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Mayorías esquivas en Colombia

Las elecciones legislativas en Colombia confirmaron un escenario político fragmentado, sin mayorías claras y donde las alianzas serán decisivas para gobernar.

Las elecciones legislativas y las consultas interpartidistas dejaron un mensaje político claro: Colombia entra en una nueva etapa de fragmentación y competencia abierta con estructuras políticas tradicionales. Más que una victoria absoluta de una fuerza específica, lo que muestran los resultados es un sistema político dividido en varios bloques con capacidad de influencia, donde ninguna fuerza logra imponerse por completo. Este escenario anticipa un Congreso complejo y un proceso presidencial en el que las alianzas serán determinantes.

Aumento de la fragmentación política

En primer lugar, el principal mensaje político de estas elecciones es la confirmación de un Congreso fragmentado. De acuerdo con el preconteo de la Registraduría, el oficialista Pacto Histórico sería la fuerza más votada en el Senado con más de 4,4 millones de votos, seguido por el Centro Democrático del ex presidente Uribe con cerca de 3 millones, y luego por partidos como el Liberal, el Conservador, y el Partido Verde.

Sin embargo, ninguna de estas colectividades alcanza una mayoría única en el Congreso. Esta distribución confirma que el sistema político colombiano sigue transitando desde el esquema bipartidista que necesita de alianzas con los partidos tradicionales para alcanzar la gobernabilidad. Por lo cual, el próximo gobierno tendrá que construir coaliciones amplias para gobernar y sacar adelante sus reformas y evitar la parálisis que muchas veces se vivió durante este cuatrienio.

En segundo lugar, frente al Congreso anterior, el mapa político mantiene en términos generales la misma estructura. Las fuerzas progresistas mantienen un peso importante, especialmente con el Pacto Histórico como una de las bancadas más votadas, aumentando 5 curules de momento, lo que demuestra que el proyecto político que llevó a Gustavo Petro al poder conserva una base electoral significativa y reafirma la favorabilidad del mandatario.

A su vez, la derecha representada por el Centro Democrático logra mantenerse como una de las principales fuerzas del sistema, particularmente en regiones como Antioquia, donde obtuvo votaciones mayoritarias. Mientras tanto, los partidos tradicionales —Liberales, Conservadores y La U— siguen teniendo presencia suficiente para convertirse en actores bisagra dentro de la gobernabilidad del Congreso.

Gran expectativa despierta la postura que mantenga el Partido Alianza Verde, quién obtendrá 10 u 11 curules, ya que no tiene una tendencia ideológica clara y cuenta con candidatos que responden a estructuras políticas consolidadas en las regiones o que se han inclinado a partir de temas puntuales. Por lo tanto, la elección ha consolidado un sistema político de tres bloques: izquierda, derecha y centro ampliado que principalmente responde a las estructuras políticas regionales.

De cara a la elección presidencial

Las consultas interpartidistas reflejan, por otro lado, el panorama general de cara a las elecciones presidenciales. En la consulta de derecha se impuso la senadora Paloma Valencia; en la de ‘centro’ ganó la ex alcaldesa Claudia López; y en la consulta de ‘izquierda’ resultó vencedor Roy Barreras. Sin embargo, tanto López como Barrera no alcanzaron sus metas por lo cual deberán tomar definir sus posturas de cara a la primera vuelta.

Las consultas también evidencian el peso de las campañas mediáticas y de opinión. Un ejemplo claro fue el fenómeno alrededor del candidato de derecha Juan Daniel Oviedo, quien logró posicionarse como una figura competitiva dentro del escenario político, con una votación que sorprendió y que mostró la capacidad de movilización de candidaturas que se apoyan fuertemente en redes sociales y en discursos de renovación política. Este tipo de resultados revela que el electorado urbano y de opinión sigue teniendo un papel decisivo en la reconfiguración de liderazgos, algo que ya le había sucedido cuando fue candidato a la Alcaldía de Bogotá. Su participación en las elecciones de mayo dependerá de los acuerdos que logre con Paloma Valencia, líder del Centro Democrático a quién ya le ofreció acompañar como vicepresidente.

Abstención superior al 50 %

Otro dato relevante de la jornada electoral fue la baja participación. Las elecciones registraron altos niveles de abstención, superiores al 50 %, lo que vuelve a poner sobre la mesa uno de los problemas estructurales de la democracia colombiana: la distancia entre ciudadanía y la importancia de votar. Principalmente al Senado, que aún en las zonas apartadas es visto como una elección lejana. Este fenómeno no solo debilita la legitimidad de las instituciones, sino que también refuerza el peso de maquinarias políticas territoriales que logran movilizar electores en contextos de baja participación a cambio de transacciones económicas.

Desde una perspectiva estratégica, estos resultados anticipan un Congreso en el que el equilibrio de poder dependerá de las coaliciones. Esto implica que el próximo presidente necesitará negociar con partidos tradicionales y sectores independientes para construir mayorías legislativas. En ese sentido, el Congreso que surge de estas elecciones se perfila como un espacio de negociación permanente, donde los acuerdos políticos serán clave para la aprobación de reformas estructurales o una parálisis para cualquier sector.

Finalmente, el balance de estas elecciones muestra que Colombia continúa atravesando un proceso de transición política tendiente a la polarización a los extremos. Se castigaron las posiciones de centro. La llegada de nuevas fuerzas en los últimos años no ha eliminado a los partidos tradicionales, pero sí ha generado un sistema más competitivo y volátil. Además, Colombia sigue siendo un país políticamente segmentado por regiones, donde las dinámicas territoriales —liderazgos locales, estructuras políticas y agendas regionales— pueden pesar igual o más que los debates ideológicos.

En síntesis, las elecciones legislativas y las consultas interpartidistas de 2026 no produjeron un ganador absoluto, sino un escenario político abierto que debe cerrar filas de cara a la primera vuelta. Sin embargo, las dos consultas han marcar una tendencia.

Autor

Profesora asistente de la Universidad Externado de Colombia. Máster en Gobierno y Gestión Pública en América Latina de la Universitat Pompeu Fabra, Barcelona. Miembro de la Red de Politólogas.

 

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