Las elecciones en Brasil pueden marcar el rumbo de la transición energética latinoamericana con el impulso de un modelo que prioriza el extractivismo y las inversiones sobre la justicia climática.
La segunda vuelta electoral puede inflar artificialmente la legitimidad presidencial sin garantizar mayorías legislativas ni estabilidad democrática, aunque sigue siendo útil en elecciones muy competidas.
De cara a la segunda vuelta presidencial, Brasil enfrenta el desafío de decidir entre el deseo de cambio y los riesgos que plantea la concentración del poder y el nepotismo político.
Las elecciones de Brasil pondrán a prueba la capacidad de una democracia polarizada para preservar la integridad electoral y sostener la confianza ciudadana en sus instituciones.
Lula podría ser reelegido, pero la izquierda quedaría lejos de conquistar el poder ya que con un Congreso, gobernadores y un Centrão mayoritariamente conservadores vería limitado su margen de acción.