Irán ha tejido en América Latina una red adaptable basada en Hezbollah y alianzas con el crimen organizado, que le permite mantener influencia pese a la presión internacional y los cambios políticos.
Argentina gana acceso ampliado al mercado y respaldo financiero de Washington, pero cede margen estratégico al alinearse con sus intereses y limitar vínculos con China.
El respaldo de la nueva derecha latinoamericana a Donald Trump revela hasta dónde está dispuesta a relativizar la democracia en nombre de su alineación geopolítica.
En la era de la “geopolítica del yo”, el poder global deja de articularse en reglas y alianzas estables para girar en torno al liderazgo personalista, transaccional y autorreferencial de Donald Trump.
Reducir el buen gobierno a la seguridad —sea nacional o “humana”— es una falacia que oculta la debilidad del Estado y legitima la militarización en lugar de fortalecer la democracia.