Perú: la hora de El Quijote

La crisis política reciente en el país andino muestra que ya no hay “salvadores de la Patria” que se alcen con el poder a través de golpes de Estado y eso está bueno; el Perú se rescata desde la literatura, la cultura y el puñado de políticos no enchastrados de corrupción. Parece que han encontrado a la figura indicada, un presidente interino -Francisco Sagasti- al que llaman “el Quijote”, para encarrilar el proceso político tras la vacancia institucional provocada por la destitución de Martín Vizcarra.

Es inevitable la referencia a la frase que Mario Vargas Llosa puso en boca de su personaje protagónico -Zavalita- en Conversación en La Catedral: todos se preguntan “En qué momento se jodió el Perú” para abordar la crisis institucional suscitada tras la destitución del presidente Vizcarra por una mayoría parlamentaria.

Todo comenzó a echarse a perder hace treinta años, con la llegada de Alberto Fujimori a la presidencia en 1990

Todo comenzó a echarse a perder hace treinta años, con la llegada de Alberto Fujimori a la presidencia en 1990, cuando decidió cerrar el Congreso y convertirse en un dictador electivo en abril de 1992. Al cabo de casi una década en el poder, dejó una democracia estropeada. De los nueve presidentes que tuvo Perú desde el fin del régimen militar en 1980, siete fueron condenados, enchastrados por escándalos o con investigaciones judiciales en curso.

Fujimori cumple condena por crímenes y corrupción. Alan García se suicidó antes de ser detenido, Alejandro Toledo con libertad bajo fianza en los EE.UU, Ollanta Humala procesado en libertad condicional; y los más recientes, Pedro Pablo Kuczynski –destituido- bajo la lupa por el escándalo de Odebrecht, Vizcarra –también removido- investigado por supuestos sobornos cuando era gobernador, y el efímero Manuel Merino, por la muerte de dos manifestantes. Sólo Fernando Belaúnde Terry (1980-1985) y Valentín Paniagua, que gobernó ocho meses en 2000-2001, salieron indemnes de este naufragio de su clase política.

La debacle de los partidos políticos tradicionales genera además que en el Congreso peruano primen los intereses personales y facciosos. Pero se puede ver también de otro modo, ampliando el foco de su historia: los últimos veinte años son uno de los periodos más prolongados de democracia en Perú, considerando que en los siglos XIX y XX predominaron los regímenes militares o civiles autocráticos.

Asimismo, como ocurriera en otros países de la región, las instituciones representativas y las reglas democráticas sobrevivieron en este período a tres derrumbes simultáneos, por el lado del régimen político y por el lado del modelo socioeconómico: el del “presidencialismo de emergencia”, jugado como fórmula de gobernabilidad, el de las formas de representación política tradicionales dominadas por grandes partidos, y el de las reformas neoliberales, como programa que daba andamiento a la acción de gobierno.

En su conjunción, y en tren de agregar un artefacto conceptual más a las categorías con las que la ciencia política buscó explicar las derivas de las democracias latinoamericanas en aquellos años, llamamos al modelo que dominó durante la última década del siglo pasado como “presidencialismos de mercado” (un compuesto de decisionismo político y desestatización de la economía).

Las fórmulas de respuesta que sobrevivinieron al derrumbe de estos “presidencialismos de mercado” pueden denominarse tentativamente como “neo-parlamentarismos de crisis” o “neo-parlamentarismos de transición” y se definen como una forma híbrida de sistema presidencial con base parlamentaria y componentes variables de parlamentarismo en el funcionamiento del sistema político, con una búsqueda de nuevos equilibrios en el aspecto económico-social.

Otro factor a tener en cuenta es la tensión existente entre estos “parlamentarismos de transición” y el régimen político y la cultura política tradicional, que sigue siendo fuertemente presidencialista. El hecho de que presidentes surgidos del “poder parlamentario” puedieran contar con mayores recursos institucionales que presidentes consagrados por el voto popular, pero fuertemente desgastados en el ejercicio del gobierno, no deja de considerarse, en este caso, como una anomalía. En el caso peruano, si hace veinte años fue la crisis del hiper-presidencialismo consumado por Fujimori lo que llevó al esfuerzo de salvataje parlamentario, ahora es el propio Congreso el que debe reconstruir la institución presidencial menoscabada.

Las esperanzas del salvataje están depositadas en un nuevo presidente surgido del Congreso.

Las esperanzas del salvataje están depositadas en un nuevo presidente surgido del Congreso, Francisco Sagasti Hochhausler; un ingeniero industrial de 76 años, con vasta experiencia académica y de gestión, en su país y en organismos internacionales, que aparece como una figura apropiada para conducir un gobierno de transición hasta las elecciones de abril del año que viene: moderado, con capacidad intelectual y compromiso social, y no salpicado -hasta el momento- por denuncias de corrupción, hace tiempo que una figura de esta estatura no aparece en el firmamento del liderazgo político latinoamericano.

A Sagasti lo llaman “El Quijote” por su aspecto físico y su estilo. Y empezó bien: al asumir, expresó su vergüenza por el comportamiento de la clase política de su país y reivindicó a los jóvenes de “la generación del Bicentenario” que salieron a las calles a reclamar por el respeto a la voluntad popular. La nueva jefa del Gabinete, que integrarán ocho mujeres sobre un total de 19 ministerios, es la abogada Violeta Bermúdez, de 59 años, una experta en temas constitucionales y de género. El elenco ministerial incluye además la primera mujer, Nuria Esparch, como titular del Ministerio de Defensa y a tres ex colaboradores del destituido presidente Vizcarra.

Ya no hay más hombres o mujeres providenciales que se consideren “salvadores de la Patria”, es un dato a destacar. Acaso tampoco esté nada mal que el piloto de tormentas que pueda llevar ese barco a buen puerto tenga algo del Ingenioso Hidalgo, entre la literatura y la política, imaginando otros mundos posibles para abrirse paso entre tantas desventuras y calamidades.

Copyright Clarín y Latinoamérica21, 2020.

Foto por PCM Photo Gallery, Peru. em Foter.com / CC BY-NC-SA

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