Las dificultades para internacionalizar la Paz Total de Petro

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El Estado colombiano experimentó un cambio significativo a partir de las elecciones presidenciales de 2022, con la llegada de Gustavo Petro al poder. Un exmilitante de la otrora guerrilla del M-19 quedó a cargo de liderar las grandes transformaciones que habían sido propuestas tiempo atrás mientras avanzaba en la carrera electoral.

Una manera diferente de administrar a Colombia

En su historia política, Colombia no había tenido en la presidencia a un líder irrestrictamente adscrito a la izquierda política. Tampoco se había contado con una vicepresidenta de origen afrodescendiente. Tal situación abrió la posibilidad de entender el ejercicio político en una perspectiva diferente, alejada del tradicional manejo de las élites y con una participación política realmente amplia, más plural y profundamente diversa.

En dicho contexto, el Gobierno nacional avanzó en un proceso inusual de construcción del Plan Nacional de Desarrollo (PND), abriendo posibilidades de participación a todos los actores de la sociedad, a través de los denominados Diálogos Regionales Vinculantes, un ejercicio de interacción social que permitió entender las necesidades integrales de la nación.

Una vez construido el PND, se oficializó el discurso y se confeccionó la que algunos sectores del Gobierno defienden como política de la Paz Total. El documento la define como “la apuesta para que el centro de todas las decisiones de política pública sea la vida digna, de tal manera que los humanos y los ecosistemas sean respetados y protegidos.”

Implementación del PND

La ley de la Paz Total o Ley 2272 de 2022, ha procurado incluir una serie de reformas de alto contenido social con la aspiración de lograr cinco grandes transformaciones. Se trata del derecho humano a la alimentación de todas las personas, el ordenamiento del territorio alrededor del agua, la seguridad humana, la economía productiva para la vida y la lucha contra el cambio climático, y la convergencia regional.

El ambicioso programa ha contado ya con algunos logros, destacados incluso por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) en alguno de sus más recientes reportes. Entre estas reformas destaca la tributaria inicial (2022) y la pensional, que aspira alcanzar mayor cobertura, mientras asiste a las personas mayores que por diferentes motivos no alcanzaron a obtener una pensión.

No obstante, ha habido un sinnúmero de contratiempos en la implementación del PND, ya que otras importantes reformas se han frustrado en el Legislativo, a causa de la falta de consensos y la inexperiencia política por parte de los partidos de gobierno. A ello se suman las dificultades para generar su estrategia de política exterior en beneficio del programa político interno. Es decir, hay problemas en su internacionalización.

La política exterior del PND

Transcurridos 27 meses, y a pesar de haberse definido desde el PND que Colombia adoptaría una política exterior feminista, a la fecha no están oficializadas las directrices o lineamientos. Algunas de ellas, como la Estrategia África o el liderazgo del país en materia ambiental, a propósito de haber actuado como anfitrión de la COP16 sobre biodiversidad, se han expuesto desde carteras ministeriales diferentes a la Cancillería.

No por haber liderando el encuentro del 14 de marzo de 2024, en la 68ª sesión de la Comisión para la Condición Jurídica y Social de la Mujer, en la que el Estado colombiano estuvo representado por destacadas funcionarias de la Cancillería, se pueden definir las directrices de la política exterior de la administración Petro. A la fecha, solo se conoce el borrador que se ha subido a la plataforma del Departamento Nacional de Planeación, pero aún no hay política exterior oficial.

Avances y retrocesos

No obstante, se han identificado algunos avances. Por ejemplo, en el marco del multilateralismo, se ha defendido la posición del Estado colombiano frente al tema de la deuda externa y las posibilidades de lograr que algún porcentaje de la misma sea canjeable por acciones que protejan el ambiente.

Otro logro importante es el diálogo bilateral con Venezuela. Independiente de las críticas al Gobierno por su falta de decisión para rechazar el evidente fraude electoral del pasado 28 de julio, la realidad es que la recomposición de las relaciones bilaterales con el vecino país es uno de los logros más sonados de la presente administración. En materia de comercio exterior, las cifras de 2023 fueron bastante positivas para el país. Según Analdex, las exportaciones hacia el mercado venezolano se situaron por encima de los ochocientos millones de dólares. Y se proyecta que para este año la cifra pueda estar por encima de los mil millones.

Además, el Gobierno ha insistido en el llamado multilateral para enfrentar la lucha contra las drogas de manera diferente. El inconveniente es que nuevamente el país está inundado de cultivos de coca. El más reciente reporte de la oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito ha situado la cifra en 253.000 hectáreas, lo que constituye un nuevo récord de siembra en el país. Partiendo de esa realidad, va a resultar complejo que a Colombia sea escuchada en los diferentes espacios del multilateralismo, puesto que con esas cifras es difícil transmitir credibilidad en relación con los esfuerzos internos para superar el problema.

Otros asuntos han hecho parte de la agenda internacional del país. La guerra (un asunto adecuado para continuar ofreciendo los mensajes relativos con la Paz Total, el principal programa político del Gobierno Petro), la integración regional y el liderazgo en los asuntos de género, son algunos de ellos. Sin embargo, todavía hoy, a más de dos años de haberse instaurado en el poder, el presidente Gustavo Petro aún tiene dificultades para internacionalizar su programa insigne.

Mientras no se hagan los esfuerzos necesarios para alcanzar el acompañamiento de actores clave en el sistema internacional, no se lograrán los objetivos trazados en la política doméstica. La declaratoria oficial y la formalización de los aliados es un factor fundamental que facilita el logro de las metas propuestas. Pero hasta ahora el Gobierno se mantiene en deuda. Esto es, la Colombia de hoy carece de una estrategia de política exterior.

Milei y Trump: ¿un remake de las “relaciones carnales” de la era menemista?

La reciente reelección de Donald Trump en Estados Unidos generó descontento en varios gobiernos latinoamericanos de centroizquierda– ya sea en países de gran peso como Brasil, México y Colombia, o en naciones más pequeñas como Guatemala y Honduras, que consideraban que una continuidad, representada por la fórmula Harris-Walz, ofrecía más posibilidades de diálogo y cooperación. No obstante, no todos los gobernantes de la región recibieron la victoria del expresidente republicano con desagrado. Desde Argentina, la elección de Trump fue celebrada con efusividad.

Un cómplice en América Latina

A diferencia de la mayoría de sus vecinos regionales, el presidente argentino, Javier Milei, nunca ocultó su simpatía por el republicano. En un encuentro reciente en la CPAC (Conferencia Política de Acción Conservadora), Milei abrazó a Trump con entusiasmo y se declaró parte del movimiento «MAGA», que, según el mandatario argentino, no solo significa «Make America Great Again» (Hacer América Grande Otra Vez), sino también «Make Argentina Great Again» (Hacer Argentina Grande Otra Vez). Una vez electo, Trump no solo invitó a Milei a una recepción en su residencia en Mar-a-Lago, sino que ambos aparecieron sonrientes junto al propietario de X (antiguo Twitter),  Elon Musk.

