La llegada de Abelardo De la Espriella al poder confirma el giro de Colombia hacia una derecha de mano dura, marcada por el espectáculo político, la polarización y las promesas de orden.
La estrecha segunda vuelta presidencial dejó al descubierto una Colombia profundamente dividida y obligada a privilegiar la prudencia, el diálogo y la moderación para evitar una mayor polarización.
La tecnología se ha convertido en el chivo expiatorio perfecto para alimentar narrativas de fraude electoral que erosionan la confianza democrática sin necesidad de pruebas.
En una Latinoamérica marcada por el desencanto, la ira, el miedo y el rechazo se han vuelto claves para movilizar votantes, aunque a costa de gobiernos más débiles y apoyos inestables.
La primera vuelta confirmó la polarización del país y dejó a De la Espriella con ventaja rumbo a un balotaje donde los votos de centro serán decisivos.
A días de la segunda vuelta, el aumento de los indecisos evidencia que la polarización electoral no refleja la profunda fragmentación política y social del Perú.