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Brasil: la lusofonía como puente transregional

Brasil ha convertido la lusofonía en una plataforma geopolítica para proyectar influencia en África y abrir una agenda de cooperación transregional con Europa.

La política exterior brasileña suele analizarse desde su liderazgo regional o su participación en los BRICS y el G20. Sin embargo, una de sus dimensiones más estratégicas ha sido la relación con los Países Africanos de Lengua Oficial Portuguesa (PALOP), un espacio que permite comprender cómo una potencia media puede ampliar su autonomía en un sistema internacional multipolar mediante recursos que trascienden el poder económico y militar.

Durante los gobiernos de Luiz Inácio Lula da Silva (2003–2010), Brasil transformó significativamente su política exterior. En lugar de concentrar su inserción internacional en los vínculos tradicionales con Estados Unidos y Europa, adoptó una estrategia que los internacionalistas Vigevani y Cepaluni denominaron «autonomía a través de la diversificación»: ampliar su margen de maniobra mediante alianzas con el Sur Global para reducir su dependencia del Norte.

Esta orientación no fue exclusiva de Brasil. Argentina bajo los Kirchner y Venezuela bajo Hugo Chávez también impulsaron iniciativas de cooperación Sur-Sur. Sin embargo, Brasil contaba con ventajas que ningún otro país latinoamericano poseía: la lengua portuguesa, una fuerte herencia afrodescendiente, décadas de cooperación técnica y una diplomacia con amplia experiencia multilateral. Estos recursos de poder blando facilitaron una presencia diferenciada en África.

Puede hablarse así de una autonomía multipolar, entendida como la capacidad de un Estado semiperiférico para aprovechar la dispersión del poder internacional y ampliar su margen de decisión mediante la diversificación de alianzas. En este marco, el poder blando deja de ser un complemento y se convierte en un recurso estratégico. En el espacio lusófono africano, la lengua, los vínculos históricos y la cooperación técnica han permitido a Brasil proyectar una influencia que difícilmente podría construirse solo mediante instrumentos económicos.

La arquitectura lusófona como espacio transregional

El principal vehículo institucional de esta proyección es la Comunidad de Países de Lengua Portuguesa (CPLP), creada en 1996 e integrada por Angola, Brasil, Cabo Verde, Guinea Ecuatorial, Guinea-Bissau, Mozambique, Portugal, Santo Tomé y Príncipe y Timor-Leste. Más que una organización cultural, la CPLP constituye una plataforma diplomática que conecta tres continentes y otorga a Brasil una presencia institucional en África sin equivalente en América Latina.

Uno de sus instrumentos más exitosos ha sido la cooperación educativa. Programas como el PEC-G han permitido que miles de estudiantes de los PALOP cursen estudios superiores en Brasil, creando redes profesionales y académicas que fortalecen los vínculos entre ambas regiones y generan relaciones de largo plazo.

La singularidad geopolítica de la CPLP reside en que Portugal participa simultáneamente en la comunidad lusófona, en la Unión Europea y en el Foro de Macao, creado por China para fortalecer sus relaciones con los países de lengua portuguesa. Esta triple pertenencia convierte a la lusofonía en un espacio donde convergen intereses europeos, latinoamericanos, africanos y asiáticos.

Más que una comunidad lingüística, la lusofonía constituye una arquitectura transregional en la que distintos modelos de cooperación interactúan y, potencialmente, pueden complementarse. Esa superposición institucional representa una oportunidad todavía poco aprovechada.

El poder blando brasileño y su complementariedad con Europa

La presencia europea en la CPLP ha estado históricamente mediada por Portugal. Su política africana combina la memoria de su pasado colonial con las responsabilidades derivadas de su pertenencia a la Unión Europea. Esa doble condición genera tanto limitaciones como oportunidades.

El legado colonial continúa condicionando la percepción de Portugal en parte de África. Al mismo tiempo, su pertenencia a la Unión Europea le permite actuar como puente entre las instituciones europeas y el espacio lusófono.

