolivariano” o “buen vivir”, estas nuevas izquierdas emergen en un sistema mundo económico absolutamente encorsetado en los marcos del capitalismo financiero global. Quizás sea por eso que en sus programas políticos se “esquivan” las definiciones económicas, más allá de las proclamas con relación a una mejor y más justa distribución de los excedentes. 

Hay algo nuevo en la política latinoamericana que despierta esperanza si viene a sustituir a las ultraderechas de Jair Bolsonaro, Iván Duque o Nayib Bukele, neoliberales en lo económico y autoritario-represivas en lo político. Como fenómeno político nuevo es necesario entenderlo y definirlo en su visión de las nuevas subjetividades que constituyen la vida social. 

¿Esta nueva nueva izquierda trae consigo novedades? Sin duda. Empezando por el hecho de que han dejado en el olvido los antiguos mitos y se han alejado de Nicolás Maduro y Daniel Ortega, la resaca de las izquierdas del siglo XXI. 


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