Los vaivenes de la izquierda en el nuevo superciclo electoral

La victoria de Gabriel Boric en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales en Chile le dio un corte definitivo a la incertidumbre que reinaba en un escenario político polarizado, donde cada uno de los candidatos intentó matizar posturas y conquistar el centro; la centroizquierda en el caso de Boric y la centro-derecha en el caso de Kast.

Esta victoria de la izquierda, sin duda, marca un hito importante en el desarrollo del nuevo superciclo de elecciones en América Latina. Nos ayuda a contestar la pregunta de si en esta ronda estamos viendo el péndulo volcarse a la izquierda, en contraposición al giro a la derecha que se dio en el pasado superciclo. 

El sinuoso camino de la izquierda

Hasta ahora, lo que se puede apreciar en la región es un leve y sinuoso repunte de la izquierda. Las elecciones nacionales bolivianas iniciaron ese proceso, eligiendo por cómoda mayoría al sucesor de Evo Morales, Luis Alberto Arce. El Perú también se fue a la izquierda, por estrecho margen, y las elecciones para la constituyente en Chile fueron un fenómeno muy sui generis, pero en el que predominaron fuerzas “progresistas independientes”. Las recientes elecciones en Honduras le dieron una rotunda victoria a la candidata Xiomara Castro, que se expresaba de manera muy clara por una opción de izquierda. El caso de Chile viene a sumarse a esta tendencia.

Además, y ya más bien en un plano prospectivo, la izquierda tiene grandes chances en dos de los países más importantes de la región. Por un lado, Lula reaparece en Brasil, liderando las intenciones de voto, y, por el otro, Gustavo Petro se mantiene en punta en lo que se refiere a intención de voto en Colombia, mientras la centro-izquierda intenta salir con un candidato de consenso.

Las elecciones en Ecuador y las legislativas en Argentina dieron el contrapunto. Guillermo Lasso, un neoliberal democrático e institucionalista finalmente logró su cometido, y en Argentina Juntos por el Cambio superó al Frente de Todos en votos totales y logró un mejor posicionamiento en el Legislativo. Aunque hay una paridad en Diputados, el kirchnerismo perdió el control del Senado.

Los desafíos del pragmatismo

Los desafíos de la izquierda democrática en América Latina son múltiples y difíciles de remontar. Tanto en los países con una o dos vueltas electorales, la construcción de alianzas es el desafío político-electoral más importante. Sin alianzas la izquierda no llega. Así como Boric negoció con la centro-izquierda, estrechando lazos con los actores de la Concertación, es muy probable que el Pacto Histórico liderado por Petro tenga que negociar con la centro-izquierda en el caso de que se vuelvan a polarizar las opciones en la segunda vuelta. Lo mismo cabe para el caso de Brasil.

Además, el péndulo se mueve a la derecha o a la izquierda, no necesariamente por el atractivo de las propuestas, sino por el rechazo hacia quienes gobernaron durante la pandemia. El voto de rechazo es fundamental para ganar elecciones, pero no tiene que ver con el marco ideológico, sino más bien con temas coyunturales. El trabajo, la seguridad ciudadana, la calidad de los servicios y del empleo son algunas de los temas que inciden en los ciudadanos.

Este tipo de apoyo político tiende a ser escéptico con las grandes narrativas de los líderes políticos y clama por mejoras a corto plazo. Pero el voto de rechazo puede revertirse rápidamente. Las elecciones regionales de 2021 en Bolivia, por ejemplo, demostraron una pérdida de entusiasmo por el gobierno de izquierda de Arce. Esta corta mecha representa un enorme escollo para los nuevos gobiernos, ya que cuando llegan al poder se encuentran con Estados inoperantes, corruptos y a menudo penetrados por el crimen organizado. Y en ese marco, mostrar resultados inmediatos es sumamente difícil por lo que cualquier aspirante tendría que prever medidas rápidas de impacto y que preferiblemente no tuvieran que pasar por el Congreso.

Justamente, es ese Congreso el otro factor a tomar en cuenta. Por visionaria que sea la narrativa del Presidente electo, este no puede menospreciar la opinión y el peso del Legislativo. Pedro Castillo está sufriendo los embates de un Congreso que en cualquier momento puede lograr una mayoría para declarar su incapacidad. No importa por cuánto margen gane Boric, el Congreso ya tiene una composición en la que la derecha tiene una voz y un voto contundente.

Ante dichos escenarios, lo que queda es el arte de lo posible y la construcción de un discurso de política pública a la medida para cada tema y cada correlación de fuerzas que se presenta. Ello incluye, desafortunadamente, el debate sobre la política fiscal y los planteamientos de justicia redistributiva que quiera plantear la izquierda. En dicho ámbito, el espacio fiscal y el endeudamiento serán siempre  grandes limitantes. Los casos de Honduras y Argentina, en contextos muy distintos, nos dan la pauta de que se puede protestar y negociar con el FMI, pero eventualmente, nadie, en estas épocas, puede soslayar el rol esencial que desempeña el crédito y los factores que lo habilitan.

El proyecto de largo plazo

En este juego de posibilidades que tiene la izquierda democrática no se debe entender que la consigna es abandonar las grandes narrativas de cambio y transformación, sino que se proceda a un proceso de construcción política democrática y reforma del Estado a más largo plazo. Aunque es lento y gradual, lo que está en juego es sumamente importante. Por un lado, está la necesidad de hacer de contrapeso a la amenaza de los movimientos populistas de derecha con su neofascismo digital, dispuestos a torpedear la institucionalidad del Estado de Derecho. Y por el otro lado, marcar la diferencia frente a la deriva autoritaria de Venezuela, Nicaragua y Cuba que siempre están ahí, para ofrecer a la derecha la mejor plataforma para establecer paralelismos falsos, acusando a demócratas auténticos de ser agentes del “castro-chavismo”.


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