El renovado activismo de Washington en la región revive la lógica de la Doctrina Monroe y reposiciona al Caribe como eje estratégico de su influencia hemisférica.
La creciente rivalidad entre potencias convierte a América Latina en un espacio estratégico donde infraestructura, tecnología y recursos definen su margen real de autonomía.
Irán ha tejido en América Latina una red adaptable basada en Hezbollah y alianzas con el crimen organizado, que le permite mantener influencia pese a la presión internacional y los cambios políticos.
Argentina gana acceso ampliado al mercado y respaldo financiero de Washington, pero cede margen estratégico al alinearse con sus intereses y limitar vínculos con China.
El respaldo de la nueva derecha latinoamericana a Donald Trump revela hasta dónde está dispuesta a relativizar la democracia en nombre de su alineación geopolítica.
En la era de la “geopolítica del yo”, el poder global deja de articularse en reglas y alianzas estables para girar en torno al liderazgo personalista, transaccional y autorreferencial de Donald Trump.