La proximidad entre Milei y Estados Unidos, sin embargo, no es nueva ni se limita a la figura de Trump. Inclus, durante la administración de Joe Biden, el gobierno argentino mostró un notable alineamiento con la política exterior estadounidense, especialmente en foros como la ONU. De hecho, cuando la representante argentina, Diana Mondino, votó en contra del embargo estadounidense a Cuba en la Asamblea General de las Naciones Unidas, esta fue reemplazada inmediatamente como canciller. Este cambio subrayó una vez más la centralidad de Estados Unidos en la política exterior del gobierno Milei.

Dada la evidente afinidad personal e ideológica entre Milei y Trump, cabe preguntarse si estamos ante una nueva era de “relaciones carnales” entre Argentina y Estados Unidos,. La expresión, acuñada por el canciller de Carlos Menem (1989-1999), Guido Di Tella, en los años 90’, hacía referencia al estrecho alineamiento con Estados Unidos, en el contexto de la hegemonía global norteamericana, con el objetivo de obtener beneficios políticos y económicos.

Si bien esta postura encontraba sustento teórico en el «realismo periférico» del politólogo Carlos Escudé, en la práctica implicaba un alineamiento casi total con las políticas de Estados Unidos, ya fuese bajo la administración republicana de George H. W. Bush (1989-1993) o la demócrata de Bill Clinton (1993-2001). Este alineamiento incluyó un apoyo constante a las posturas estadounidenses en las Naciones Unidas y la promoción de iniciativas polémicas como el ALCA (Área de Libre Comercio de las Américas) y la participación de Argentina en la coalición liderada por Estados Unidos durante la Guerra del Golfo (1990-1991), con apoyo militar directo.

Milei, un reflejo de Menem

Milei se ha declarado abiertamente admirador del gobierno de Menem. Recientemente, el presidente argentino, acompañado por Zulema Menem, hija del expresidente, inauguró un busto del exmandatario en la Casa Rosada. A lo largo de su carrera, Milei ha hecho múltiples referencias al periodo menemista, destacando especialmente la figura de Domingo Cavallo, ministro de Economía entre 1991 y 1999, conocido por impulsar las reformas económicas de corte liberal y por instaurar el régimen de convertibilidad, que estableció la paridad fija entre el peso argentino y el dólar, acercándose a una dolarización de facto de la economía.

Para Milei, Cavallo es «el mejor ministro de Economía de toda la historia», y su modelo de dolarización sigue siendo una referencia central en la agenda económica del mandatario. Por lo tanto, queda claro que la asociación entre Milei y Menem va mucho más allá de la coincidencia de sus iniciales y sus característicos estilos personales. Ambos representan una combinación de liberalismo económico radical y un vínculo estrecho con Estados Unidos en materia de política exterior. De hecho, incluso durante la presidencia de Biden, ya se podía hablar de una versión renovada de las «relaciones carnales» entre Argentina y Estados Unidos.

Sin embargo, esta disposición a alinearse con Estados Unidos se hace aún más evidente con la elección de Trump. Este cambio no solo se debe al contexto político, sino también a una coincidencia ideológica significativa entre el republicano y el presidente argentino. El movimiento MAGA no es solo una sigla, sino una agenda política compartida por ambos gobiernos. En el ámbito interno, incluye un rechazo extremo hacia la izquierda, identificado en la práctica con la descalificación de cualquier adversario político como “socialista” o “comunista”, incluso a los aliados del PRO (Propuesta Republicana) de Mauricio Macri, a quienes Milei ha calificado de «socialistas amarillos»–; una oposición frontal a los derechos reproductivos y LGBT; y la promoción de una economía desregulada y desburocratizada.

En el ámbito externo, esta agenda se refleja en un fuerte apoyo a Israel, un endurecimiento en la retórica hacia China, y un desprecio por las instituciones multilaterales asociadas al orden internacional liberal, como las Naciones Unidas y la OMC.

Pero si bien podemos hablar de “relaciones carnales” entre el gobierno de Milei y el de Trump, estas no son iguales a los años 90. Las relaciones de Menem con Estados Unidos estuvieron guiadas por un pragmatismo estratégico que buscaba beneficios concretos a través de la cercanía con la potencia hegemónica. En cambio, las que se están forjando entre Milei y Trump se fundamentan en una afinidad ideológica y una visión del mundo compartida que busca desafiar los principios del orden internacional liberal de los años 90.

Esta nueva era de relaciones también tendrá implicancias significativas para la política exterior argentina en la región y el mundo. Es probable que se intensifiquen los conflictos con gobiernos de izquierda, tanto autocráticos como los de Cuba, Nicaragua y Venezuela, como democráticos, como el de México y Colombia, cuyos presidentes fueron calificados, respectivamente, de “ignorante” y «asesino» por Milei.

Además, en su alineamiento con Washington, el gobierno argentino podría discrepar cada vez más con socios estratégicos como Brasil, Chile y ahora también Uruguay, a diferencia de lo que hizo la política exterior de Menem, dada las necesidades comerciales del momento. Por otro lado, aunque el vínculo con el FMI se mantendrá fuerte, Argentina deberá distanciarse progresivamente de otras organizaciones multilaterales.

En resumen, las nuevas «relaciones carnales» entre Argentina y Estados Unidos no son un simple retorno al pasado, sino el reflejo de un contexto global profundamente transformado. Si bien Milei retoma parte de la agenda económica menemista, la relación con Estados Unidos parece estar cada vez más orientada por una crítica radical a los valores universales de los años 90 y el orden internacional liberal que sustentaban. Este giro marca una nueva etapa en la relación bilateral, en la que la convergencia ideológica juega un rol central.

El fracaso de la Cumbre Iberoamericana acentúa la decadencia del Gobierno ecuatoriano

Entre el 12 y 15 de noviembre tuvo lugar la XXIX Cumbre Iberoamericana de Jefas y Jefes de Estado y Gobierno, en la ciudad de Cuenca, Ecuador. El encuentro, cuyo lema estaba enmarcado dentro de la Innovación, Inclusión y Sostenibilidad, estuvo marcado por las recientes elecciones en Venezuela, los retos en seguridad y la desigualdad social. Sin embargo, la ausencia de mandatarios latinoamericanos, sumado a la crisis sociopolítica que vive el país, definieron el fracaso de la cumbre.

Desde que en diciembre de 2023 se designó a Cuenca como sede de la Cumbre, fueron pocos los jefes de Estado que confirmaron su asistencia: Argentina, España, Paraguay, República Dominicana, Andorra y Portugal. Finalmente, no acudió ningún presidente de la región, sólo acudieron los mandatarios de los tres países europeos y el anfitrión, Daniel Noboa.

