Argentina: peronismos de todos los colores

Tanto se ha escrito y dicho sobre el 17 de octubre de 1945 en la Argentina como un mito fundante, una bisagra y parteaguas histórico, una fecha icónica que se identifica con el nacimiento del peronismo. Un componente vivo del relato histórico-político que comenzó hace 75 años y perdura hasta nuestros días. Y un “artefacto caleidoscópico”: según cómo va girando coloca las piezas de lo ocurrido esa jornada en que Perón fue aclamado en la Plaza de Mayo por primera vez, de diferentes modos. ¿Fue una movilización espontánea –“el pueblo dando una batalla directa a la oligarquía y triunfando como consecuencia de una política de masas”, como definió John William Cooke- o una puesta en escena orquestada desde el poder, según la descripción de otros autores? ¿Significó una revolución “desde abajo” o “desde arriba”? ¿Una revolución social o una reposición restauradora para prevenir dicho cambio revolucionario?

Ese día, el pueblo en las calles le torció el brazo por primera vez a una dictadura militar. Acto seguido, consagró al ex hombre fuerte de esa misma dictadura como nuevo líder popular, al frente de un movimiento político de masas identificado con la causa de los trabajadores y la bandera de la justicia social.

un fenómeno revolucionario, porque llegó para cambiar el statu quo imperante, pero también conservador, por que aspirará a reponer un equilibrio social que considera amenazado o alterado por factores exógenos

¿Pesaron más las masas obreras que irrumpían como actor protagónico, los pronunciamientos de las organizaciones gremiales o las intrigas palaciegas y los movimientos político-militares en los círculos de poder? Como lo señalamos en varios trabajos con Santiago Senén González, el acta de nacimiento del peronismo llevará esa característica contradictoria y multifacética que marcará sus derroteros: será un fenómeno revolucionario, porque llegó para cambiar el statu quo imperante, pero también conservador, por que aspirará a reponer un equilibrio social que considera amenazado o alterado por factores exógenos o “distorsivos” (“el antipueblo”, “la oligarquía”, la “lucha de clases”, “el neoliberalismo” y así hasta nuestros días…).

Un hecho cuya significación fue cambiante y contradictoria también para los observadores extranjeros. No sólo por la importancia que tuvo para la opinión pública internacional, las relaciones exteriores y especialmente, las relaciones entre los EE.UU. y América Latina. Sino también por la alta incidencia que tuvo esta mirada externa en la propia evolución de los acontecimientos y en el comportamiento de los actores principales.

Entre mediados de 1945 y comienzos de 1946, en apenas cuatro meses, la principal fuente de preocupaciones que representaba la Argentina para los Estados Unidos tomaba un drástico cambio de rumbo: la baliza titilante de la “amenaza nazi” en Sudamérica se apagaba sobre los mapas del Departamento de Estado y el Pentágono; en su lugar, se encendían las luces de alerta ante el “peligro comunista” en el sur del continente.

Perón, cuyo liderazgo se había arropado en el militarismo prusiano y el populismo antiliberal que erizaban la piel de la mayoría de diplomáticos y observadores occidentales de aquellos años ‘40, logró construir al calor de estos tiras y aflojes, tensiones y gestos con Washington, una estrategia y una doctrina -la Tercera Posición- que le permitirá acumular y mantener el poder doméstico frente a izquierdas y derechas y adaptarse a la nueva hibernación geopolítica, de la neutralidad durante la Segunda Guerra a la Tercera Posición durante la Guerra Fría. Décadas más tarde, se repetirá la escena, representada por otro coronel admirador de una de las versiones de aquel primer Perón, el comandante Hugo Chávez, al frente de su propia revolución en Venezuela con aspiraciones a exportarla al resto de América Latina en su cruzada antimperialista frente a Washington.

También en esa interacción entre las dimensiones externas y domésticas de la política se fraguó el peronismo, con sus múltiples facetas, haciendo equilibrio entre antagonismos pero también incluyendo esos antagonismos en su propio seno, con las consecuencias dramáticas que ello trajo a lo largo de su historia. Por un lado, su notable capacidad de adaptación y perdurabilidad.

presidencias que fueron del “populismo neoliberal” de Carlos Menem al “populismo progresista” de Néstor y Cristina Kirchner

Durante sus primeros 29 años, hasta la muerte del líder, los primeros diez en el poder, los siguientes 17 desde el exilio y en la proscripción, y los últimos diez, ya anciano y en su tercer gobierno que apenas pudo sobrevivir a su desaparición física, con la instalación de la última dictadura. Y desde la recuperación de la democracia, en 1983, 25 años en el gobierno y 12 en la oposición, con presidencias que fueron del “populismo neoliberal” de Carlos Menem al “populismo progresista” de Néstor y Cristina Kirchner.

Esa misma versatilidad del peronismo para acompañar los cambios de época conteniendo a los extremos del arco político y manteniendo el conflicto latente demarcando la difusa línea divisoria entre “amigos” y “enemigos”, será también su limitación y problema, en el momento en que los ciclos políticos se agotan o estallan sus contradicciones internas y las disputas por el liderazgo vacante o mengüante.

El actual momento político de la Argentina contiene esa dinámica del proceso histórico y las crisis que de ella se derivan: un liderazgo, el de Cristina Kirchner, que persiste en el gobierno al costo de permanecer en el segundo plano, como vicepresidente, como “poder en las sombras”. Y un gobierno, el del presidente Alberto Fernández, debatiéndose con un poder real que le restringe su capacidad de maniobra para ganar fuerza propia y trascender el “momento carismático” de quien lo designó como candidato. Variantes de un mismo fenómeno, propio de un país singular, pero que como bien lo señaló Alain Rouquié en “El siglo de Perón. Ensayo sobre las democracias hegemónicas”, no pertenece solo al pasado ni es exclusivo de un país concreto de América del Sur.

Copyright Clarín, 2020.

Foto de hernanpba en Foter.com / CC BY-SA

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