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Política exterior y disputa electoral en el Brasil de 2026: Washington quiere ir a las urnas

La disputa por la presidencia de Brasil ya se libra también en Washington, donde Lula y Flávio Bolsonaro buscan convertir la política exterior en capital electoral.

En Brasil, la política exterior se ha convertido en escenario electoral. Las visitas de Lula y del senador Flávio Bolsonaro, los dos principales candidatos a la presidencia del país, a la capital de Estados Unidos revelan, más allá del contenido de sus agendas, una disputa por conseguir prestigio internacional y capital político.

La relación bilateral con Estados Unidos ha ocupado un espacio relevante en el debate público brasileño, y se ha convertido en un elemento importante para comprender las estrategias de los aspirantes a la presidencia del país. Este proceso está impulsado tanto por el fortalecimiento de la diplomacia presidencial como instrumento de proyección de liderazgo internacional —una característica destacada de los primeros gobiernos de Lula—, como por la ampliación y diversificación de los temas que han pasado a integrar la agenda de la política exterior brasileña. 

En el caso del viaje oficial del presidente, las cuestiones que ocuparon una posición central en la agenda, reforzando el énfasis de su gobierno en la defensa de la soberanía nacional, fueron el recrudecimiento de las tensiones comerciales —en particular el llamado tarifazo—, la explotación de tierras raras y la reforma del Consejo de Seguridad de la ONU. Por su parte, la visita del senador Flávio Bolsonaro fue predominantemente simbólica, orientada no tanto a la formulación de agendas sustantivas de política exterior como a la generación de capital político para la disputa electoral.

El viaje sirvió de contrapunto para reforzar que, mientras que Lula mantiene una relación institucional con Washington, la afinidad ideológica de Trump en Brasil sigue vinculada a la derecha bolsonarista. En medio del escándalo de los audios enviados por Flávio Bolsonaro al banquero Daniel Vorcaro (actualmente encarcelado por uno de los mayores escándalos de corrupción de la historia del país), en los que pedía dinero para una película sobre su padre, el expresidente Jair Bolsonaro, la agenda internacional del clan Bolsonaro puede interpretarse como un intento de reiniciar su precampaña, apoyándose en la movilización de las redes transnacionales de articulación de la derecha radical.

Las repercusiones de la visita del senador a Washington, sin embargo, pueden acarrear efectos desagradables para su participación en la carrera electoral. Aunque determinados sectores políticos siguen percibiendo el alineamiento con Estados Unidos como un activo electoral relevante, las actitudes de la opinión pública brasileña respecto al país han experimentado transformaciones importantes.

Los datos del proyecto Brasil, las Américas y el Mundo (BAM/CEBRAP) revelan una disociación persistente entre las diferentes dimensiones de las actitudes de los brasileños hacia Estados Unidos. Cuando se les preguntó sobre el estado de las relaciones bilaterales, más del 70 % de los encuestados las caracterizó sistemáticamente como positivas a lo largo de todo el período 2010-2022, una proporción estable e independiente de la inclinación política de los entrevistados. La desconfianza superó a la confianza a partir de 2014 y alcanzó su punto máximo en 2018, durante el gobierno de Trump, cuando el 63 % de los encuestados declaró desconfianza frente a apenas un 31 % que manifestó lo contrario.

El resultado es una opinión pública que ve con buenos ojos la asociación con Estados Unidos como relación entre Estados, pero que desconfía cada vez más de la potencia del Norte como actor geopolítico y que, por lo tanto, no responde de forma lineal a los llamamientos electorales que confunden el acercamiento diplomático con un respaldo incondicional a Washington. En este contexto, la utilización de la proximidad con el gobierno de Trump como recurso de legitimación política puede encontrar un entorno interno menos receptivo que en ciclos electorales anteriores.