El presidente de Paraguay, Santiago Peña, canceló su visita un día antes de iniciar la Cumbre, aduciendo la difícil situación político-social que atraviesa el Ecuador. En el caso de Perú, la celebración del Foro Asia-Pacífico -APEC 2024- que congregó en Lima durante la misma semana a dignatarios de países como Vietman, Indonesia, Tailandia, Taiwán, Australia y a Xi Jinping y Biden, entre otros, atrajo la atención cuya agenda incluía la inauguración del Mega puerto de Chancay como enclave estratégico para el intercambio marítimo Sudeste asiático-Pacífico Sur.  

Otro de los motivos de fondo que pueden aducirse al escaso eco que tuvo la cumbre en Ecuador, es el asalto a la embajada de México en Quito en abril de 2024 donde estaba asilado el ex vicepresidente Jorge Glas. La violación de la inmunidad diplomática de la legación supuso la ruptura de relaciones de México con Ecuador, que a día de hoy siguen en suspenso. Esta transgresión  de normas elementales de derecho internacional generó el malestar de muchos gobiernos de la región.

Asimismo, una semana antes del encuentro, se inhabilitó de forma temporal a la vicepresidenta del Ecuador a través de una resolución del Ministerio del Trabajo, imposibilitando que pudiera asumir como Presidenta de la República cuando Daniel Noboa pida licencia para la campaña por su reelección. También se descalificó de forma poco clara, la candidatura de Jan Topic, con opciones a la presidencia del Ecuador. Cabe señalar que en febrero de 2025 el Ecuador está llamado a las urnas para escoger un nuevo presidente.

A lo anterior hay que añadir el complicado escenario interno del Ecuador. Y es que la persistente sequía que azota la región desde hace varios meses ha puesto al descubierto las falencias del país en materia energética. La desinversión en la matriz energética y la dependencia de la generación hidroeléctrica como fuente casi exclusiva de electricidad, han hecho que ante la falta de lluvias, especialmente en las regiones costa y sierra, desde hace casi dos meses se hayan generalizado los cortes de electricidad en todo el país, con una duración que, durante la semana de la Cumbre, alcanzaban las 12 horas diarias.

Al racionamiento eléctrico se ha sumado el de agua, que afecta a grandes ciudades como Quito, Ambato o Cuenca. Estos cortes han complicado a distintos sectores de la economía, afectando particularmente al pequeño comercio que sin suministro eléctrico ha visto disminuir su productividad de forma drástica, lo cual ha generado  un creciente malestar popular.

A pesar de todas estas complicaciones, la seguridad sigue siendo el aspecto más sensible, tensionado por los grupos de delincuencia organizada que se disputan territorios por el comercio y paso de estupefacientes. Y como si fuera poco, el gobierno de Noboa, que presumía como logro de su administración el haber controlado las cárceles, sufiró un motín en uno de los recintos penitenciarios más grandes y peligrosos del país, la Penitenciaría del Litoral en Guayaquil, dos días antes del inicio de la Cumbre. El motín tuvo como saldo 15 muertos y 14 heridos.

La ciudad de Cuenca preparó con entusiasmo el encuentro regional que suponía un estímulo para la difícil situación económica y estuvo a la altura del evento. Para la cumbre se suspendieron los cortes eléctricos y de agua en la ciudad y se alejaron las manifestaciones de las zonas donde se celebraba el evento, lo cual dio rienda suelta al descontento ciudadano por la gestión del presidente Noboa. Y para cerrar el círulo negativo que marcó el contexto del evento, se desataron en esos días una serie de incendios forestales que cercan a la provincia del Azuay, cuya capital es la propia ciudad de Cuenca.

Esta dramática situación que marcó la frustrada XXIX Cumbre Iberoamericana, evidencia la desconexión del Gobierno con la realidad. Este fiasco de la política exterior ecuatoriana no ha hecho más que acentuar la percepción de que el Ecuador sigue siendo un barco a la deriva.

Uruguay se vuelve a inclinar a la izquierda

Tras un escenario que vaticinaba un empate técnico, el pasado domingo 24 de noviembre los uruguayos eligieron a su nuevo Presidente. Yamandú Orsi del Frente Amplio se impuso al nacionalista Álvaro Delgado con un 49,8% de los votos frente al 45,8% de su adversario. Así, el país terminó la jornada conociendo a su Presidente antes de lo previsto, con Delgado asumiendo la derrota y Luis Lacalle Pou felicitando de inmediato a su sucesor e invitándolo a trabajar en una “transición ordenada”. Todas señales de que la democracia uruguaya goza de muy buena salud.

Una vez declarada la victoria de la fórmula de Yamandú Orsi y Carolina Cosse, Uruguay vuelve a mirar hacia la izquierda, en un giro que lejos está de ser radical respecto a lo alcanzado por la administración centroderechista del nacionalista Lacalle Pou. A diferencia de los vuelcos que acontecen en muchos de los países de la región, el cambio de signo político en Uruguay procura generar consensos entre todos los actores políticos. En su primer discurso, Orsi reiteró que sería el Presidente que “convoque una y otra vez al diálogo nacional”.

No obstante, el modelo de país que pretende liderar Orsi dista de la propuesta de continuidad a la cual apostaba su opositor. Las bases programáticas del Frente Amplio apuestan a poner foco en los sectores populares, los más descontentos con las transformaciones liberales de la administración saliente. El nuevo gobierno abogará por combatir las desigualdades y reforzar el rol del Estado como garante de los derechos fundamentales, así como combatir la escalada de violencia que atenta contra el control de la seguridad pública. Este último punto, pese a que se trata del área de discusión más álgida, no es un debe propio de la gestión de Lacalle Pou, sino un problema heredado de sus predecesoras.

El mea culpa de la Coalición Republicana: ¿exceso de confianza?

A pesar de que Delgado apostó por la renovación de la Coalición Republicana, liderada por el Partido Nacional y que contó con el apoyo de los líderes de los partidos Colorado, Independiente, Cabildo Abierto y Constitucional Ambientalista, los esfuerzos no alcanzaron para conservar a los votantes. Si bien la suma lineal de los votos de los partidos coalicionistas en primera vuelta superaba casi que en un 4% a los obtenidos por el Frente Amplio, el comportamiento electoral de los uruguayos demostró que, aun con poca volatilidad, siempre tiende a variar.

En una resonada entrevista, el excandidato colorado, Andrés Ojeda, alegó que la fuga de votos desde su partido para la izquierda era un mero relato, no así una realidad. Y aunque difícil saber desde dónde migraron los más de 120.000 votos que ganó el Frente Amplio entre ambos comicios, es evidente que la Coalición no cumplió con el objetivo de retener de votos.

Desde la implementación del sistema de segunda vuelta electoral con la reforma Constitucional de 1997, Uruguay ha tenido que recurrir a esta instancia en cinco ocasiones, habiendo salido vencedor de la misma los tres principales actores políticos: Partido Colorado (1999), Frente Amplio (2009, 2014 y 2024) y Partido Nacional inaugurando la Coalición (2019). De todos estos comicios, el Frente Amplio participó a uno de los lados y, entre ambas vueltas, aumentó su caudal de votos entre un 4 y un 9%.

