Sabemos que la pregunta recurrente en la mente de todos los colombianos en este momento es la misma: ¿cómo podemos ayudar? En medio de la tragedia por el terremoto de 7,4 que ha dejado a 11 departamentos afectados, la historia que conecta al país entero es de resiliencia, de encontrarse para aportar. También hay mucha frustración y dolor, tanto en la diáspora, que se siente lejos de su territorio justo cuando pasamos uno de los momentos más complejos de la historia colombiana, como en las personas que viven en ciudades que no fueron afectadas por el sismo. Por eso es importante que podamos reconocer las maneras de ayudar y, también, la importancia de cuidarnos a nosotros mismos.
Hay una imagen que se torna útil cuando hay tragedias como este terremoto: la cadena humana. En los lugares afectados, vemos cómo personas desconocidas, pero unidas por la solidaridad, se hacen en fila para pasar de una a otra lo que sea que se necesite transportar. Es un acto tangible de una realidad abstracta: nos necesitamos unos a otros para sobrevivir a este momento. Nuestra invitación es a comprender que esa cadena no necesita presencia física. Para quienes están lejos de las zonas afectadas, su sola disposición a encontrar maneras de aportar, el acercarse a otras personas que la están pasando mal, los hace parte de una gran cadena.

Es común, después de desastres naturales, que haya una especie de “culpa de los sobrevivientes”. La hemos visto en redes sociales y en conversaciones individuales, con los colombianos sintiéndose mal por no poder “hacer más” en medio del desastre. Esta es una sensación particularmente presente en la diáspora. Ante eso, la recomendación es reconocer que nos encontramos ante una tragedia casi sin precedentes en la historia reciente del país, pues se trata del terremoto más grave en 50 años. Es fundamental validar las emociones de duelo, desazón y desesperanza que se sienten. Al mismo tiempo, es clave darse espacio para sentir la frustración, mientras que también cuestionamos la idea de una “culpa” compartida. No solo porque es falso creer que alguien particular tiene una culpa por lo ocurrido, sino porque es un sentimiento que genera malestar emocional y aplasta en vez de movilizar.
También es muy importante recordar que esto es una maratón. Si bien las labores de rescate y apoyo inmediato tienen, por su naturaleza, que ser veloces, las víctimas seguirán sufriendo en el tiempo por venir. No podemos distraernos ni tampoco diluir nuestros recursos. El acompañamiento tendrá que ser continuo.
Reconocemos el trabajo de la Cruz Roja colombiana, que ha logrado llegar a todos los municipios afectados. Una donación a ellos es un buen primer paso. También los invitamos a buscar organizaciones que estén haciendo un trabajo transparente en el lugar que eligieron. Así ayudamos al país a empezar su larga reconstrucción y proceso de sanar las heridas abiertas.










