La llegada de Abelardo De la Espriella al poder confirma el giro de Colombia hacia una derecha de mano dura, marcada por el espectáculo político, la polarización y las promesas de orden.
La estrecha segunda vuelta presidencial dejó al descubierto una Colombia profundamente dividida y obligada a privilegiar la prudencia, el diálogo y la moderación para evitar una mayor polarización.
Tras transformar un país que parecía al borde del colapso, Colombia enfrenta ahora el desafío de adaptar sus políticas de seguridad a amenazas criminales más complejas y transnacionales.
La primera vuelta confirmó la polarización del país y dejó a De la Espriella con ventaja rumbo a un balotaje donde los votos de centro serán decisivos.