El Parlamento nuevamente en manos de una mujer

Así como la Torre Ejecutiva tendrá un nuevo inquilino, a la actual vicepresidenta Beatriz Argimón le toca entregar las llaves del Senado a la nueva vicepresidenta, Carolina Cosse. Mientras que Orsi centró su carrera política en la administración departamental, el currículum de Cosse tiene varios apartados de relevancia. En virtud de su perfil técnico, esta ingeniera ocupó diversos cargos en el Ejecutivo durante las presidencias de Mujica y Vázquez, primero como Presidenta de la Administración Nacional de Telecomunicaciones y luego como ministra de Industria, Energía y Minería. Sin embargo, su experiencia en el Legislativo es relativamente escasa, asumiendo como senadora en febrero de 2020 y renunciando a finales de ese mismo año tras ser elegida Intendenta de Montevideo.

En cierta forma, Cosse tiene la gobernabilidad del Senado asegurada, dado que el Frente Amplio cuenta con la mayoría en dicha Cámara, algo de lo que no gozó Argimón durante su Legislatura. Aun así, la vicepresidencia es, sin lugar a duda, un ámbito donde se deben conciliar acuerdos, por lo que el principal desafío de Cosse será el de poner orden, practicar la negociación y ensayar la escucha.

De esta forma, Uruguay culminó de forma excepcional otra instancia cívica, siendo un faro de esperanza en un continente tan diverso como desigual. La pradera levemente ondulada vuelve a ser ejemplo a nivel internacional de convivencia y, sobre todo, de democracia. Lacalle Pou y Argimón entregan a Orsi-Cosse un país funcionando, una ciudadanía que confía en sus instituciones y la esperanza de un futuro mejor. En 2030 se evaluará al próximo gobierno, de momento seguimos admirando las tradiciones políticas del país.

La visión médica no basta para mejorar nuestros sistemas de salud

El 21 de octubre de 2024, en Santiago de Chile, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) y la Organización Panamericana de la Salud (OPS) presentaron el informe La urgencia de invertir en los sistemas de salud en América Latina y el Caribe para reducir la desigualdad y alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Este informe es un llamado claro a la acción, enfatizando cinco puntos clave: 1) fortalecer los sistemas de salud; 2) mejorar la articulación entre los sistemas de protección social y de salud; 3) garantizar el acceso universal a la salud; 4) asegurar la sostenibilidad de los sistemas, y 5) priorizar la inversión en salud.

Este informe invita a reflexionar sobre la crisis de salud provocada por la pandemia de Covid-19, que expuso las profundas debilidades de los sistemas de salud en América Latina y el Caribe. Ya no podemos permitir que el modelo médico hegemónico defina nuestra gestión de la salud. Es hora de adoptar una visión más amplia, centrada en la salud pública y el bienestar social. Debemos abordar los determinantes sociales de la salud, promover la equidad y fortalecer nuestros sistemas a través de la Atención Primaria de Salud (APS).

Más allá de los médicos: liderazgo en salud desde diversas profesiones

La dependencia de ministros de Salud que son exclusivamente médicos ha sido un freno en la gestión de nuestros sistemas. La formación médica, aunque valiosa, resulta insuficiente ante los retos complejos que enfrentamos. La salud pública ofrece una visión más amplia, centrada en la prevención de enfermedades y en políticas que impactan realmente en la población. Necesitamos líderes en salud con formación en salud pública, que combinen conocimientos médicos con habilidades en gestión, epidemiología y promoción de la salud.

Es esencial que los gobiernos reconsideren el perfil de sus ministros de Salud. Un ministro con formación en salud pública puede transformar radicalmente la concepción y ejecución de políticas sanitarias. Esto no implica que los médicos no tengan un rol; al contrario, su experiencia es valiosa. Sin embargo, una diversidad de conocimientos en el liderazgo puede enriquecer la gestión y asegurar que se atiendan los múltiples factores que afectan a la salud de la población. La crítica de Eduardo Menéndez sobre el modelo médico hegemónico destaca la necesidad de incorporar perspectivas interdisciplinares en la formulación de políticas de salud. Su visión subraya que el enfoque actual, centrado casi exclusivamente médico, ignora la influencia de factores socioeconómicos y culturales en la salud.

La implementación de técnicos formados en salud pública es fundamental para gestión de salud. Estos técnicos deben ser expertos en salud, pero también en el contexto político y económico. Esto permite diseñar e implementar políticas de salud más integrales y efectivas. La capacidad de gestionar recursos, influir en decisiones políticas y promover la salud en todos los sectores son habilidades clave que estos líderes deben poseer.

La inversión en salud como prioridad económica

Un aspecto crítico para fortalecer nuestros sistemas de salud es la inversión adecuada. Es fundamental sensibilizar a los ministros de Economía sobre la importancia de invertir en salud. Los recursos destinados a la salud son una inversión en el capital humano y en el desarrollo sostenible. Los ministros de Economía juegan un papel crucial en la asignación de presupuestos y en la creación de políticas que priorizan la salud. Sin su apoyo, las iniciativas de salud pueden quedar truncadas.

La inversión en salud debe ser vista como una estrategia para alcanzar objetivos más amplios de desarrollo social y económico. Cada dólar gastado en salud tiene un retorno significativo en términos de productividad y bienestar social. Al fortalecer el sistema de salud se abordan las necesidades actuales de la población y además se prevén crisis futuras. La importancia de esta inversión se vuelve evidente cuando consideramos los costos económicos derivados de enfermedades no tratadas y la pérdida de productividad que conllevan las discapacidades. 

Transparencia y evaluación de políticas públicas

La inversión en salud es fundamental, pero debe ir acompañada de un compromiso firme con la transparencia y la evaluación de políticas públicas. La implementación de mecanismos de control y rendición de cuentas es esencial para asegurar que los recursos se utilicen de manera eficiente y efectiva. Sin un marco claro de evaluación, es difícil determinar el impacto de las inversiones en salud.

La transparencia en la gestión de recursos es clave para generar confianza en la población. La implementación de auditorías regulares y la publicación de informes de gestión pueden garantizar que las inversiones en salud cumplan su propósito. Además, la evaluación continua de políticas públicas permite identificar áreas de mejora y ajustar las estrategias según sea necesario.

Es imperativo que las decisiones de política de salud estén respaldadas por datos sólidos y análisis rigurosos. Esto requiere la capacitación de los funcionarios de salud y la colaboración con investigadores y académicos que puedan proporcionar la evidencia necesaria para tomar decisiones informadas. La cultura de evaluación mejora la eficacia de los programas de salud y fomenta una mayor participación de la ciudadanía en la vigilancia de sus sistemas de salud.

La transformación necesaria para la equidad en salud

La crisis de salud en América Latina y el Caribe exige un cambio profundo en la forma en que se conciben y gestionan los sistemas de salud. Debemos recordar que la salud es un derecho y que invertir en ella es invertir en un futuro más saludable y equitativo para todos.

