La larga trama del conspiracionismo

Hay gente que cree que el coronavirus es un instrumento de dominación mundial creado por los enemigos de su país. Son los mismos que opinan que cuando no ganan sus candidatos hubo fraude, o que cualquier cosa que dice el líder es la simple traducción de los deseos del pueblo. Esta es la gente que apoya a Trump en su intento de golpe de Estado cuyo final patético, fugaz y atroz fue el asalto al capitolio. En suma, estamos viendo una nueva versión de la irrealidad en la larga trama del conspiracionismo histórico. O para decirlo de otro modo: se da una nueva configuración de los anti-vacunas y los antidemocráticos en clave post-fascista.

Al igual que los fascismos, los nuevos populismos mezclan, deforman y niegan la ciencia mediante fantasías conspirativas. En Estados Unidos, país que hoy cuenta con la mayor cantidad de dosis de vacunas disponibles, el presidente saliente Donald Trump todavía no se ha vacunado a pesar de los consejos y la frustración de algunos de sus asesores. De hecho, la gran cantidad de norteamericanos que no piensa vacunarse se distingue grosso modo por su “trumpismo” a nivel político.

Las vacunas y las teorías conspirativas

Abundan entonces los delirios y las mentiras utilizados en clave política. Por ejemplo, ideólogos trumpistas, muchas veces posteados o reposteados a través de Twitter por su líder derrotado, sostienen que las vacunas son una forma de control social y poblacional por parte del Estado o un arma esgrimida conscientemente por China.

Así, la campaña de vacunación nacional y global es retraducida por fanáticos evangelistas cristianos y seguidores de la teoría de la conspiración de QAnon que piensan que Trump se ha enfrentado y se enfrenta una conspiración de caníbales-pedófilos satánicos que dominan el Partido Demócrata, Hollywood y las finanzas globales. Según este delirio, esta conjura es responsable de todos los problemas del mundo y esto incluiría también a las vacunas.

En este marco, la realidad es falsificada a través de la negación de la ciencia, de la enfermedad y de los resultados electorales. Según señala el Washington Post, gran parte de la gente que profesa la evidente mentira de un complot de las vacunas para controlar los cuerpos de la gente, es la misma que cree en la gran mentira de una victoria de Trump en las elecciones presidenciales.

En concreto, no debería sorprendernos que la gente que niega la realidad en general, la niegue también en el sentido particular de las vacunas.

Un movimiento político que canaliza la paranoia

Lo que vemos ahora a nivel global, es una nueva alianza política de los ignorantes, los crédulos y los mentirosos. Antes de Trump, los anti-vaxxers no tenían un movimiento político que canalizara su paranoia. Esto es ahora posible para muchos de ellos, pues como ya había advertido el historiador del populismo americano Richard J. Hofstadter, la teoría de la conspiración y la sospecha indiscriminada fueron un elemento central del estilo populista xenófobo en Estados Unidos.

Pero si en Trump esta situación se presenta de forma ambigua en el sentido de que Trump también, contradictoriamente, quiere presentarse como el principal sostén de la vacuna y en este sentido juega a dos puntas: “pro-vacunas” para el público independiente y “anti-vacunas” para sus seguidores; en Brasil, Jair Bolsonaro ha adoptado una posición llanamente oscurantista.

Bolsonaro desanda una experiencia brasileña de más de un siglo de ser un país líder en campañas de vacunación masiva. Si Brasil fue un ejemplo para América Latina y el mundo; hoy es más bien lo contrario, un país gobernado por un paranoico extremo que hace un elogio de la superchería.

Bolsonaro ha dicho que no piensa vacunarse e incluso ha sostenido que la vacuna puede hacer que a las mujeres les crezca la barba y los hombres se conviertan en cocodrilos o que comiencen a hablar de forma “afeminada”. Como en Estados Unidos, la vacuna de Pfizer es la principal víctima de esta campaña de falsificación de la realidad que contiene elementos homofóbicos, xenófobos y nacionalistas.

Histórica paranoia

Nada de esto es nuevo. Como decía Hofstadter, el estilo paranoico ha existido desde mucho antes y de hecho era la marca principal de reaccionarios, y luego fascistas y antisemitas. “Este estilo ha circulado desde mucho antes de que la derecha extremista lo descubriera y sus objetivos han variado desde ‘la banca internacional’, los masones, los jesuitas y los fabricantes de armas”.

No siempre las cosas fueron así en la historia del populismo clásico. Fueron justamente los primeros regímenes populistas que llegaron al poder luego de 1945 los que dejaron detrás estos delirios. Cuando la necesitó, el populismo recurrió a la ciencia. Y de hecho históricamente, en los períodos clásicos de gobierno populistas la ciencia no sufrió ataques y generalmente el desarrollo científico y médico no fue ignorado. Más allá del folklore de espiritismo tan bien retratado por el escritor Tomás Eloy Martínez en La novela de Perón, sobre ocultismos y magias del peronismo de la Triple A con José López Rega e Isabel Perón a la cabeza, el peronismo, como el populismo en general, no fueron reaccionarios en su relación con la ciencia.

De hecho, el apoyo a la ciencia se extiende a la salud de los propios dirigentes quienes en muchos casos han prometido vacunarse primero. La situación es bien diferente para los nuevos populismos de extrema derecha. Para ellos la conjura de las vacunas es real y la realidad es simplemente descartable.

Foto de chaddavis.photography en Foter.com / CC BY

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