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América Latina: bajo crecimiento y viejas dependencias en tiempos de incertidumbre

Con un crecimiento débil y una alta dependencia de factores externos, América Latina enfrenta el reto de redefinir su modelo productivo en un escenario global cada vez más incierto.

En un contexto internacional cada vez más incierto, América Latina vuelve a enfrentar el desafío de crecer sin perder dinamismo. El informe Panorama Económico de América Latina y el Caribe. Revisitando la política industrial: opciones estratégicas para la actualidad, publicado del Banco Mundial en abril de este año, proyecta que la región crecerá apenas un 2,1 % en 2026, por debajo del 2,4 % estimado. Más que una simple previsión económica, el diagnóstico advierte sobre el impacto de las tensiones geopolíticas y deja en evidencia que la región no solo enfrenta un problema de crecimiento, sino también la urgencia de redefinir sus estrategias productivas en un mundo cada vez más competitivo e incierto. La pregunta de fondo es si los países latinoamericanos están preparados para asumir ese desafío o si, una vez más, llegarán tarde a una transformación que ya está en marcha.

A la incertidumbre internacional, el conflicto bélico en Medio Oriente, la guerra en Irán y las debilidades estructurales que aquejan a la región se suma la vulnerabilidad a los eventos exógenos por el papel de proveedores de recursos primarios, la dependencia hacia los mercados extrarregionales y la persistente inseguridad arancelaria impuesta por el gobierno norteamericano. De todas maneras, América Latina y el Caribe muestran un desempeño agregado rezagado en comparación con otras regiones emergentes como Asia Meridional (6%), Asia Oriental y Pacífico (4%) y África Subsahariana (4%).

Los que crecen

En este contexto destaca Argentina, que para este año crecería un 3,6%, debido a la implementación de políticas fiscales de reducción del gasto público, flexibilización laboral, desregulación económica, privatización y la reforma del Estado. No obstante, Argentina sufre una elevada inflación, alrededor de 320.000 puestos de trabajo perdidos y empresas nacionales cerradas, así como una distribución regresiva del ingreso que conlleva el deterioro de las condiciones de vida de la población.

Por otra parte, Paraguay muestra un crecimiento por encima del promedio regional (4,4%), que se atribuye a las exportaciones agrícolas —destinadas principalmente a Brasil y Argentina— y a la expansión de la generación eléctrica y la estabilidad macroeconómica. Según el Banco Mundial (BM), Chile y Perú muestran también un crecimiento por encima del proyectado para la región, “un desempeño económico moderado”, con un 2,4% y un 2,7%, respectivamente. El crecimiento de Chile se atribuye al incremento de la inversión y del consumo privado, además de mayores salarios reales y reducción de la inflación. En cambio, si bien Perú es elogiado por el desempeño del PIB, hay un contraste con la economía social y el avance de la pobreza en una nación donde el 1% más rico concentra el 47% de la riqueza nacional. El país vive una profunda crisis política y una “democracia” devaluada.

En Guyana, los importantes descubrimientos de recursos petroleros de “alta calidad” y gas dispararon su crecimiento, que para 2026 proyecta ser del 16,3% tras haber crecido un 43,8% en 2024. El desempeño del 4% de Surinam se atribuye también a sus recursos naturales, principalmente el petróleo y el oro.

Los que desaceleran

Por el contrario, México y Brasil muestran una desaceleración de sus economías debido a las condiciones financieras restrictivas, limitado espacio fiscal e incertidumbre relacionada con la política comercial. De acuerdo con datos del BM, las proyecciones de crecimiento para Brasil son del 1,6%, mientras que para México del 1,3%, en un 2026 marcado por las expectativas sobre la revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) y las presiones del gobierno norteamericano.

Sin embargo, el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum tiene una robusta política social destinada a reducir la pobreza con un presupuesto histórico de 836.000 millones de pesos y programas sociales que benefician a más de 30 millones de familias. Asimismo, la inversión pública ha sido de vital importancia para la generación del empleo, la reactivación interna y el dinamismo de la inversión extranjera directa.

En el Caribe, Cuba enfrenta un panorama verdaderamente alarmante, con una fuerte contracción acumulada (-15%) y con la caída de sus principales indicadores económicos y sociales, además de una inflación elevada, que afectan drásticamente al poder adquisitivo y la calidad de vida del pueblo cubano, ya de por sí deteriorado. El turismo, una actividad estratégica, solo alcanzó los 1,8 millones en relación con los 4,6 millones de visitantes a la isla en 2017. La crisis energética estructural que ha derivado en frecuentes y prolongados cortes eléctricos se ha recrudecido debido al endurecimiento del bloqueo económico y energético impuesto por Estados Unidos.

Además, Trinidad y Tobago crece apenas un 0,7%, Haití un 0,6%, con una agravada situación alimentaria y de acceso a los servicios básicos y Jamaica que enfrentó un terrible huracán decrece un -1.0%. Mientras que

De acuerdo al Banco Mundial, en Centroamérica destacan Costa Rica (3,6%), El Salvador (3,2%), Guatemala (3,7%) y Honduras (3,4%) que son consideradas economías dinámicas, resultado de las remesas, las exportaciones (principalmente de servicios) y la integración de las cadenas de valor regionales.

Mas allá de los datos presentados por el Banco Mundial en su informe, la región experimenta los efectos de la crisis estructural del orden capitalista global. Se trata de una crisis económica agudizada por la crisis alimentaria, y la crisis climática y energética. La región también experimenta una ofensiva del capital al trabajo, una ultraderecha que se expande con rapidez y cuya pretensión es reforzar la subordinación de las economías al capital transnacional

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Doctora en Economía Política del Desarrollo por la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (México). Miembro del Sistema Nacional de Investigadores del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT).

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