La reconciliación con la política

El mundo de la opinión publicada en torno a la política, constituido por ensayistas y personal, en mayor o menor medida especializado, tiende a poner el acento en los aspectos más contenciosos, cuando no escabrosos o incluso catastrofistas de ella. Su loable afán crítico subraya las falencias, los errores, los desajustes, incluso las trapacerías frecuentes que oscurecen su acontecer. Esta tarea de denuncia en principio necesaria contribuye, no obstante, a emborronar a veces el accionar político. También consolida el sentir generalizado de que la política es sucia por ser un terreno donde el conflicto y la transacción a cualquier precio predominan con las consiguientes conexiones con el mundo de la corrupción y de la ilegalidad. El resultado conocido es la desafección, la falta de confianza en las instituciones y en profesionales de la política, así como su cada vez más alto grado, no solo de minusvaloración, sino también de desprecio. En definitiva, el impacto en el deterioro de la democracia es palpable. Sin embargo, hay otros costados de la actividad política que requieren observarse para contribuir a reivindicar su revalorización.

En el último mes una secuencia de sucesos diversos puede tomarse en cuenta para abogar por la existencia de una arena favorable de evidente reconciliación con la política. En su quehacer esta ha dado señales en cierta medida positivas, en términos de Hanna Arendt, en pro de velar porque la convivencia entre las personas pueda ser posible, superando el prejuicio máximo de que la política sea “una sarta fraudulenta y engañosa de intereses e ideologías mezquinos”.

Si se entiende por político un ámbito del mundo en el que los individuos sean primariamente activos y den a los asuntos humanos una durabilidad que de otro modo no tendrían, entonces la esperanza no es en absoluto utópica. En cierta medida hay eventos que se han movido en esta dirección y que ineludiblemente requieren ser realzados. A continuación abordo sucintamente una serie de casos que apenas han tenido realce mediático pero cuyo componente de dignificación de la política es relevante.

Panamá, a pesar de su dramática desigualdad, de la existencia de asuntos de corrupción notables y de una sistemática debilidad en sus instituciones representativas, es un país que las diferentes instancias evaluadoras del rendimiento de la democracia en la región lo sitúan entre el 4º y el 5º lugar. Posiblemente ello se deba al activismo democrático de su Tribunal Electoral, impulsor a la vez que veedor de un proceso periódico de reformas electorales que buscan una democracia de mayor calidad.

Ello se refleja, por ejemplo, en el desarrollo de la figura de las candidaturas de libre postulación y también en una generosa y eficiente política de financiación pública del proceso político. La legislación prevé la posibilidad de que esta pueda ser devuelta por los beneficiados en cuyo caso engrosaría el presupuesto nacional de ciencia y tecnología.

Recientemente la bancada de Vamos, una instancia integrada por jóvenes asambleístas a través del referido mecanismo de la libre postulación y que constituye el principal grupo parlamentario del país, renunció a la financiación pública recibida de seis millones de dólares por considerar que dicho monto tendría un mayor impacto en el siempre precario sistema nacional de ciencia y tecnología en concreto en el ámbito del tratamiento y de la prevención del cáncer.

Representante de VAMOS, Luis Duke, y el director de SENACYT Eduardo Ortega. 

En Uruguay las cifras de participación política en las recientes elecciones presidenciales y legislativas se acercan al 90% del electorado. Cierto que el voto es obligatorio pero también lo es en una buena parte de los países latinoamericanos sin que se alcance ni por asomo ese nivel. Esta continuada actitud ciudadana es una expresión de compromiso inequívoco con la política que se traduce en escenarios de alternancia y de juego vigoroso en las relaciones entre los Poderes Ejecutivo y Legislativo.

Por otra parte, la estabilidad de su sistema de partidos proyectado en tres fuerzas políticas es asombrosa e inédita en América Latina ya que dos de ellos (el Partido Nacional y el Partidos Colorado) contienden desde hace 180 años y el tercero (el Frente Amplio) desde la década de 1960. Además de todo ello, el electorado rechazó en sendas consultas populares una propuesta que violentaba derechos ciudadanos en pro de la lucha contra la delincuencia y otra referida a una reforma del régimen de pensiones que pondría seriamente en riesgo su continuidad. Cuestiones todas que alzan al país constantemente al primer lugar en las clasificaciones de calidad de la democracia en la región.

Los gobiernos de Lula da Silva en Brasil y de Gustavo Petro en Colombia, ambos claramente alineados en la izquierda de la arena política de sus países, han manifestado firmemente que no reconocerán la reelección del presidente Nicolás Maduro si su gobierno no publica los registros detallados de la votación del 28 de julio antes del 10 de enero cuando termina su mandato actual. En el mismo sentido, el gobierno brasileño bloqueó la entrada de Venezuela en el sistema de BRICS+. El significado de esta postura de los dos grandes vecinos de Venezuela con respecto a este régimen autocrático que refuerza el principio de elección democrática del poder político es sobresaliente puesto que su liderazgo es notable, además de contar con intereses evidentes inmediatos por su carácter fronterizo.

La democracia fatigada que asola a los países latinoamericanos tiene en la Justicia una herramienta por la que evidenciar que el estado de derecho puede funcionar consolidando la separación de poderes. Esta circunstancia ha tenido durante el último mes dos evidencias muy importantes. En Brasil el asesinato de la concejala de Río de Janeiro Marielle Franco – visto por muchos como un ataque a la democracia, en gran parte por su origen humilde y por sus incansables esfuerzos por mejorar las condiciones de vida de los sectores populares de Río- y de su chófer, Andersen Gomes, en marzo de 2018 no ha quedado impune. La Corte Suprema acaba de condenar a los autores, los expolicías Ronnie Lessa y Elcio Queiroz, detenidos en marzo pasado, a 78 y 59 años de prisión respectivamente. En una región en la que la impunidad es lamentablemente una nota con frecuencia dominante, esta acción refuerza el estado de derecho.

Otra evidencia, en una dirección diferente pero que también tiene por protagonista a la judicatura, ha tenido lugar recientemente en Perú y en Argentina siguiendo la estela de otros casos nacionales. En la medida en que la corrupción supone el abuso del poder en beneficio propio, la lucha contra ella es crucial para la protección de la democracia.

Por ello, el sistema político peruano, que adolece de serios problemas con relación a la descomposición de su sistema de partidos y a la ineficiencia de su Poder Ejecutivo, asolado con la cifra más baja de apoyo popular de toda América Latina, ha visto cómo la Justicia ha desempeñado un papel extraordinario al involucrar a cuatro expresidentes (Alan García, Ollanta Humala, Pedro Pablo Kuczynski y Alejandro Toledo) en actos de corrupción. El último de los recién citados acaba de ser condenado a 20 años de prisión por haber recibido unos 35 millones de dólares en sobornos procedentes de la caja B de la constructora brasileña Odebrecht.

En Argentina, por su parte, la Cámara Federal de Casación Penal ha confirmado la condena a seis años de prisión e «inhabilitación perpetua para ejercer cargos públicos» contra la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner por un caso de corrupción relacionado con irregularidades en obras viales. Es previsible que Fernández presente una apelación ante la Corte Suprema, un proceso que podría extenderse por varios meses o incluso años.

