Ante la fragmentación de la financiación global, los países en desarrollo buscan crear canales alternativos que aseguren el flujo de capital. Pero esta redundancia financiera también plantea riesgos: mayor endeudamiento, sobrecarga administrativa y una persistente dependencia de las principales monedas de reserva.
Cada cuatro años creemos que el Mundial solo habla de fútbol. Pero basta mirar un poco más de cerca para descubrir que también habla de democracia, de desigualdad, de instituciones, de liderazgo y de reglas.
América Latina progresa en múltiples frentes, pero la falta de articulación entre avances económicos, sociales e institucionales impide convertirlos en bienestar sostenido.
Las protestas de productores y transportistas evidencian una crisis estructural del campo mexicano, marcada por la inseguridad, la dependencia alimentaria y la ausencia de una política agrícola de largo plazo.
Las apuestas petroleras de Brasil y Uruguay revelan las tensiones entre sus discursos climáticos y un modelo de desarrollo que aún prioriza los combustibles fósiles pese a la urgencia ambiental.
En América Latina, los desastres no son obra de la naturaleza, sino el resultado de decisiones de desarrollo que fabrican vulnerabilidad y riesgo desde su origen.