El creciente desencanto ciudadano con democracias incapaces de garantizar bienestar, representación y futuro común pone a prueba la estabilidad política y social de América Latina.
Del narcisismo presidencial a la sacralización del poder, líderes contemporáneos mezclan política y religión en una peligrosa escenificación que tensiona las democracias.
El auge petrolero dejó de traducirse en poder efectivo, evidenciando los límites estructurales de un modelo sin instituciones ni base productiva sostenible.