Este escenario empata con otros casos notorios como los de los expresidentes Ricardo Martinelli de Panamá también condenado a diez años en 2023 y hoy refugiado en la embajada nicaragüense en su país, Juan Orlando Hernández de Honduras extraditado desde su país y condenado en Estados Unidos en 2024 a 45 años de prisión por delitos de narcotráfico, Tony Saca de El Salvador condenado en 2018 a diez años de cárcel y Mauricio Funes del mismo país, asilado en Nicaragua, pero condenado en El Salvador a 14 años de prisión en 2023.

Sucesión dinástica y radicalización autoritaria en Nicaragua

En los últimos meses se han intensificado las señales de una sucesión dinástica en Nicaragua. Seis años después que emergiera la crisis sociopolítica en 2018, el régimen dictatorial encabezado por Daniel Ortega y Rosario Murillo, su esposa y vicepresidenta, muestra signos claros de agotamiento. No solo por sus edades, también son incapaces de ofrecer una propuesta de futuro para el país. Las multitudinarias protestas que se extendieron durante 2018 y 2019, además de los altos niveles de abstención electoral en las presidenciales de 2021, mostraron que la población también está agotada. El descontento persiste y se ha profundizado. Aún así, los Ortega-Murillo insisten en permanecer en el poder y para eso han optado por la familia.

Una de las señales es la acelerada reestructuración de los círculos de poder, removiendo a numerosos funcionarios y cercanos colaboradores que ya no son de su confianza. Los cambios han generado un gran nerviosismo entre quienes, hasta ahora, se consideraban cercanos y “leales”. El grupo de los defenestrados ya es importante, y han encarcelado a varios. Las purgas muestran que la estructura de poder está mutando para que la persona elegida como sucesora mantenga el control sobre el país y pueda sostener la continuidad autoritaria. El régimen radicaliza el estado policial sobre el resto de la población nicaragüense. También ha adoptado formas de persecución transnacional para quienes están en el exterior a fin de asegurar el control y llevar a buen término la sucesión dinástica.

Un proyecto familiar dictatorial

Ortega ha acumulado diecisiete años continuos en la Presidencia de Nicaragua. En 2007, cuando regresó a ocupar el cargo, ya tenía entre manos instalar su proyecto autoritario. Desde el principio se empeñó en asentar las bases del régimen dictatorial. Pero, a diferencia de otros regímenes autocráticos en Latinoamérica, en los que la sucesión recayó en personas leales a los caudillos como en Cuba y Venezuela, en Nicaragua adquirió las características de una sucesión dinástica. Los demás integrantes del clan familiar se preparan para dar continuidad a la dictadura.

La primera en la línea de sucesión es Rosario Murillo, esposa de Ortega, vicepresidenta y única vocera del régimen. Murillo adquirió poder a raíz del apoyo que brindó a Ortega cuando  en 1998 su hija Zoilamérica denunció que la abusaba desde niña. Una vez Ortega se instaló en la Presidencia, el poder de Murillo se incrementó aceleradamente, tomando el control del aparato de gobierno y del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN).

En 2016, durante el congreso del FSLN, Ortega anunció la candidatura de Murillo para vicepresidenta en las elecciones de ese año. Las dudas que habían respecto a la instalación de una nueva dinastía se despejaron. Por supuesto, Murillo ascendió a ocupar el cargo en un proceso electoral fraudulento.

El eje de poder gira alrededor de Daniel Ortega y Rosario Murillo, pero en la medida que el tiempo ha avanzado y la crisis sociopolítica se profundiza y prolonga. Murillo se ha alzado por encima de toda la estructura. Incluso sobre personas de la más alta confianza personal de Ortega y la llamada “militancia histórica” integrada por exguerrilleros que pelearon en contra de la dictadura de los Somoza y se han mantenido bajo el alero del FSLN. Uno de los casos más recientes es el de Humberto Ortega, hermano de Daniel, general en retiro y el primer comandante en jefe del Ejército. Humberto se atrevió a criticar públicamente la sucesión dinástica. Eso bastó para que lo mantuvieran incomunicado y en detención domiciliar durante varios meses hasta su fallecimiento en septiembre pasado.

El círculo Murillo

Murillo ha construido un círculo propio de personas leales dentro del partido y el aparato de gobierno. La mayoría son relativamente jóvenes, comprometidas a punta de prebendas. Es conocida por el férreo control que ejerce sobre todas las instituciones estatales. Utiliza discursos de odio y amenazas para referirse a quienes considera opositores. Tiene un trato humillante con sus propios hijos y le obsesionan los asuntos esotéricos.

Mientras tanto, el resto de la familia Ortega-Murillo ejerce funciones públicas clave sin contar con nombramientos oficiales. Por ejemplo, encabezan delegaciones oficiales en visitas al exterior. Laureano Ortega Murillo ha adquirido un perfil público muy activo en los años más recientes porque le han encargado establecer acuerdos de colaboración con Rusia y China. También con algunos países del Medio Oriente. Usualmente encabeza las delegaciones oficiales que visitan Rusia y China.

Camila Ortega Murillo es la asistente personal de Rosario y coordinadora de la Comisión Nacional de Economía Creativa. En una ocasión Ortega le otorgó plenos poderes para firmar un memorando de entendimiento sobre temas culturales con China. Los demás hijos de la pareja presidencial se encargan de dirigir los medios de comunicación progobierno más importantes y empresas del grupo económico Ortega-Murillo. El proyecto político autoritario y de partido transmutó a uno de naturaleza familiar y con rasgos sultánicos.

Agotamiento del modelo

La primera en la línea de sucesión es Rosario Murillo. Pero es evidente que otros integrantes de la familia ya se están preparando en lo que parece ser un proyecto político autoritario pensado para el largo plazo. Pero esa sucesión enfrenta varios problemas. Uno de ellos es que no goza de respaldo ni legitimidad entre la población. Por el contrario, el descontento se ha profundizado y extendido incluso entre sus propios simpatizantes.

La posibilidad de continuidad del proyecto está comprometida porque el modelo ya se agotó. No es capaz de ofrecer posibilidades de futuro aún a sus propios partidarios. Por eso han optado por la radicalización autoritaria siguiendo cuatro líneas. Una es la reestructuración de la estructura de poder para que la persona sucesora cuente con la complicidad de sus más leales colaboradores. Luego, la reconfiguración del sistema de dispositivos de represión, vigilancia y control para contener el creciente descontento ciudadano. También, la creación de un marco legal que justifique sus actuaciones arbitrarias. Por último, la destrucción del capital social de organizaciones ciudadanas. Según ellos, podría incubar una nueva ola de protestas como la de 2018. Los Ortega-Murillo son conscientes de que el 2026 se perfila como una fecha clave para avanzar en su afianzamiento considerando que para ese año están previstas las próximas elecciones presidenciales.

