Desconfianza y polarización en América Latina

¿Qué distingue a la polarización actual? ¿Por qué es el término de moda para describir la coyuntura política latinoamericana y global? ¿Es estructural o pasajera? Pero, sobre todo, ¿qué efectos tiene en la vida cotidiana de las personas?

No es un secreto que las “instituciones de la democracia representativa” están en crisis. Son muchos los que han analizado sus causas y propuesto explicaciones al porqué presidentes, Congresos, policías, cortes de justicia y partidos políticos están en los últimos lugares de confianza entre la ciudadanía.

La agencia mundial de comunicación Edelman Trust Barometer 2023 distingue cuatro tendencias que conducen a la polarización: preocupaciones económicas, desequilibrio institucional, división de clases y lucha por la verdad.

En cuanto a lo económico, el estudio indicó que el 93% de los encuestados considera que la principal preocupación es perder el empleo. Aunque su estudio se enfocó en Argentina, Brasil, Colombia y México, el resultado se puede extrapolar al resto de la región. Mientras tanto, el informe de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), Panorama laboral 2022, señaló que actualmente uno de cada dos trabajadores de la región es informal.

En cuanto al desequilibrio institucional, más de la mitad de los encuestados considera que las instituciones gubernamentales son una fuente de información falsa y engañosa. A reserva de profundizar en el significado de “desconfianza”, este dato nos revela que, más que una crisis de representación, la democracia vive una crisis de legitimidad. La diferencia no es baladí: la primera se resolvería, entre otros aspectos, con una reforma a las modalidades de participación, pero la segunda implica un deterioro del sistema.

En democracia, confiamos (a través del voto) a otros la labor de representar, defender y fomentar nuestros intereses y necesidades. Una crisis de legitimidad implica preguntarnos: si perdemos la confianza en aquellos representantes, ¿sigue siendo necesario el voto para elegirlos?

Evidentemente el voto sigue siendo necesario, pero si la crisis de la democracia representativa es síntoma de una enfermedad más profunda, no es casual que, como lo han mostrado otras mediciones, los latinoamericanos cada vez estemos más dispuestos a renunciar al voto a cambio de bienestar material y seguridad personal.

Así, llama la atención que los medios de comunicación ocupen el segundo lugar de desconfianza entre los encuestados y que los periodistas se sitúen en el penúltimo lugar. A luz de estos resultados, debemos preguntarnos por qué las personas no se sienten identificadas o proclives a confiar en ellos. ¿Será que, a pesar de la proliferación de noticias falsas en redes sociales, estas reflejan emociones ausentes en aquellos medios?

Para restaurar la confianza en la conservación del empleo, los Gobiernos y los medios de comunicación, hay mucho por hacer. Es fundamental entender el impacto de la desconfianza en el día a día de los latinoamericanos.

Según el Edelman Trust Barometer 2023, casi la mitad de los encuestados desconfía de los ciudadanos de su país y de la gente de su comunidad. Para el 65% de los encuestados, el efecto más grave de la desconfianza es la violencia en las calles. La educación, por su parte, no parece ser la solución, ya que casi tres de cada cuatro piensan que la falta de civismo y de respeto mutuo es el problema más grave.

Con relación a la convivencia entre personas con ideas opuestas, la encuesta muestra que apenas tres de cada diez ayudarían a otra con la que no estuvieran de acuerdo y solo dos de cada diez estarían dispuestas a vivir en el mismo vecindario. Pero quizá el dato más preocupante es que el 60% de los sondeados está de acuerdo con la siguiente afirmación: “Nuestro país está más dividido hoy que antes”.

Al analizar el fenómeno de la polarización, solemos hacerlo partiendo de las palabras y las acciones de quienes gobiernan y la forma en que estas dividen a los ciudadanos, un fenómeno que llamaría polarización vertical. Sin embargo, no debemos olvidarnos de su otra cara: la polarización horizontal. Esta tiene a la desconfianza como su base emocional y a través de ella miramos al otro. No obstante, ese otro no es el extranjero, el ejército enemigo o el ofensor de la patria: el otro es nuestro vecino, nuestro compañero de trabajo, la persona que viaja a nuestro lado en el transporte público.

Si la tendencia se sigue acentuando, la democracia terminará por derrumbarse y no lo hará por una fuerza externa, sino por la desconfianza hacia nosotros mismos como sociedad.

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