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Colombia: la pelea por el centro

Sin mayorías claras ni margen hacia los extremos, las candidaturas concentran su estrategia en seducir a un electorado moderado que definirá la elección.

El próximo 31 de mayo de 2026 Colombia irá a las urnas para la primera vuelta de las elecciones presidenciales. El presidente saliente, Gustavo Petro, y su partido, el Pacto Histórico, se juegan la posibilidad de darle continuidad a su proyecto de izquierda. La derecha intenta concretar una alternativa unificada, dividida entre seguir al uribismo, la opción institucional que ha sido su fuerza aglutinante, o a un outsider de ultraderecha. De cara a la primera vuelta, ninguna candidatura puede crecer hacia los extremos ni tiene mayorías claras: los votantes del elusivo centro son el terreno a conquistar.

En este momento el candidato de la izquierda es el puntero. La izquierda entra a la campaña del 2026 en una situación nueva para Colombia, donde la izquierda fue hasta hace pocos años débil: tienen un partido único consolidado–el Pacto Histórico–y la ventaja de ser gobierno. Su candidato, el veterano senador y defensor de derechos humanos Iván Cepeda, lleva la delantera en las encuestas con 37% de intención de voto.

El presidente Petro cierra su mandato en medio de indicadores de seguridad que empeoran y sin haber podido materializar toda su ambiciosa agenda de reformas, pero habiendo transformado por completo la discusión política. La llegada de Petro al poder en 2022 fue la culminación de un largo proceso de transformación de la política colombiana que resultó en el nacimiento del Pacto Histórico, el debilitamiento del uribismo (la identidad política dominante hasta ese momento), y la irrupción de la preocupación por la desigualdad y las reformas sociales en la agenda política. Que el primer presidente de izquierda haya posicionado los temas sociales no es poco, en un país cuyos debates se redujeron durante muchos años al conflicto armado. Cepeda comienza bien la campaña presidencial, pero está lejos de tener la victoria asegurada.

En el polo opuesto, la fragmentación de la derecha es una buena representación de la crisis de identidad en la que está sumida desde hace un par de años. Detrás de Cepeda en las encuestas se encuentran Paloma Valencia, candidata por la coalición derecha, junto con Abelardo de la Espriella, outsider de ultraderecha que se hace llamar a sí mismo “el tigre”. Valencia viene de la entraña del partido Centro Democrático, con décadas de experiencia como congresista y una carrera construida con paciencia a la sombra de y en llave con el expresidente Álvaro Uribe, patriarca de la derecha colombiana. Fue pre candidata por su partido anteriormente y terminó ganando el pulso tras el asesinato de su colega Miguel Uribe Turbay en 2025.

De la Espriella es un abogado muy mediático, hasta hace poco residente en Miami, autoproclamado fan de Milei y Trump, abiertamente alineado con la ultraderecha latinoamericana. Si Valencia es nieta de expresidente, ejemplar fiel uribista, y producto de la estructura jerárquica y el músculo organizativo del partido Centro Democrático, De La Espriella es lo opuesto. El candidato ultra carece de estructura partidaria y experiencia política, rechaza la política tradicional (excepto cuidarse de alabar a Uribe), es muy fuerte en redes sociales y ha ganado en popularidad atizando un único fuego: el antipetrismo. La gasolina de la campaña del tigre es su furibundo rechazo al presidente actual, y un discurso que enfatiza la seguridad y aboga por la eliminación, incluso física, de todo partidario de izquierda.

Las encuestas más recientes ponen a Valencia y a De la Espriella en virtual empate técnico, alrededor de 20 puntos porcentuales cada uno. Valencia viene en ascenso, mientras que la tendencia reciente de De la Espriella es a la caída, es decir, el crecimiento de Valencia ha sido a costa del tigre. La derecha colombiana hoy se encuentra indecisa entre estas dos opciones, que ofrecen versiones muy diferentes de su futuro. Valencia es la opción institucional, pero no la tradicional: es la primera mujer candidata por el Centro Democrático y, de ganar, sería la primera mujer presidenta, con un vicepresidente abiertamente homosexual. De la Espriella es un outsider de ultraderecha, populista, el showman sin experiencia política ni pública y con pocos vínculos con el sistema político tradicional.

En el corto plazo, la definición de cuál de las dos candidaturas de derecha avanza a segunda vuelta está en manos de votantes indecisos y de centro. Las decisiones sobre fórmulas vicepresidenciales dan algunas pistas sobre las estrategias. De la Espriella se decantó por un vicepresidente con credenciales académicas y experiencia previa como ministro, Jose Manuel Restrepo. Intenta con ello enviar un mensaje de tranquilidad y seriedad, pero sin moderar su postura ultraderecha.

Valencia apostó a algo diferente, en un guiño directo a los votantes de centro y centro derecha. Escogió como su fórmula al economista y ex-concejal de Bogotá Juan Daniel Oviedo, quien quedó de segundo en la consulta de la derecha con un millón doscientos mil votos. Oviedo, que entró a la política de la mano de figuras clave de la derecha, ha construído una marca personal como técnico e independiente. La elección de Oviedo generó fricción al interior del Centro Democrático, donde muchos militantes cuestionan la decisión por no ser suficientemente de derecha e ir en contra de las posturas culturalmente conservadoras del partido. Oviedo y Valencia están intentando construir sobre la marcha un mensaje coherente que llene de carne la idea de que pueden construir desde sus diferencias y hacerle mella a la izquierda. Si logran unificar su mensaje y si este cala, está por verse.

Por ahora, la apuesta de Cepeda es activar a sectores que usualmente se abstienen de la política electoral, movilizando a las urnas a más indígenas, poblaciones marginadas y votantes más pobres, continuando así una estrategia que le funcionó muy bien a Petro en 2022. Su fórmula vicepresidencial, la senadora indígena Nasa Aida Quilcué, refuerza ese mensaje de priorizar su base. Mientras y hasta que la derecha defina quién la representará, Cepeda puede darse el lujo de concentrarse en fortalecer hacia adentro. Tarde o temprano, no obstante, la izquierda también deberá mirar hacia las y los votantes en el centro si quiere ganar la elección.

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Profesora en la Universidad del Rosario en Bogotá, Colombia y Doctora en Ciencia Política en la Universidad de Notre Dame. Integrante de la Red de Politólogas.

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