La sucesión y las próximas elecciones se pueden convertir en un punto de inflexión. Tanto para abrir una oportunidad de cambio democrático como de fortalecimiento del proyecto autoritario. La sucesión implica de hecho, una transición que el régimen quiere que transcurra completamente bajo su control. Pero no hay ninguna garantía de ello. Sobre todo porque la posible “sucesora” atiza cada vez más las animadversiones de sus propios seguidores. Para las fuerzas de la oposición democrática de Nicaragua este escenario plantea varios desafíos.En principio, prepararse para ese eventual momento y constituir un interlocutor legítimo que pueda presentar una propuesta de transición democrática a la sociedad nicaragüense y la comunidad internacional.

*Texto publicado originalmente en Diálogo Político

Carlos Andrés Alvarado: «La polarización y el populismo no son fenomenos nuevo, lo que sí es nuevo es la mezcla con la globalización»

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Carlos Andrés Alvarado Quesada fue el Presidente más joven de Costa Rica desde la fundación de la Segunda República, ejerciendo el cargo desde el 8 de mayo de 2018 hasta el 8 de mayo de 2022 por el Partido Acción Ciudadana.

La informalidad tras la reforma de la seguridad social en Panamá

El nuevo gobierno de Panamá, que tomó posesión en julio de este año, se ha propuesto reformar el sistema de seguridad social, que enfrenta una crisis financiera que afecta tanto el programa de pensiones, invalidez y maternidad, como los servicios de salud que brinda la Caja de Seguro Social (CSS), ente que administra los fondos de los asegurados.

El proyecto de ley propone, entre otras medidas, un aumento en la edad de jubilación y un incremento en la cuota patronal, además de aportes por parte del Estado, con el objetivo de garantizar la sostenibilidad del sistema de pensiones. Por el lado de la atención de salud, se busca generar cambios que permitan la integración de los servicios que brinda la CSS y el Ministerio de Salud, y la agilización y compra conjunta de medicamentos, con el fin de asegurar su abastecimiento.

Mientras que algunos gremios empresariales han mostrado su apoyo a la iniciativa, los sindicatos de trabajadores, médicos y maestros han expresado su rechazo, argumentando que las reformas afectan negativamente a los trabajadores y no resuelven los problemas estructurales de la CSS. El debate continúa en la Asamblea Nacional, donde se espera que se realicen modificaciones al proyecto original antes de su aprobación, que, en teoría, debe darse durante el mes de diciembre.

El problema de la informalidad laboral

Un aspecto que planea como telón de fondo a estas reformas es la informalidad laboral, fenómeno que divide en dos el territorio y a la clase trabajadora panameña. Las garantías laborables que brinda el sistema de seguridad social como, el acceso a la atención de salud y las pensiones a la edad de retiro, son beneficios a los cuales más de la mitad (52%, 2,142,321 habitantes) de la población no tiene acceso, ya sea vía directa, como afiliado, o indirecta, como beneficiario, según datos del censo de población de 2023.

La informalidad es un problema que ha afectado a más del 45% de la población panameña persistentemente, durante casi todo lo que va del siglo XXI, según datos del INEC. Estas cifras resaltan la necesidad de ajustar no solo las variables financieras y ‘paramétricas’ del manejo de la CSS, sino también, los elementos estructurales sobre los cuales se ha cimentado el funcionamiento económico y territorial del país desde al menos, la década de 1970.

Los datos del censo de población y vivienda, sobre la población sin seguro social en Panamá en 2023 muestran que la exclusión del seguro social es un problema generalizado en los corregimientos urbanos del país, donde en ningún corregimiento baja del 25% de población sin cobertura, llegando incluso al 50% en algunos casos.

La situación en las áreas rurales es aún más crítica, con porcentajes de exclusión que superan el 70% y que en muchos corregimientos alcanzan niveles alarmantes de más del 90%, especialmente en las comarcas indígenas. Esto evidencia una profunda desigualdad en el acceso a la seguridad social entre las zonas rurales y urbanas, y entre las periferias y los centros urbanos del país.

En Panamá, según grupos de edad, la población sin seguro social presenta una tendencia en forma de «U» invertida, afectando mayormente a los jóvenes entre 15 y 34 años (63%) y a los adultos mayores de 65 años o más (24%). Y en cuanto a la actividad económica, los sectores con mayor porcentaje de personas sin seguro social son agricultura, ganadería, caza, silvicultura y pesca (81%), el empleo doméstico (70.5%) y la construcción (66%).

Estos datos son similares al resto de América Latina donde el 55% de los trabajadores tienen un empleo informal sin contrato ni cobertura de seguridad social, y 3 de cada 10 no alcanzan a tener los ingresos necesarios para superar el umbral de la pobreza, según la más reciente edición del Índice de Mejores Trabajos del BID (2024).

Una gran evasión fiscal

La informalidad en el caso panameño también se hace evidente, en lo que respecta a indicadores sobre porción de ventas no reportadas, que llega al 50%, -lo que indica un alto nivel de evasión fiscal-, además de registrar el 40% de su PIB dentro de lo que se considera, economía subterránea, que es aquella que incluye tanto actividades que no se registran ante el Estado, como aquellas actividades ilícitas, de acuerdo con el reporte, ‘Informalidad: escape y exclusión del Banco Mundial, 2007.

Según este mismo reporte, la informalidad en América Latina se debe a la incapacidad del sistema capitalista para integrar a toda la población en el mercado laboral, además de la desconfianza institucional y el incumplimiento de normas. Esto genera un grupo excluido y pobre, y otro de mayores ingresos que elige no participar en el sistema de seguridad social por sus limitados beneficios.

Uno de los economistas ganadores del Premio Nobel 2024, James Robinson, señala en su artículo ‘La miseria en Colombia’ (2016), que “la raíz de este problema se encuentra relacionado con las estructuras extractivistas y la falta de credibilidad de las instituciones. Las regiones que tienen instituciones económicas ‘extractivas’, que no crean incentivos de base amplia ni oportunidades para las personas, crearán pobreza. Tener un Estado capaz y efectivo es un prerrequisito para el desarrollo económico y la reducción de la pobreza”.

Otros aspectos que afectan el comportamiento de la informalidad en Panamá están relacionados con la hiperconcentración sectorial y geográfica de la actividad económica. Los datos del censo de negocios (INEC, 2012), muestran como el 60% de las empresas, el 91% de los salarios pagados y 93.5% de los ingresos empresariales se encuentren concentrados en el corredor transístmico del Canal de Panamá. Por el lado sectorial, el 67% del PIB se concentra en el sector de servicios, relegando a otros sectores como el agrícola a una baja inversión y productividad.

La ampliación de la base de afiliados a la seguridad social requiere políticas que fomenten la formalización laboral, tanto en áreas rurales como en las informales urbanas. Se debe impulsar el cooperativismo, la creación de espacios para emprendimientos y modelos innovadores de seguros que atiendan la diversidad de ingresos y actividades económicas. Es fundamental, además, garantizar salarios dignos, superiores al costo de la canasta básica, especialmente en sectores como agricultura, construcción y trabajo doméstico. De la adopción de este tipo de políticas dependerá en gran medida la sostenibilidad futura del sistema de seguridad social.

