L21

|

|

 

Aumenta la preocupación por la democracia en América Latina

La democracia enfrenta crecientes presiones por la polarización, la inseguridad y el desencanto ciudadano, reabriendo el debate sobre el papel del Estado y la ciudadanía en su fortalecimiento.

En el fragor de las últimas contiendas electorales proliferan las acusaciones entre los contendientes acerca de que el oponente está poniendo en cuestión la democracia. Y en el ámbito de la reflexión, han aparecido en las últimas semanas varios informes alarmantes en torno al estado de la democracia en América Latina. Esta singular coincidencia parece un buen indicador del aumento de la preocupación por la gobernabilidad democrática en la región.

El Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) acaba de emitir un informe general sobre democracia y desarrollo en la región, con un título bastante indicativo, Democracias bajo presión, donde señala en su prólogo que las tensiones presentes “se desarrollan en un contexto en el que las democracias enfrentan presiones nuevas e interconectadas. La polarización política se ha intensificado. El crimen organizado y las economías ilícitas han ampliado su influencia en algunos contextos. Las plataformas digitales y la inteligencia artificial están transformando el espacio público y la forma en que las personas participan en la vida política”.

Al mismo tiempo, ha aparecido un monográfico sobre las condiciones de gobernabilidad en América Latina, producido por la revista española Tiempo de Paz, que encabezan Paquita Sauquillo Y Carlos F. Liesa, que hace un repaso de las tendencias estructurales y de contexto que establecen las bases de esa gobernabilidad democrática en la región. Junto al análisis de la coyuntura económica, de seguridad y violencia y el aumento de los flujos migratorios, la representante de Idea Internacional para América Latina, Marcela Ríos, exministra de justicia de Chile, analiza las condiciones de la democracia en la región, entre la resiliencia y el desencanto.

Ambas publicaciones coinciden acerca de la preocupación que concita la encrucijada actual en que se encuentra la democracia en América Latina, pero presentan algunas diferencias de enfoque.  El informe del PNUD asegura que “retoma la noción de “democracia de ciudadanas y ciudadanos” propuesta por el informe del PNUD en 2004”, pero agrega que “incorpora el papel del Estado como mediador clave entre la democracia y el desarrollo humano”.  Este énfasis en el papel clave del Estado cambia el acento puesto en el informe del 2004, que consideraba que la clave principal residia lo que denominaba “la creación de ciudadanía”.

Esta diferencia de enfoque se refleja en varios de los artículos y en la introducción del monográfico sobre América Latina producido por Tiempo de Paz. La base de esa diferencia reside en la valoración que se haga de la democracia. El valor de la democracia es doble: uno, de carácter instrumental, donde se valora o no la democracia por los productos de bien común que puede facilitar (empleo, educación, salud, etc.) y otro valor, de naturaleza sustantiva, que entiende la democracia como un sistema político que permite alcanzar decisiones colectivas en paz. Cuando se prioriza el valor instrumental de la democracia, su apoyo se ve condicionado por otras tendencias estructurales (crisis económicas globales, etc.), mientras que, si se percibe claramente el valor sustantivo de la democracia, su apoyo se pone en práctica sin demasiadas condiciones.

En el proceso que generó el informe sobre democracia en el 2004 este doble valor se reflejaba en una frase que obtuvo bastante consenso: “la calidad de la democracia no depende únicamente de la calidad de las instituciones, sino también de la calidad de la ciudadanía”, (o, dicho de otra forma, de la calidad de la cultura política de la ciudadanía). Por eso, el informe de 2004 consideraba clave la creación de ciudadanía, para conseguir así consolidar una democracia de ciudadanos y ciudadanas.

En realidad, ya en el informe de 2004 se evidenció una diferencia de sensibilidades entre quienes consideraban al Estado como la clave del arco y quienes creían que la clave se encontraba en la cultura política de la ciudadanía. Al parecer, en el presente informe de 2026 presentado por el PNUD, los partidarios de poner el énfasis en el Estado han regresado para “reimaginar los futuros de la democracia”. Es posible que algunos piensen que esa es una rectificación necesaria, mientras que otros percibirán más bien un retroceso respecto de la idea de la democracia de los ciudadanos y ciudadanas, tan elogiada desde 2004.

Como se aprecia en el monográfico de Tiempo de Paz, se trata de un falso dilema: no parece necesario tener que elegir entre poseer Estados sólidos y eficaces y contribuir al esfuerzo de crear ciudadanía con una cultura política que perciba el valor sustantivo de la democracia.

Autor

Otros artículos del autor

Enrique Gomáriz Moraga ha sido investigador de FLACSO en Chile y otros países de la región. Fue consultor de agencias internacionales (PNUD, IDRC, BID). Estudió Sociología Política en la Univ. de Leeds (Inglaterra) con orientación de R. Miliband.

spot_img

Artículos relacionados

¿Quieres colaborar con L21?

Creemos en el libre flujo de información

Republique nuestros artículos libremente, en impreso o digital, bajo la licencia Creative Commons.

Etiquetado en:

COMPARTÍR
ESTE ARTÍCULO

Más artículos relacionados