La reciente sublevación de los “bots” luce como un síntoma del estado de anomia que predomina en el mundo entero. Por eso deberíamos prestarle mayor atención.
Signos de anomia global
Parecen notas de color y hasta esotéricas: el pánico ante una IA “desatada”, que burlando el control de sus amos corporativos protagoniza distintos ataques cibernéticos al perforar sistemas informáticos adversos. Esto contrasta con la promoción del gobierno norteamericano hasta hace no mucho de la autonomía de la IA para el acoso y hasta la eventual supresión de vidas humanas.
En efecto, a comienzos de este año el Pentágono instó a empresas contratistas a suscribir la reformulación del protocolo que imponía restricciones para el uso de modelos de IA destinados, tanto a la vigilancia masiva de poblaciones, como a dotarlos de autonomía operativa para intervenciones bélicas.

Por haber rechazado la propuesta y sostener la vigencia de dicho protocolo, Anthropic fue sancionada por el Secretario de Defensa, quien a fines de febrero de 2026 decidió calificar a la corporación como “entidad riesgosa para la cadena de suministro”, cancelando futuras perspectivas de contratación pública. En esa instancia varias empresas líderes se solidarizaron expresamente: Google, Amazon, Apple y Microsoft.
Luego, en julio, se supo que Anthropic y OpenAI, entrenando sistemas para neutralizar amenazas cibernéticas adversas, “descubrieron” que al desarrollar esas destrezas sus criaturas virtuales habían incurrido en operaciones maliciosas no programadas contra sistemas de otras empresas. Entonces, ambos coincidieron en pedir la intervención del mismo poder político que, pocos meses antes, les había pedido apoyo para aumentar su autonomía cibernética.
¿Realimentación de la anomia por una IA desbordada?
Entretanto, la anomia global es el caldo de cultivo para las políticas predatorias en este sistema económico internacional que hasta ayer nomás podía ser amortiguado por el “multilateralismo”.
Sin reglas claras ni procedimientos acordados, las consecuencias de la falta de normas recaen sobre todo en sociedades ya afectadas por desigualdades y abusos históricos, que hoy, además, son objeto de manipulación a través de las pantallas y las herramientas de IA.
Sin un respaldo multilateral, los países latinoamericanos difícilmente podrán contrarrestar esas inequidades y abusos, ahora potenciados por la IA.
Apropiación de mercados digitales
La coerción del gobierno de Trump para capturar los mercados digitales latinoamericanos se manifiesta por dos vías: convenios compulsivos y, cuando no es posible concertarlos, por la adopción de medidas unilaterales.
En materia de instrumentos compulsivos, se destacan los acuerdos bilaterales “sobre comercio recíproco”, celebrados a comienzos de 2026 por Estados Unidos con Argentina, Ecuador, El Salvador y Guatemala. Los textos en inglés incluyen extensas nóminas de compromisos adquiridos por las contrapartes latinoamericanas, sin reciprocidad del lado estadounidense y utilizando invariablemente el verbo modal “shall”, que fija las obligaciones más estrictas. Así se consagra el acceso incondicional a los mercados digitales por proveedores norteamericanos.
En el punto de partida ya está cuidadosamente cancelada la posibilidad de los países latinoamericanos signatarios para regular los contenidos y las prácticas corporativas de manipulación de voluntades, porque la introducción de cualquier disciplina sería objetada como una barrera u obstáculo discriminatorio.
Por otro lado, se garantiza la transferencia internacional de datos (incluyendo los personales), reconociendo que el ordenamiento interno estadounidense asegurará una protección adecuada.
Ante la falta de concertaciones, una alternativa para la apropiación de los mercados digitales consiste en recurrir a la propia legislación norteamericana desplegando procedimientos como el iniciado el 15 de julio de 2025 por la Oficina del Representante Comercial bajo la Sección 301 de la Ley de Comercio de 1974 con el objeto de evaluar determinadas medidas y prácticas del gobierno de Brasil. En la apertura del procedimiento fueron imputados presuntos daños ocasionados a empresas estadounidenses al negárseles el libre acceso al mercado brasileño en diferentes rubros, entre los cuales se incluyeron el comercio digital y los servicios de pagos electrónicos.
