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El problema de los diputados desertores en Costa Rica

El 21%, más de una quinta parte de los representantes del parlamento costarricense se ha declarado independiente. Esta proporción es escandalosa y refleja, principalmente, la debilidad de los partidos políticos. Esta masiva deserción se debe principalmente a que en Costa Rica los partidos, especialmente los nuevos o los pequeños que aspiran a posicionarse en el campo político eligen candidatos sin ningún tipo de rigurosidad con el único objetivo de ganar sin importar las consecuencias.

Así, por ejemplo, el Partido Restauración Nacional que sorprendió surgiendo como fuerza política pasando de uno a catorce diputados se dividió, al poco tiempo de iniciada la legislatura, en dos grupos de siete diputados. El Partido Integración Nacional consiguió cuatro curules gracias a su mediático candidato presidencial, sin embargo, incluso antes de asumir las diputaciones hubo fracturas internas y uno de sus miembros inició su labor como diputado independiente. Sobre la marcha, otros diputados han abandonado la bancada por la que llegaron al congreso. A la fecha, únicamente la fracción del Partido Liberación Nacional se mantiene unida y el partido Frente Amplio queda fuera del recuento ya que cuenta únicamente con un diputado.

Prácticamente la totalidad de grupos parlamentarios han tenido deserciones de sus filas, generando un grave problema para la negociación política y una mayor atomización en un parlamento ya de por sí multipartidista. Sin duda, esto ha disparado más de una alarma con propuestas poco atinadas.

Los diputados representan a la nación, no los partidos

Reconociendo el problema del transfuguismo parlamentario, hay quienes creen que esta deserción de los políticos con sus partidos se combate quitando la credencial al diputado que renuncia a su bancada. Pero esta solución, además de inconstitucional, parte de una visión muy equivocada de la representación de los diputados. El artículo 106 de la Constitución costarricense proclama uno de los principios fundamentales que definen la democracia representativa y que recoge, además, una de las principales conquistas de la Revolución Francesa: el mandato representativo.

La Constitución dice que «los Diputados tienen ese carácter por la Nación». Dicho de otra forma, los diputados representan a la nación en su conjunto y no a sus partidos, provincias, o cualquier otro grupo de interés que les apoye. Por tanto, no se debe confundir lo que representan los diputados con la forma en que se eligen. Los diputados se agrupan y son elegidos por los partidos como reflejo de las distintas visiones o posturas ideológicas que tiene nuestra sociedad. Al menos así debería ser. Esa representación proporcional que refleja el pluralismo político en la Asamblea Legislativa es otra gran conquista.

Pero lo que ha pasado en Costa Rica es que los partidos nuevos o los pequeños que aspiran a ser grandes, eligen candidatos sin ningún tipo de rigurosidad. En algunos casos los partidos escogen candidatos para rellenar campos y en otros buscan figurones mediáticos para intentar aumentar su caudal electoral. Y, luego, si esas personas coinciden o no con los postulados del partido ya es irrelevante, porque lo importante para los partidos es ganar a cualquier precio.

El problema es que luego de las elecciones y a lo largo de las legislaturas las fracciones se resquebrajan y empiezan a pulular las diputaciones independientes lo cual, no solo debilita a los partidos políticos, si no a la propia democracia.

Soluciones al transfuguismo

Si se quisiera, existen diversas formas estructurales e institucionales para desincentivar el transfuguismo costarricense. En primer lugar, las jefaturas de las bancadas parlamentarias deberían tener mayor poder para asignar o quitar recursos a sus diputados. Quien lidera la fracción legislativa debe tener la posibilidad de asignar todo tipo de recursos a los suyos y, cuando un diputado se desvía de la disciplina partidaria, se le pueden reducir o limitar todo tipo de herramientas como personal de apoyo, recursos materiales o incluso puestos importantes en comisiones parlamentarias.

Por ejemplo, en algunos países con democracias sólidas, un diputado que es presidente o secretario de una comisión recibe un estipendio adicional por esa responsabilidad. Si ese diputado se declara independiente o abandona la disciplina de partido, el jefe de la bancada tiene libertad de removerlo y sustituirlo, perdiendo este los recursos económicos extra que recibe. El incentivo es para quedarse dentro del partido y ser disciplinado.

En segundo lugar, debería existir la carrera parlamentaria. Un diputado leal, disciplinado, buscar ser reelecto y la posibilidad de la reelección sucesiva es un incentivo para mantenerse en el grupo parlamentario y no abandonarlo. Pero, así como recompensar al buen diputado con la posibilidad de la reelección es un incentivo adecuado, es igualmente responsabilidad de los partidos no abrir las puertas a diputados tránsfugas para desincentivar la práctica.

Además de estos mecanismos para disuadir a los congresistas, debe aumentarse la cantidad de diputados, lo cual podría contribuir a diluir el poder individual de los diputados. Es importante destacar que Costa Rica, con 57 diputados, tiene uno de los parlamentos con menor cantidad de representantes de la región, por lo que el peso relativo de un diputado tránsfuga, representa un problema importante para un segmento considerable de la población y del andamiaje político en su conjunto. No tienen el mismo poder 12 diputados independientes de 57 curules (21%), que 12 independientes de 100 curules (12%). De modo que, declararse independiente de un grupo numeroso, donde el poder individual es menor, es un desincentivo.

Ahora bien, a pesar de estas soluciones que a modo de incentivos buscan evitar el transfuguismo parlamentario, el aspecto central para revertir estas prácticas es que los partidos eviten caer en soluciones simplistas para atraer el voto y demuestren responsabilidad ante la ciudadanía. Para ello, deben escoger candidatos con una sólida coherencia ideológica y que representen los valores del propio partido para que de esta manera se garantice una mínima fidelidad.

Y finalmente, el votante es corresponsable de quién llega a la Asamblea Legislativa. Es su voto el que determina los partidos que ganan curules. Por tanto, es usted quien está obligado a identificar a los partidos que propongan los mejores candidatos que compartan su propia visión. Claro, eso sería mucho más fácil si usted se involucrara directamente en los partidos y abandonara la comodidad del mero reclamo por redes, una más de las modas del momento.

Con partidos sólidos e ideológicamente coherentes, con una ciudadanía mucho más responsable y activa electoralmente; sumando, además, algunos cambios estructurales como el aumento en la cantidad de diputados o permitiendo la reelección sucesiva, probablemente tendríamos muchos menos diputados independientes y un parlamento mucho más estable.


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Cientista político. Magíster en Ciencia Política por la Universidad de Salamanca. Especializado en sistemas políticos y electorales. Asesor parlamentario de la Asamblea Legislativa de Costa Rica.

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