El cambio en la opinión pública también estuvo acompañado de una reorientación del enfoque adoptado por una parte significativa de la gran prensa brasileña respecto al acercamiento a Estados Unidos. Si durante buena parte del período posterior a la redemocratización el estrechamiento de las relaciones bilaterales era frecuentemente retratado de forma positiva en editoriales y columnas de opinión, ese consenso se vio tensionado por la política exterior adoptada por el gobierno de Bolsonaro. Los datos del Observatorio de Política Exterior en la Prensa del CEBRAP (OPEI/CEBRAP) también permiten documentar este giro. En 2014, las referencias favorables a la relación con Estados Unidos en editoriales y artículos de opinión superaban ampliamente a las contrarias. Este patrón comenzó a modificarse ya durante el gobierno de Michel Temer, pero fue bajo la administración de Bolsonaro cuando la ruptura se hizo evidente. La cobertura periodística pasó a enfatizar las críticas a lo que se interpretaba como una postura de alineamiento automático con los intereses estadounidenses, destacando aspectos como la pérdida de autonomía, la subordinación a los objetivos del sector más conservador de Estados Unidos y el alejamiento de la tradición diplomática del ministerio de Relaciones Exteriores. El alineamiento con Washington había aportado pocos beneficios concretos a Brasil, al tiempo que generaba conflictos con China, el principal socio comercial del país. Al llegar a la mitad del gobierno de Bolsonaro, en el segundo semestre de 2021, el 60 % de los medios monitorizados por el Observatorio adoptaban una postura crítica respecto a las políticas del gobierno hacia Washington.

Volviendo a los acontecimientos recientes, la clasificación de las facciones criminales brasileñas como organizaciones terroristas y el nuevo frente arancelario abierto por Estados Unidos convergieron en el centro del debate. Los nuevos aranceles sobre productos brasileños, incluido el PIX —el medio de pago electrónico más utilizado en Brasil, presentado como una competencia desleal para las grandes multinacionales estadounidenses—, junto con las críticas a decisiones del Supremo Tribunal Federal y a la “inseguridad jurídica”, han situado las nuevas medidas en el punto de mira de la industria manufacturera brasileña. El gobierno brasileño encuadró el conjunto como parte de un mismo proceso, asociado a la actuación internacional de la familia Bolsonaro, que perjudica a Brasil para acercarse al presidente estadounidense.

En este escenario, Lula y Flávio Bolsonaro movilizan repertorios distintos de inserción internacional, dirigidos a públicos diferentes. Mientras que el primero busca proyectar una imagen de autonomía y diversificación de las alianzas externas, el segundo trata de capitalizar los vínculos con la red ultraconservadora transnacional asociada al trumpismo. La política exterior ha dejado de ocupar una posición periférica en la competición electoral y ha pasado a constituir un eje relevante de diferenciación entre las candidaturas. Los episodios recientes sugieren que Washington ya ha entrado en la campaña presidencial incluso antes de las convenciones partidarias.

Pero el terreno sobre el que se librará esta disputa es diferente del observado en ciclos electorales anteriores. Las investigaciones recientes sugieren que la creciente politización de la relación con Estados Unidos se produce en un contexto de aumento de la desconfianza de los brasileños hacia Estados Unidos y, en particular, hacia las corrientes políticas asociadas al trumpismo. Si las elecciones influyen en el rumbo de la política exterior, la política exterior también influye en las elecciones, aunque no necesariamente de la forma esperada por los candidatos que apuestan por la asociación directa entre cercanía a Washington y apoyo popular en Brasil. La experiencia reciente sugiere que este vínculo ya no genera automáticamente los dividendos políticos que presuponen sus defensores, especialmente cuando se asocia al universo político del trumpismo.

Autor

Professor de Políticas Públicas na Universidade Federal do ABC (UFABC, Brasil) e coordena o Observatório de Política Externa na Mídia do CEBRAP. Doutor em Ciência Política. Foi Global South Fellow na Universidade de Illinois em Urbana-Champaign.

Investigador del Centro Brasileño de Análisis y Planificación (CEBRAP), posee una maestría y es candidato a doctorado en Políticas Públicas en la UFABC. Coordina el Centro de Análisis y Seguimiento de Políticas Públicas (CAMPP) de la UFABC y es investigador de la FGV Cidades.

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