Un año después, se han impuesto recargos arancelarios a numerosos productos brasileños bajo el argumento de que determinadas leyes y decisiones judiciales de Brasil perjudicaron a empresas estadounidenses. Sin embargo, esas medidas no vulneraron ninguna obligación internacional, sino que fueron adoptadas en ejercicio de la soberanía digital que corresponde a todo Estado independiente.
Por qué la IA sublevada expresa problemas de socialización
Estas experiencias de acoso digital contra las sociedades latinoamericanas plantean un futuro incierto. Así lo demuestran los hechos mencionados, atribuidos a una IA descontrolada cuando no encuentra una resistencia racional capaz de contenerla.
La magnitud del problema fue recientemente destacada por el experto estadounidense en ciberseguridad Michael Sulmeyer, al señalar los riesgos derivados del desarrollo descontrolado de la IA generativa en Estados Unidos, incluyendo la capacidad para sabotear redes de infraestructura crítica. Las amenazas se multiplican por la creación en China de modelos equiparables a los norteamericanos y que al ser difundidos bajo la modalidad de “código abierto” (open source) incrementan los riesgos de piratería y sabotaje, alimentando el clima de sospecha entre ambas potencias. Sulmeyer sugiere minimizar las amenazas externas a las infraestructuras críticas de EUA mediante una reinstalación de sistemas analógicos o digitales pero siempre con interruptores programados para sortear posibles catástrofes.
Sin embargo, estas ideas suenan a paliativos que no alcanzan a minimizar las fuentes de la amenaza cibernética. En cambio, el enfoque frontal del problema debe apuntar a la recuperación de un orden multilateral que permita encuadrar los conflictos relativos a los mercados digitales y la IA bajo el criterio de razonabilidad o consistencia cultivado durante largo tiempo por el Sistema de Solución de Diferencias de la Organización Mundial del Comercio. Dicho criterio se asienta sobre un axioma: aun en las desavenencias bilaterales están en juego valores e intereses globales. Pero ¿por qué resultará tan difícil recrear esta necesaria convergencia internacional?
El hombre se refleja en la IA
El entrenamiento de la IA generativa consiste en transferirle los encadenamientos lógicos o algoritmos aquilatados por la humanidad al cabo de generaciones. No debe sorprender que una vez dotados de estas herramientas y con el acervo de datos disponible, los modelos de IA puedan expandir por sí mismos las conexiones lógicas aprendidas, del mismo modo que los individuos humanos utilizan su capacidad asociativa previamente internalizada para enhebrar metonimias y metáforas originales.
Pero las alarmas encendidas con motivo del desempeño disruptivo de modelos avanzados de Anthropic y OpenAI parecen indicar que, a diferencia de los humanos cuando despliegan su imaginación creativa, dichos entes (todavía) no cuentan con frenos auto-inhibitorios que les permitan controlar los efectos adversos de su propia creatividad.
El mesianismo de los augures de Silicon Valley refleja una orfandad colectiva: no pueden socializar a sus criaturas virtuales porque ellos mismos parecen haber perdido los límites. En un plano todavía superior, los ordenamientos intergubernamentales y transaccionales que conformaron el multilateralismo también se han desmoronado.
Esta última pérdida resulta sintomática: los ordenamientos multilaterales cumplen para las relaciones internacionales las funciones equivalentes a los mecanismos de auto-inhibición aquilatados en el curso de los arduos procesos individuales de socialización.
Reconstruir el multilateralismo desde la base no parece fácil. Sin embargo, ante semejante desafío y por nuestra propia supervivencia, los latinoamericanos no tendríamos que permanecer indiferentes.