Brasil ocupa una posición distinta. Aunque comparte una historia vinculada al colonialismo portugués, su relación contemporánea con los PALOP se ha construido sobre la cooperación técnica, la afinidad cultural y una narrativa de solidaridad poscolonial. La lengua común y las redes académicas fortalecen una legitimidad que diferencia la presencia brasileña de la experiencia colonial europea.

Esta diferencia hace que los recursos de Brasil y de la Unión Europea sean más complementarios que competitivos. Mientras Europa aporta financiación, acceso a mercados, capacidades regulatorias y transferencia tecnológica, Brasil ofrece cercanía cultural, legitimidad simbólica y una cooperación técnica ampliamente reconocida. Una estrategia coordinada multiplicaría el impacto de ambos actores.

Para los PALOP esta diversificación también resulta beneficiosa, ya que amplía sus opciones de cooperación y fortalece su capacidad de negociación frente a actores externos.

Una agenda transregional infrautilizada

La Unión Europea atraviesa un proceso de redefinición estratégica. La competencia geopolítica, la necesidad de fortalecer vínculos con el Sur Global, la incertidumbre en las relaciones transatlánticas y el impulso al acuerdo Mercosur-UE han renovado el interés europeo por América Latina.

Sin embargo, esta agenda continúa centrándose principalmente en el comercio y el diálogo político. El espacio lusófono africano constituye una dimensión poco explorada donde Brasil y Europa podrían desarrollar una cooperación trilateral con importantes beneficios.

Un primer eje consiste en ampliar la cooperación educativa y científica. La experiencia brasileña en movilidad académica podría escalarse mediante financiación europea, fortaleciendo redes universitarias entre los PALOP, Brasil y Europa y consolidando espacios de producción conjunta de conocimiento.

El segundo eje es fortalecer la capacidad institucional de la CPLP. Aunque la organización ha demostrado su utilidad como foro político, dispone de recursos limitados para ejecutar proyectos de desarrollo. Una mayor participación europea permitiría ampliar su capacidad de acción en educación, salud, transición energética, digitalización y fortalecimiento institucional.

Un tercer ámbito es la coordinación entre Brasil y la Unión Europea en los espacios multilaterales donde participan los países lusófonos. La promoción conjunta de iniciativas sobre desarrollo sostenible, gobernanza democrática, derechos humanos y cambio climático permitiría aprovechar las redes existentes y aumentar la capacidad de incidencia internacional de la comunidad lusófona.

La lusofonía como recurso geopolítico

La lusofonía no es únicamente un legado histórico. En un sistema internacional multipolar constituye una plataforma capaz de conectar regiones, generar alianzas y ampliar las posibilidades de cooperación entre actores con capacidades complementarias.

Brasil dispone de un importante capital cultural y diplomático construido durante décadas de cooperación con los PALOP. La Unión Europea aporta recursos financieros, tecnológicos e institucionales que pueden potenciar ese capital, mientras Portugal actúa como puente natural entre ambas dimensiones.

Transformar esta complementariedad en una estrategia compartida exige superar enfoques estrictamente nacionales y comprender la lusofonía como un espacio transregional de acción colectiva. Más que competir por influencia en África, Brasil y la Unión Europea tienen la oportunidad de construir una agenda basada en la cooperación, el fortalecimiento institucional y la producción de bienes públicos internacionales.

En un contexto de creciente fragmentación del orden internacional, la arquitectura lusófona ofrece una ventaja comparativa poco aprovechada. Si Brasil, Portugal y la Unión Europea logran articular una visión común, la comunidad lusófona podrá consolidarse como un puente entre América Latina, Europa y África y convertirse en un espacio privilegiado para impulsar una cooperación transregional adaptada a los desafíos del siglo XXI.

Este artículo es una colaboración de la Red EULAS, una red que busca fomentar la cooperación académica, la innovación y la investigación entre Europa y América Latina y el Caribe.

Autor

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Candidato a doctor de la UNU-CRIS y la Universidad de Gante. Maestría en Estudios Latinoamericanos en la Universidad de Georgetown y un Máster en Diplomacia y Relaciones Internacionales en la Escuela Diplomática de España.

 

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