El impacto de la delincuencia organizada en América Latina

América Latina es una de las regiones más afectadas por el crimen organizado en el mundo. El poder económico y la influencia de los grupos delictivos que se expanden con la corrupción, socava la autoridad del Estado y el estado de derecho, causa enormes daños a la economía y aumenta los índices de violencia. Como consecuencia, en los últimos años la región “se ha convertido en una de las regiones más violentas del mundo”, según el informe El crimen organizado en América Latina  manifestaciones, facilitadores y reacciones, compilado por Carolina Sampó y Valeska Troncoso.

El crimen organizado en Latinoamérica tiende a ser vinculado exclusivamente con al narcotráfico. Sin embargo, más allá del tráfico de drogas, el crimen se manifiesta de múltiples formas como el tráfico de personas, de armas, municiones y explosivos, de recursos naturales, el contrabando y el blanqueo de capitales que se complementa con el resto de los ilícitos. De hecho, el lavado de dinero es la actividad ilegal con mayor poderío económico a nivel mundial, lo cual la transforma en el principal motor financiero de las organizaciones criminales. Según un informe del Grupo de Acción Financiero Internacional (GAFI), las dimensiones del lavado de dinero son extremadamente difíciles de cuantificar, en parte debido a que pueden venir del desarrollo de actividades ilegales que en muchas situaciones tienen apariencia legal. Sin embargo, se estima que el dinero que mueve la delincuencia organizada podría llegar a representar el 5% del Producto Interno Bruto (PIB), de América Latina.

El dinero ilícito tiende a integrarse a la estructura financiera y económica de un país por medio del lavado de dinero, lo que perjudica el desarrollo y a los mismos sectores financieros y empresariales”

“El dinero ilícito tiende a integrarse a la estructura financiera y económica de un país por medio del lavado de dinero, lo que perjudica el desarrollo y a los mismos sectores financieros y empresariales”, afirma el artículo: Impacto de la delincuencia organizada en la economía mundial, publicado en el portal Antilavadodedinero.com. Pero el blanqueo, también deteriora la imagen del país, lo cual  termina afectando negativamente a las inversiones financieras. Otra de las consecuencias que genera la delincuencia son el deterioro social, lo que a su vez fomenta el surgimiento de nuevas actividades ilegales, y la creación de una infraestructura criminal que permite el desarrollo de otras actividades ilegales, lo cual fortalece aun más a las estructuras delictivas.

América Latina se ha visto particularmente afectada por el crimen organizado, al punto que, México, Honduras, Guatemala, Venezuela, El Salvador y Colombia se encuentran entre los 13 países con mayor delincuencia organizada en el mundo, según el informe del grupo de investigación de datos, Verisk Maplecroft. En el extremo opuesto, los países de la región menos afectados por este flagelo son Chile, Cuba y Uruguay.

Uno de los aspectos críticos de la persecución de la delincuencia organizada es la dificultad para detenerla. De hecho, los sistemas penales evidencian cierta distorsión estructural, debido a que se castiga con mucho más eficiencia a los delincuentes subalternos y no a las cabezas de las organizaciones, lo cual según el informe “fortalece la imagen estereotipada de un delincuente pobre o violento, dejando con lentitud y burocracia a los altos delincuentes organizados”. Por otro lado, el sector gubernamental también se ve afectado debido a las presiones y amenazas a sus funcionarios para colaboren con la delincuencia organizado, al igual que el sector privado que se ve expuesto a la extorsión.

Las consecuencias del crimen organizado afectan negativamente a los Estados más débiles y sus sociedades. Según afirma el Magistrado Alejandro Rebolledo, especialista antilavado citado en el informe, “en muchas casos la delincuencia organizada está beneficiando directamente al sistema financiero de los países” e incluso a ciertos paraísos fiscales que hacen la vista gorda. Por ello, mientras los países no logren fortalecer sus instituciones, seguirán siendo un atractivo para la delincuencia organizada.

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