Los valores democráticos siguen siendo ampliamente respaldados, pero la desconfianza institucional y la polarización amenazan su vigencia en América Latina y Europa.
El fútbol sigue generando identidad colectiva en Brasil y Argentina, pero la fragmentación mediática y política ha reducido su capacidad para fortalecer la legitimidad del Estado.
El creciente desencanto ciudadano con democracias incapaces de garantizar bienestar, representación y futuro común pone a prueba la estabilidad política y social de América Latina.
Del narcisismo presidencial a la sacralización del poder, líderes contemporáneos mezclan política y religión en una peligrosa escenificación que tensiona las democracias.