Una de las principales medidas utilizadas para analizar el crecimiento económico es la evolución del Producto Interno Bruto (PIB), indicador que representa el valor monetario de los bienes y servicios finales producidos en un período determinado. Las variaciones del PIB permiten evaluar la expansión o la contracción de la actividad económica a lo largo del tiempo. El pasado 18 de mayo, el Banco Central de Chile informó que el PIB del país cayó un 0,5% en el primer trimestre de 2026, apuntando a un debilitamiento de la actividad económica. Ante esto y en el marco de la defensa de su megarreforma económica y tributaria, el ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, se apresuró a responsabilizar a la gestión anterior señalando que “ese es el país que recibimos y por eso, más que nunca, necesitamos volver al crecimiento”.
Este tipo de afirmaciones evidencia una lectura parcial de las cifras y prescinde del comportamiento y ritmo de la actividad económica en Chile. La economía chilena presenta un comportamiento trimestral cíclico -similar a las pulsaciones que mide un electrocardiograma- debido a que su actividad productiva experimenta fluctuaciones recurrentes a lo largo del tiempo, influidas tanto por factores estructurales como por variaciones estacionales.

Como economía pequeña y abierta, Chile es particularmente sensible a los cambios en el entorno internacional, especialmente a las variaciones en los precios del cobre, así como a las condiciones financieras globales, al precio de los combustibles y a la demanda externa. Asimismo, a lo largo del año, se observan patrones estacionales asociados a actividades económicas específicas, como la agricultura, el turismo, el comercio, la educación y ciertos servicios, que generan aumentos o disminuciones previsibles de la producción y el consumo en determinados trimestres.
En efecto, al comparar el primer trimestre de 2026 con el de 2025, se observa un descenso del 0,5%. Pero no es una situación sui generis; es algo que eventualmente aparece en el contexto chileno cuando comparamos la actividad económica trimestral de un año a otro. Ocurrió con Boric en marzo de 2023 (-0,047%), con Piñera en marzo de 2020 (-0,40%) y con Bachelet en marzo de 2017 (-0,37%). Son parte del contexto que les tocó recibir o enfrentar durante sus respectivos mandatos.
Hay otras formas de interpretar los datos. Por ejemplo, si observamos el valor del PIB trimestral a precios corrientes, vemos un fuerte incremento posterior a septiembre de 2020, claro, con la misma forma de subida y bajada. Lo anterior podría llevar a creer que el PIB de Chile crece rápidamente. Para determinar si el aumento del PIB se debe a la actividad económica o al incremento de la inflación, se utiliza el PIB encadenado, es decir, medir el PIB actual con los precios del periodo anterior. Aplicar el PIB encadenado permite observar la realidad de la producción actual. Para evitar que el cuarto trimestre del año aparezca como el momento que genera más valor y facilitar la comparación entre trimestres seguidos de forma más limpia se emplea el PIB desestacionalizado: el PIB encadenado al que se le quitan los efectos del calendario y las estaciones, como feriados, vacaciones de semana santa o verano. Si consideramos el PIB desestacionalizado, entre marzo de 2026 y marzo de 2025, el resultado fue positivo (0,2% de crecimiento).
También podemos comparar cada trimestre con el trimestre inmediato anterior. Entre diciembre de 2025 y marzo de 2026 se observa una caída del PIB a precios corrientes de -4,11%, de -7,49% en PIB encadenado y de -0,26% en PIB desestacionalizado. Si comparamos entre diciembre y septiembre de 2025, encontramos un incremento trimestral del PIB a precios corrientes del 11,80% y PIB encadenado del 10,35%.
Usar los datos de forma antojadiza puede generar aprensión e incertidumbre en la población, en las instituciones financieras (nacionales y extranjeras) y en el ámbito político. Conociendo el ritmo con el que se mueve la actividad económica en Chile, lo más probable es que los actores político-institucionales argumenten que la recuperación del crecimiento económico en 2026 se deba a sus gestiones y a las reformas implementadas, y no al comportamiento cíclico esperado de la economía chilena.
Los datos son importantes y, para algunos, constituyen una forma de lenguaje. Sin embargo, los datos por sí mismos no poseen un significado intrínseco ni una voz propia, son las personas quienes les atribuyen sentido mediante procesos de selección, organización e interpretación. Concebidos como un lenguaje, los datos permiten la comunicación entre quienes dominan sus códigos y herramientas de análisis. No obstante, quienes no manejan este lenguaje deben confiar, en mayor o menor medida, en las explicaciones de otros.
En consecuencia, el acceso desigual a la capacidad de interpretar datos puede generar asimetrías de conocimiento y poder, favoreciendo a quienes actúan como intérpretes y mediadores de la información frente a quienes dependen de esas interpretaciones para comprender la realidad y tomar decisiones.










