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Arquitectura financiera internacional en tiempos de disputas geopolíticas y cambio climático

Las tensiones geopolíticas y el retroceso del financiamiento climático están redefiniendo las reglas del desarrollo para los países emergentes.

Por años, los líderes de los países emergentes y en desarrollo (PEED) destacaron las debilidades de las instituciones financieras multilaterales surgidas tras la postguerra. Una de las miradas más lúcidas del sesgo que impregnaba al esquema surgido en Bretton Woods es la del economista colombiano José Antonio Ocampo, quien planteaba la reforma del (no) sistema monetario internacional.

Si bien la crisis financiera global puede considerarse un factor decisivo en la irrupción de una nueva mirada a nivel macro, ha ido surgiendo la necesidad de considerar otros factores para repensar la estabilidad macro financiera de los países miembros. Es así como, tanto el Banco Mundial (BM) como el Fondo Monetario Internacional (FMI), comenzaron a destacar la necesidad de incluir lo climático en el análisis de riesgo soberano y a reconocer el nuevo escenario internacional signado por las disputas por el poder y la geopolítica.

Este nuevo escenario resultaría incompleto si dejáramos de mencionar a la extrema derecha y su mirada respecto a las diferentes crisis. Sus líderes no sólo niegan el cambio climático, también intentan deslegitimar las políticas ambientales y bloquear todo tipo de financiamiento. Detrás de ellos están las compañías petroleras, industria que históricamente ha negado, ocultado y desestimado el calentamiento global. En este marco, Donald Trump es el personaje más destacado, pero no debería desestimarse el papel de Javier Milei, Abelardo de la Espriella u otros líderes latinoamericanos que tratan de emular sus idea. El oscurantismo avanza y el negacionismo gana adeptos.  

Presionado por el gobierno norteamericano (su principal accionista), el BM viene de eliminar el objetivo de financiamiento climático.  Hasta ahora, la entidad tenía como objetivo destinar hasta un 45% de sus créditos en proyectos con beneficios climáticos (Climate Change Action Plan – CCAPs). Pero para Scott Bessent, secretario del Tesoro americano, la eliminación del requerimiento no solo mejorará la eficiencia, permitirá también que la entidad retome su misión original, que sería asistir “con créditos blandos a las empresas petroleras, preferentemente norteamericanas”.

De esta forma el Banco Mundial centra su objetivo en financiar las nuevas “bombas de carbono” asentadas en países en desarrollo. La contracara de ello no solo será una menor disponibilidad de fondos para la transición, sino también una condena que aleja a estos de las energías limpias y las tecnologías del futuro.

Paradójicamente dicho cambio se realiza a más de cuatro meses de iniciado el conflicto en medio oriente, donde el cierre del estrecho de Ormuz significó una gran reducción en la oferta petrolera. Los países asiáticos han resultado fuertemente perjudicados lo cual les ha obligado a rever su estrategia energética y repensar la seguridad a la luz de las energías renovables. China, mientras tanto, festeja. El conflicto no solo disparó las ventas de autos eléctricos o paneles solares, también ha marcado un hito fundamental en el proceso de cambio estructural de poder: de los petroleros a los electrones.

El cambio no solo se observa en la industria y el comercio, donde China domina la mayoría de las cadenas de valor. Implica también un fuerte impulso a la salida de sus empresas al mundo que se encuentran con una mayor receptividad de los países asiáticos a las inversiones extranjeras directas “verdes”. A ello se suma el aumento del financiamiento sustentable por parte de la banca china, como también las líneas de crédito verdes que otorgan las nuevas entidades multilaterales recientemente creadas, como el Nuevo Banco de Desarrollo (NDB) o el Banco Asiático de Infraestructura e Inversiones (AIIB), quien viene aumentando el monto de financiamiento verde. La crisis, en definitiva, está permitiendo a China presentarse como un socio para la transición y un garante de la estabilidad económica mundial.

Las disputas geopolíticas han trastocado la arquitectura financiera internacional. La banca multilateral con sede en Washington ya no cumple con su cometido de financiamiento del desarrollo. Este nuevo contexto podría diferenciar a los PEED según su cercanía a Estados Unidos, pues aquellos bajo su área de influencia resultan más expuestos a la presión: a pausar la transición. Por ello la decisión del BM de impulsar las inversiones en fósiles, refuerza el “sendero petrolero”.

Este camino alejará a estos países de los mercados más dinámicos, lo cual comprometería su inserción global en un futuro no muy lejano, aumentando la exposición al riesgo financiero asociada a la pérdida en valor de los activos carbono intensivos o activos varados. Las decisiones del presente pueden resultar muy costosas, y no solo por sus consecuencias económico-financieras. La firma de acuerdos bilaterales y la adhesión a mecanismos de resolución de disputas comprometen cualquier intento de cambio futuro.

Todo ello evidencia la extrema debilidad de nuestros países, cuyos márgenes de decisión se ven cada vez más comprometidos por la desidia de nuestra clase dirigente y el cortoplacismo de nuestras sociedades.

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Investigador Asociado del Centro de Estudios de Estado y Sociedad - CEDES (Buenos Aires). Autor de “Latin America Global Insertion, Energy Transition, and Sustainable Development", Cambridge University Press, 2020.

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