¿Por qué varios países andinos están sufriendo sus mayores crisis hídricas a la vez?

Este año, Colombia y Ecuador están sufriendo la peor crisis hídrica de su historia. En la capital colombiana, cada nueve días se corta el servicio de agua potable durante un día completo y en el Ecuador hay cortes de electricidad ―generada principalmente con recursos hídricos― de hasta 10 horas por día. La razón es tan sencilla como dramática: se han vaciado los reservorios de agua que abastecen a las hidroeléctricas y proveen agua potable. ¿Cómo se ha llegado, en dos países en pleno crecimiento económico, a una situación tan extrema? Mucho tiene que ver el cambio climático, pero más aún con el deficiente manejo de un ecosistema natural fundamental: el páramo andino.

¿Qué es el páramo andino?

El ecosistema conocido como el páramo se encuentra por encima del límite de bosque (generalmente a los 3500 metros sobre el nivel del mar) en los Andes del Norte (Venezuela, Colombia, Ecuador y Perú) con extensiones menores en Costa Rica y Panamá. A esta altitud, el clima es húmedo muy frío y se desarrolló un ecosistema abierto, dominado por pastos, arbustos, una diversidad de hierbas pequeñas y unas formas de crecimiento espectaculares como las almohadillas y las rosetas gigantes, incluyendo los emblemáticos frailejones y bromelias gigantes. Este ecosistema es un hábitat por excelencia de los animales más características de los Andes: el ojo de anteojos, la danta de montaña y el cóndor andino. Esta riqueza y singularidad de la flora y fauna, hace del páramo el ecosistema de alta montaña más diversos del mundo.

En total, el páramo cubre unos cuatro millones de hectáreas, que corresponden a menos del 5% de la superficie de los países que lo comprenden. Sin embargo, su importancia económica y social es proporcionalmente mucho mayor. La alta montaña tropical, en las latitudes donde se ubican los páramos, suele estar cubierta de neblina y recibe mucha lluvia. Esto hace que el páramo sea muy humedo y se forme una gran biomasa principalmente de pastos (paja) que cubre el suelo.

Una vez muertas las hojas de este manto de plantas, se incorporan al suelo y debido a la lenta descomposición causada por las bajas temperaturas, la materia orgánica se acumula en el suelo. La densa vegetación y el suelo orgánico hacen que todo el ecosistema se comporte como una esponja, reteniendo gran parte de la abundante agua que cae, distribuyéndola a humedales, quebradas y ríos, formando así la base del sistema hídrico de una importante parte de Sudamérica. Este servicio ecosistémico asegura el balance ecológico mucho más allá de la zona montañosa, y no es exagerado afirmar que sin los páramos los valles interandinos, el bosque amazónico y la selva pacífica no serían tal como los conocemos.

El papel del páramo en la provisión del agua para el continente no es solamente fundamental desde el punto de vista ecológico, sino también social y económico. Más de la mitad de la población de los Andes del Norte, incluyendo toda la población de Bogotá y Quito, toma agua directamente del páramo, tan pura que casi no necesita tratamiento para la potabilización. En ambos países, la generación eléctrica depende en su gran mayoría del agua originada en la alta montaña. Y la agricultura andina de flores y papas, e inclusive los extensos cultivos de arroz y verduras en la costa norte desértica del Perú, se riegan con agua proveniente de los páramos a través de sistemas de canales hasta más de cien kilómetros de longitud.

¿A qué se debe la crisis hídrica en los Andes del Norte?

Las anomalías en los patrones de lluvia en los últimos años, causadas por el calentamiento global y los fenómenos del Niño y la Niña más irregulares que antes, contribuyeron a que este año sea extremadamente seco en toda la cordillera andina. Este menor volumen de agua en forma de lluvia y neblina en el páramo, se ha traducido a su vez en menos agua distribuida a quebradas, ríos y los reservorios de agua potable y para la hidroenergía. Esto ha llevado a que se acaben las reservas de agua en la montaña, lo cual está provocando los cortes en los servicios públicos básicos del país.

Pero no se puede señalar únicamente al cambio climático, éste solo ha acelerado la crisis. Durante décadas, los páramos han recibido poca atención de parte de la sociedad andina y de sus gobiernos. Mientras tanto, un sinnúmero de actividades agrícolas sin control, como cultivos de papa mal planificados, el sobrepastoreo y asociado a esta, las quemas de vegetación, arrasaron con la vegetación del páramo natural y erosionaron sus suelos negros y orgánicos, dañando así la esponja natural en la alta montaña.

Sumado a esto, los campesinos de los altos Andes, marginalizados por las instituciones gubernamentales, no lograron aplicar prácticas sustentables a sus fincas y se han visto obligados a subir aún más al páramo, para encontrar otras tierras para sus cultivos y animales. Finalmente, proyectos de inversión económica como la minería metálica, la construcción de carreteras y las mismas hidroeléctricas han contribuido a la degradación del páramo. Esta destrucción ambiental ha sido la verdadera causa de que los páramos pierdan su capacidad de regular el agua en los Andes y el cambio climático es «apenas» un factor que acelera esta crisis.

Un cambio de rumbo

En la última década, luego de muchas alertas desde la academia y las ONG, y gracias a los levantamientos de las comunidades andinas rurales en defensa del territorio y el agua y en contra especialmente de la minería, se ha comenzado a visibilizar la problemática que afecta al páramo. Hoy en día, gran parte de los andinos son conscientes de la relación de los páramos con el acceso al agua y que es necesario cuidar la torre de agua con sus esponjas naturales. Finalmente, el páramo atrae la atención del sistema político y la sociedad.

Pero ¿ya es tarde? ¿hemos perdido la batalla contra la degradación ambiental? Afortunadamente no. Tanto el sector público, como las comunidades rurales, la academia y las ONG están invirtiendo esfuerzos y recursos para llevar adelante un manejo sostenible de los páramos. Más de la mitad de este ecosistema ya está incluido en diferentes formas de conservación, y en el resto se aplica legislación específica para protegerlo. Actualmente existen compensaciones para los campesinos que decidan conservar o restaurar sus tierras y cada vez hay más iniciativas amigables ambientalmente, basadas en agricultura sostenible o ecoturismo.

Si bien vamos por buen camino, aún hace falta un pacto entre todos los sectores de la sociedad para reconocer la responsabilidad colectiva y de cada persona para manejar inteligentemente los recursos hídricos y energéticos, apoyar a los habitantes rurales de la alta montaña para que sean aliados en la gestión ambiental y para otorgar al páramo el estatus que merece: un ecosistema fundamental para el futuro de los Andes.

*Un texto producido en conjunto con el Instituto Interamericano para la Investigación del Cambio Global (IAI). Las opiniones expresadas en esta publicación son las de los autores y no necesariamente las de sus organizaciones.