Transcurridos varios días desde la elección presidencial, el conteo se encuentra en más del 93% de los votos escrutados, según el portal de la Oficina de Procesos Electorales (ONPE). El primer lugar lo ocupa Keiko Fujimori (Fuerza Popular) con 17% de votos válidos. Le sigue Roberto Sánchez (Juntos por el Perú) con el 12% y muy cerca Rafael López Aliaga (Renovación Popular) con el 11.9%. La diferencia entre ambos bordea los trece mil votos. Y aún existen más de cinco mil actas observadas o impugnadas, cuya absolución será determinante para definir al candidato que compita contra Fujimori, quien pasa por cuarta vez al balotaje.
Como es usual, la concentración del voto es muy distinta en las diversas zonas del país. En Lima se observa una clara preferencia por el candidato de derecha López Aliaga con 21%, mientras que en el sur tiene mayor respaldo el candidato de izquierda Sánchez, como en el caso de Cusco con el 23%. En Loreto, distrito electoral del oriente, Fujimori cuenta con 28%, al igual que en circunscripciones del norte del país como Tumbes o Piura. Mientras que los peruanos residentes en el exterior votaron en un 26% por el candidato de Renovación Popular y en un 17% por Fujimori.

Las encuestas de la víspera anticipaban un triple empate por el segundo lugar. Se reportó una alta volatilidad del voto en los últimos días, en los que estaba prohibida la publicación de encuestas. Cinco candidatos concentran aproximadamente el 50% de votos emitidos. Lo cierto es que la fragmentación política vuelve a evidenciarse como en el 2021, pues van a competir en segunda vuelta dos candidatos que sumados no alcanzan el 30% de votos válidos, aproximadamente el 25% de votos emitidos.
Por otro lado, la proyección de la participación electoral superó a la registrada en las elecciones de 2021 durante la pandemia. Y el caso de los peruanos en el exterior es significativo, pues se ha registrado una asistencia del 40%, muy superior a la participación histórica.
Una jornada electoral atípica
La jornada electoral no se desarrolló con la normalidad con la que suelen realizarse las elecciones en Perú. Hubo graves fallas logísticas en la distribución del material electoral en Lima que afectaron el horario de apertura de mesas de sufragio, lo que afectó la legitimidad del proceso. El Jurado Nacional de Elecciones (JNE) ha formulado una denuncia penal, mientras que la Contraloría y hasta el Congreso han iniciado acciones de control convocando a las autoridades electorales.
En los días siguientes a la elección, López Aliaga ha denunciado un fraude mediante un operativo premeditado para afectar a determinado grupo de sus electores en la capital. Otros candidatos que quedaron postergados en la elección se han sumado al pedido de un nuevo proceso electoral. Sánchez ha anunciado movilizaciones si no se respeta el resultado electoral. A la fecha existen más de una docena de pedidos de nulidad de elecciones, pero ese supuesto está previsto únicamente cuando dos tercios de los votos son nulos o en blanco. El JNE deberá resolver estos pedidos, así como la impugnación de actas. Sus voceros señalan que este proceso puede demorar algunas semanas más.
Las investigaciones determinarán las razones de las irregularidades, inusuales en los procesos electorales en el país. Sin embargo, de allí a un fraude o de operativos premeditados para afectar a determinado grupo de electores hay un salto sobre el cual no hay evidencia.
El mayor daño generado es respecto a la desconfianza en las elecciones y en los propios organismos electorales. De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística, en 2017 la desconfianza en la ONPE era de 68.5% y del 71.4% en el JNE. En 2025, esta creció a 77.9% y 80% respectivamente. A ello contribuyó sin duda la imputación de fraude electoral en 2021, lo que no logró probarse en las instancias del JNE ni en la comisión investigadora creada para tal fin en el Congreso.
Escenarios de Segunda Vuelta
El 7 de junio será la segunda vuelta electoral. Un primer escenario es que la contienda enfrente a la candidata de derecha y el candidato de izquierda que reivindica el castillismo. Ello volvería a polarizar a la ciudadanía en torno o ejes ideológicos y reabriría clivajes territoriales entre Lima y el norte y el sur andino. En ese caso, el reto será captar al electorado moderado que no se identifica con ninguno de los extremos.
Un segundo escenario es una segunda vuelta ente dos candidaturas de derecha. Ello enfrentaría dos perfiles distintos: una derecha más popular frente a otra más conservadora. En ese supuesto, el antivoto jugará un rol central y las estrategias de campaña serán decisivas. Profundizar la confrontación puede afectar las futuras coaliciones parlamentarias necesarias para gobernar en un Congreso sin mayoría de ningún partido.
El nuevo Senado
Por otro lado, a partir de julio el Congreso vuelve a ser bicameral. Será determinante para la dinámica parlamentaria quién gane las elecciones presidenciales. En los últimos años, los constantes cambios en la presidencia de la república desnaturalizaron la clásica relación entre gobierno y oposición. De hecho, aun cuando los resultados oficiales están pendientes, con la información disponible se puede afirmar que en ningún escenario el ejecutivo tendrá mayoría propia.
Se proyecta un Senado integrado por seis partidos políticos, tres de los cuales son nuevos y en la medida que serían los mismos en ambas cámaras, se espera una coordinación partidaria de la agenda legislativa. Este hecho no es menor ya que los senadores no cuentan con iniciativa legislativa y podrían consensuar con los diputados de su partido.
En Perú, el Senado tiene un gran poder de veto. Fuerza Popular lograría 22 de los 60 escaños, por lo que podría controlar ese veto para las decisiones que requieren dos tercios de votos como la vacancia presidencial por permanente incapacidad moral. Además, las posibilidades de armar coaliciones no dependen solo de los partidos políticos sino de la articulación que logren dentro de sus bancadas, pues el vínculo entre los políticos y sus partidos es muy débil, como lo muestran los numerosos casos de transfuguismo.
En definitiva, el proceso electoral no ha cerrado el ciclo de inestabilidad política en Perú y las instituciones siguen debilitadas. Los escenarios que se abren dependen de cuánto pueda el sistema político absorber el descontento derivado del resultado de esta primera elección presidencial. Mientras tanto, algunas regiones y partidos ya se encuentran en otra campaña, la de las elecciones subnacionales que se realizarán en octubre.










