Trump & Twitter, Trump vs. Twitter…

¿Son Twitter y Facebook simples plataformas o verdaderos medios de comunicación? ¿Pueden circular e intervenir en ellas libremente y en igualdad de condiciones un laburante y un magnate, una organización secreta y una asociación civil, una simple ciudadana y el presidente de un país? ¿O se trata de una esfera social que reproduce las desigualdades existentes, con entramados ya establecidos por los que circulan quienes orientan el tránsito y quienes transitan en ella en autos blindados sin identificación, entes anónimos y gente de a pie con nombre y apellido?

¿Se está rompiendo el encantamiento de Trump con la plataforma que tanto contribuyó a catapultarlo a la Casa Blanca?

La respuesta es simple: ocurren todas esas cosas a la vez. Con eso es con lo que se ha topado el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, que, tras escoger a Twitter como principal herramienta de comunicación para librarse de medios y periodistas, se ha encontrado ahora con otros contratiempos y frenos. La empresa resolvió colocarle semáforos y carteles de advertencia a sus mensajes cuando éstos se salen de quicio, cosa que ocurre con frecuencia. ¿Se trata de decisiones editoriales o de reglas de juego para limitar abusos? ¿Se está rompiendo el encantamiento de Trump con la plataforma que tanto contribuyó a catapultarlo a la Casa Blanca?

El presidente reaccionó a su manera y firmó una orden ejecutiva para poner trabas a uno de los pilares de internet desde 1996: las redes sociales o los comentarios en un blog no pueden ser denunciados por lo que escriban los usuarios. Adujo cercenamiento de la libertad de expresión, pero Trump no es cualquier ciudadano, y su “apropiación” del instrumento como vehículo oficial para anunciar decisiones, divulgar datos, opinar lo que se le antoje, insultar o hacer campaña electoral tiene precisamente la característica de no admitir la “repregunta” de un periodista en conferencia de prensa, o el control que supone su difusión en un medio de comunicación.

Es el presidente y la audiencia, sin intermediarios. Pero ocurren avatares que pueden convertir el sueño del líder populista de la era digital 2.0 en una pesadilla. Por ejemplo, cuando las redes sociales difunden las imágenes de un homicidio racista cometido por un policía, se rompe el espejo de la realidad virtual y la gente se lanza a las calles en protestas como hace décadas no se veían en los EE.UU. Se produce entonces lo que Ernesto Calvo y Natalia Aruguete explican en su libro Fake news, trolls y otros encantos (Siglo XXI), como “la activación en cascada de una comunidad interconectada”. La imagen de George Floyd acaso pueda más que mil Fake news en la batalla de las narrativas.

*Texto publicado originalmente en diario Clarín, Argentina

Catálogo Foto de Livro en Foter.com / CC BY