Desintegración económica y fragmentación política en Sudamérica

La reanudación del crecimiento económico posterior al período de Covid-19 en América del Sur debería ser mucho más lenta que en cualquier otra región del mundo.

Dos fenómenos que ya se producían antes de la pandemia representan una parte importante de este desastre regional sin precedentes: la desintegración económica y la fragmentación política. El país más grande de América del Sur ha perdido su papel de líder en ambas cuestiones y no hay ningún vecino que lo reemplace.

América del Sur tiene un nivel históricamente bajo de comercio intrarregional, algo entre el 15 y el 20% de lo que los países de la región compran y venden se hace con sus vecinos. Entre 2004 y 2017, el 17% de las exportaciones del Brasil se destinaron a América del Sur. Esta cifra cayó al 15% en 2018 y sólo al 12% en 2019. En 2020, menos del 10% de las ventas totales de Brasil han ido al conjunto de los países sudamericanos.

Este fenómeno es especialmente grave si se tiene en cuenta la composición de las exportaciones a las distintas regiones. El comercio intrarregional es mucho más intenso en el sector de las manufacturas. Del total exportado por Brasil a América del Sur, más del 80% es de productos industrializados, a Europa el 35%, a China menos del 3%. La misma cantidad exportada por el Brasil a la Argentina genera, en promedio, cinco veces más empleos que a China.

La reprimarización de las economías y las exportaciones de América del Sur tiende a hacerlas menos complementarias y más competitivas entre sí.

La reprimarización de las economías y las exportaciones de América del Sur tiende a hacerlas menos complementarias y más competitivas entre sí. En el primer semestre de 2020, el comercio de Brasil con América del Sur cayó un 42% con respecto al mismo período en 2019, una disminución siete veces mayor que el comercio de Brasil con el resto del mundo, con quien se redujo en un 6%.

Al mismo tiempo que se desintegra comercialmente, la región se fragmenta políticamente, tanto entre los países como dentro de ellos. En 2019, se produjeron importantes protestas sociales en Chile, Perú y Ecuador, cuyas tensiones subyacentes aún no se han resuelto. En Bolivia, el gobierno interino ya ha pospuesto la fecha de las elecciones tres veces. En Venezuela, la crisis está empeorando y parece que la capacidad de los países vecinos para fomentar el diálogo o apoyar cualquier transición política está disminuyendo.

La agenda de gobernabilidad regional, que incluía a todos los países cuyo mayor ejemplo era la Unión de Naciones Sudamericanas (Unasur), ha sido sustituida por iniciativas fraccionadas como el Foro Prosul y el Grupo de Lima, con una falta de institucionalidad y escasos o nulos resultados concretos. Las limitaciones de estas nuevas iniciativas de gobernanza regional se hicieron más evidentes durante la pandemia.

Organizaciones regionales como la Unión Europea, la Unión Africana y el Sistema de Integración Centroamericana (SICA) han logrado elaborar planes regionales para luchar contra la propagación del Covid-19. Además han creado medidas para estimular el comercio intrarregional y propuestas conjuntas para reanudar el crecimiento. América del Sur ha fracasado en todos los casos.

En Europa, África y América Central fueron las respectivas burocracias de las organizaciones regionales las que catalizaron las propuestas y elaboraron el programa de recuperación económica

Entre 2018 y 2019, había desactivado el Consejo Sudamericano de Salud y el Instituto Sudamericano de Gobierno en Salud, ambos vinculados a la Unasur, sin crear organismos nuevos para ocupar su lugar. En Europa, África y América Central fueron las respectivas burocracias de las organizaciones regionales las que catalizaron las propuestas y elaboraron el programa de recuperación económica. En el caso de África y América Central, estas organizaciones desempeñaron un papel importante en la gestión de los recursos de cooperación internacional.

En los últimos años, una parte importante del acervo de integración se ha perdido en diferentes áreas como la infraestructura y la defensa. La cartera de proyectos de la Iniciativa de Integración de la Infraestructura Regional Sudamericana (IIRSA), creada en 2000 en el marco de la primera reunión de los doce presidentes del subcontinente, ya no se actualizó en 2017. El Consejo de Defensa Sudamericano también dejó de reunirse.

En cualquier momento histórico o zona geográfica, la aparición concomitante de una baja interdependencia económica y de crecientes polarizaciones políticas es una receta para el fracaso de la civilización. El vacío de consulta regional abre el espacio para una mayor presencia e interferencia de las potencias externas. América del Sur es ahora más vulnerable a las controversias extrarregionales.

Lo trágico para América del Sur es el fenómeno de la fragmentación política y la gobernabilidad regional y la desintegración económica y comercial, que se han ido retroalimentando con mayor intensidad durante la pandemia, formando una espiral que parece no tener fin.

En la primera quincena de septiembre, los presidentes de varios países de la región se reunirán virtualmente en una Cumbre del Foro Prosul, prevista inicialmente para marzo. Se espera que la magnitud de la crisis en América del Sur y las respuestas regionales satisfactorias en otras partes del mundo hagan que los jefes de Estado sean conscientes de la necesidad de reanudar las consultas regionales con sus propias instituciones. Inmediatamente, reactivar las instancias relacionadas con la salud y la recuperación económica, en particular en lo que respecta a la infraestructura y la financiación y las garantías para el comercio intrarregional.

Foto de Chancellery Ecuador en Foter.com / CC BY-SA