Partidos en Latinoamérica: ideología antes que democracia

En su primer encuentro desde la pandemia, el ideológicamente izquierdista Grupo de Puebla huele una oportunidad. Mientras esperan «vientos progresistas» de los próximos procesos electorales, la izquierda democrática y la autoritaria cierran filas contra el neoliberalismo. La declaración final también apoya a las dictaduras latinoamericanas, lideradas por Cuba. Mientras tanto, el partido español populista de derecha VOX intenta posicionarse en América Latina como punta de lanza de la lucha anticomunista. Esta dinámica bipolar coloca en aprietos en particular a las fuerzas del espectro de centroderecha.

Radiantes y sin máscaras posaron frente al fotógrafo: el exprimer ministro español José Luis Rodríguez Zapatero, Rafael Correa, y el actual ministro de Relaciones Exteriores mexicano, Marcelo Ebrard. Acababan de inaugurar el Grupo de Puebla (GP), que reunió alrededor de 200 «líderes progresistas» del 30 de noviembre al 1 de diciembre en la capital mexicana. No obstante, estaba clara la señal que debería enviar la reunión bajo el lema «Cambio ahora»: la izquierda unida está de vuelta, ganando influencia y unificándose contra el oponente común. Pidió nada menos que la sustitución del «anacrónico modelo neoliberal» por un «modelo de desarrollo solidario».

Si bien el documento tiene pocos aportes concretos sobre cómo debería ser este nuevo modelo, se manifiesta en general en pro de un papel fuerte de los Estados en la inversión pública, de una sesión especial de la Asamblea General de la ONU respecto a los caminos globales para salir de la pandemia, de la descarbonización de la economía, del «multilateralismo», de un impuesto mínimo global de al menos el 21% y de los «valores del feminismo».

En cuanto al compromiso con la libertad y la democracia, el documento es ambivalente. Si bien pide «una democratización que dé espacio a nuevas voces», en el texto de 2629 palabras, democracia solo aparece una vez más como un concepto básico positivo.

Según su página web, el Foro de San Pablo reúne hoy a 123 partidos de 27 países, desde el Partido Comunista de Cuba hasta el Partido de Unidad Socialista de Venezuela (PSUV) y fuerzas de centroizquierda democráticamente establecidas como el Partido Socialista de Chile, el Partido de los Trabajadores de Brasil o el Frente Amplio de Uruguay. La diferencia organizativa más importante entre el FSP y el GP es que el primero es una asociación formal de partidos, mientras que el segundo está formado por un grupo de individuos. En ambas organizaciones, sin embargo, existe la misma fusión entre elementos autocráticos, populistas y democráticos. En ambos casos está claro que la ideología es más importante que la democracia.

Halagos para México, Cuba y Venezuela

Como regalo al anfitrión, por así decirlo, el GP celebra la «profundización de la democracia» del gobierno populista de izquierda del jefe de Estado mexicano Andrés Manuel López Obrador. Apenas unos días antes, este había emitido un decreto que le permitirá, en lugar del proceso de licitación legal, llevar a cabo importantes proyectos de infraestructura prácticamente a dedo y sin ninguna transparencia. Sin embargo, la expresidenta brasileña Dilma Rousseff celebró al gobierno mexicano como una «luz» para la «integración latinoamericana».

La declaración final del GP también adopta sin restricciones la retórica de la dictadura cubana cuando se solidariza con «el pueblo cubano» y nombra a las sanciones estadounidenses como la causa del «malestar social» y las más recientes protestas de «redes y enemigos de la revolución cubana financiadas y promovidas desde Estados Unidos». El GP también declara su «apoyo a la democracia venezolana» y rechaza cualquier «injerencia extranjera».

Está claro que la izquierda internacional en América Latina huele una oportunidad. Tras los cambios de rumbo político en México (2018) y Argentina (2019), el eje político se desplazó más a la izquierda por las elecciones en Bolivia (octubre de 2020) a través de Chile (elección a la asamblea constituyente en mayo de 2021), Perú (junio de 2021) y más recientemente en Honduras (noviembre de 2021). Según el expresidente colombiano Ernesto Samper, en la Ciudad de México se depositaba una gran esperanza en un persistente «viento progresista» en la región y, por ende, en una victoria electoral de Gabriel Boric el 19 de diciembre en Chile, del populista de izquierda Gustavo Petro en Colombia en 2022 y del expresidente Lula da Silva en octubre de 2022 en Brasil.

La respuesta desde la derecha populista

Como antagonista de las dos alianzas de izquierda desde el comienzo de la pandemia, ante todo el partido populista de derecha español Vox intenta posicionarse específicamente. Su presidente, el diputado español Santiago Abascal, impulsa intensamente el Foro Madrid, una «alianza internacional para contrarrestar el comunismo en la Iberosfera». El objetivo es encontrar una «respuesta al Foro de San Pablo y el Grupo de Puebla».

Para enfrentarlos, diferentes líderes políticos y sociales de diferentes orientación política deberían acordar algunas declaraciones esenciales: el reconocimiento del «avance comunista» como una amenaza a la ley y la libertad, el compromiso con el Estado de derecho, la separación de poderes, la libertad de expresión y propiedad privada, la «defensa» de las libertades políticas y sociales, así como la promesa de los firmantes de trabajar por la democracia, los derechos humanos, el pluralismo y la justicia. En gran parte no prestando atención a la pandemia, las delegaciones de VOX viajaron en 2021, en particular el propio Abascal, su colega Víctor González Coello de Portugal y el eurodiputado español Hermann Tertsch a varios países latinoamericanos como Colombia, México, Perú y Ecuador, así como a Estados Unidos.

Al hacerlo, consiguieron persuadir a numerosos representantes de la política y la sociedad civil a que firmaran la Carta de Madrid. Entre los firmantes se encuentran políticos de partidos populistas de derecha en estrecha armonía con los del centro político. Este activismo se complementa con la Fundación Disenso, cercana a VOX, también dirigida por Abascal, que invita a jóvenes políticos latinoamericanos a programas de estudio en España. De esta forma, VOX reúne en un proyecto común a actores de filiación dudosamente democrática con representantes de partidos firmemente establecidos en el centro político.

La comparación con lo que sucede del otro lado político no parece del todo absurda. En forma colateral el partido populista de derecha español, como autoproclamada punta de lanza contra el «totalitarismo» y el «comunismo» latinoamericanos, se está ganando una legitimidad internacional que de otro modo difícilmente habría podido lograr. Por tanto, no es de extrañar que Abascal quiera más para el futuro: una estructura permanente y un plan de acción anual.

¿Y el centro político?

Comprometidos en la responsabilidad de gobierno en el contexto del covid-19 u ocupados con problemas internos, muchos partidos moderados quedaron bastante sorprendidos ante tal activismo. Dirigirse a individuos en lugar de estructuras partidarias enteras permite que tanto el Grupo de Puebla como el Foro Madrid ignoren a estas últimas.

Justamente para los representantes de los partidos de centroderecha, a menudo lentos, no es fácil reaccionar adecuadamente a esta táctica. Es grande la tentación de saltar al barco común con VOX contra la izquierda organizada y cada vez más fuerte. A menudo hay una falta de conciencia de que una acción realmente creíble contra el autoritarismo de izquierda organizado en la región solo es posible con socios cuya identidad democrática libre esté fuera de toda duda.

*Publicación original en alemán en el sitio web de la Fundación Konrad Adenauer, el 13 de diciembre de 2021.


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