Elecciones en Panamá: ¿Realineamiento del espectro político?

Para los jóvenes que abarrotaron en noviembre pasado las calles de la Ciudad de Panamá protestando contra la minería, y que también inundaron las urnas hace dos semanas; hoy día resulta impensable las restricciones a los derechos civiles como la libertad de prensa y la libertad de asociación, y la prohibición de los partidos políticos durante la dictadura militar entre 1968-1979.  Sólo como secuela del plebiscito de 1977 para la aprobación de los nuevos tratados del Canal de Panamá, el régimen militar permitió el resurgimiento de los partidos políticos, incluyendo aquellos que habían dominado la escena política en los años sesenta (liberales, panameñista y demócrata cristiano, entre otros); y a la vez lanzó su propio instrumento político para el afianzamiento de su proceso revolucionario denominado Partido Revolucionario Democrático (PRD).

Desde aquel entonces, y por lo menos hasta el 2004, la división entre los llamados partidos civilistas que abogaban por el regreso a la democracia, y aquellos otros partidos afines al proceso, orientó el devenir de la política panameña atravesando episodios electorales transcendentales como los de 1984 y 1989. En la primera elección presidencial directa después del golpe militar de 1968, los partidos que apoyaban el proceso revolucionario lograron la elección a la presidencia de Nicolas Ardito Barletta de la Unión Nacional Democrática (UNADE) en medio de acusaciones de fraude por parte de la principal fuerza opositora, Alianza Democrática de Oposición (ADO).  La ADO estaba conformada por el Partido Panameñista Auténtico, Partido Demócrata Cristiano (PDC) y Movimiento Liberal Republicano Nacionalista (MOLIRENA), y había postulado a la presidencia al histórico líder del panameñismo, Dr. Arnulfo Arias Madrid.

Cinco años más tarde, y a escasos meses de la invasión militar estadounidense, los comicios de mayo de 1989 fueron suspendidos por la inestabilidad generada por la crisis del régimen del General Manual Antonio Noriega. Sorprendentemente, luego de la invasión de diciembre, se volvieron a contar las actas proclamando el triunfo de la ADO civilista liderada por el presidente Guillermo Endara Galimany del Partido Liberal Auténtico (PLA), y sus vicepresidentes Ricardo Arias Calderón (PDC) y Guillermo Ford (MOLIRENA).  El clivaje forjado durante la dictadura militar se extendió durante las elecciones de 1994, 1999 y 2004; en 1999 enfrentando a Mireya Elisa Moscoso, viuda del caudillo Arnulfo Arias Madrid, contra Martín Torrijos Espino, hijo del fundador del PRD y jefe supremo de gobierno entre 1969-1981, General Omar Torrijos Herrera.

En este mismo periodo empezó a vislumbrarse un posible realineamiento de las fuerzas políticas con la aparición de una nueva generación de partidos con aspiraciones a constituirse en terceras fuerzas como el Partido Solidaridad y el Movimiento Papa Egoro; así como el desalineamiento de fuerzas civilistas históricas como el Partido Demócrata Cristiano (PDC) que en 2000 decidió forjar una alianza parlamentaria inédita con el PRD. Igualmente, Solidaridad lanzó la candidatura del expresidente Guillermo Endara Galimany como tercera fuerza en 2004 atenuando de esta manera la profundad escisión que había prevalecido entre civilistas y partidarios del proceso durante los años ochenta y noventa.

En 2009, la inesperada elección como presidente de Ricardo Martinelli Berrocal, candidato del partido Cambio Democrático (CD); quien se refería abiertamente a Panameñistas y PRDs como huesos viejos de la política, presagiaba el final de la división entre civilistas y partidarios del proceso adoptando por primera vez la lucha contra la corrupción como bandera para ganar el voto de la población.  En aquel momento tanto el MOLIRENA como el Partido Panameñista se unieron a la propuesta de renovación de la política de Martinelli incorporando eventualmente a los partidos Solidaridad y Liberal Nacional que se habían fusionado en el nuevo colectivo Unión Patriótica (UP).

Posiblemente la elección de Martinelli representó el principio del fin del sistema de partidos consolidado con el retorno a la democracia, y que se alternaba la máxima magistratura de manera periódica: Guillermo Endara Galimany (Partido Arnulfista) entre 1990-1994, Ernesto Pérez Balladares (PRD) entre 1994-1999; Mireya Elisa Moscoso (Partido Arnulfista) entre 1999-2004; y Martín Torrijos Espino (PRD) entre 2004-2009.  Los ataques contra los expresidentes y personas allegadas de los mismos acusándolos abiertamente de corrupción reforzaban la imagen de Martinelli como reformador cristalizando la aspiración de constituir una tercera fuerza en Panamá.

Las presidencias consecutivas de Juan Carlos Varela (Partido Panameñista) entre 2014-2019 y Laurentino Cortizo Cohen (PRD) entre 2019 y el presente, parecían respaldar la continuidad del clivaje histórico, y hacían ver la candidatura de Martinelli como un episodio aislado.  A pesar de ello, tras bastidores nuevas fuerzas políticas empezaban a avizorar a través del pujante movimiento por las candidaturas de libre postulación, en Panamá mejor conocidos como candidaturas independientes.  En 2009, el mismo año de la elección de Martinelli, el economista de izquierda, Juan Jované De Puy, había intentado lanzar su candidatura a la presidencia por libre postulación; y aunque la misma había sido considerada improcedente por el Tribunal Electoral, la Corte Suprema de Justicia la declaró posteriormente viable a escasas horas de los comicios de ese año.

En los años venideros, un sector de la izquierda siguió propugnando por la candidatura del Profesor Jované, así como por otras igualmente desvinculadas de los partidos políticos tradicionales a través del Movimiento Independiente para la Renovación Nacional (MIREN), logrando la simpatía y el respaldo de un sector de la población en las elecciones de 2014.  En esas mismas elecciones la ex procuradora general de la nación, Ana Matilde Gómez, fue escogida como diputada independiente siendo la más votada a nivel nacional. El éxito de esta candidatura independiente abrió las puertas para su postulación a la presidencia por esta misma vía así como para la elección de cinco diputados independientes en 2019 incluyendo los fundadores del Movimiento Vamos, Gabriel Silva y Juan Diego Vásquez.

La elección de 2019 también vio la irrupción de Ricardo Lombana en la política panameña obteniendo la tercera posición en la carrera presidencial con 19% de la votación después de Laurentino Cortizo del PRD 33% y Romulo Roux del Cambio Democrático (CD) 31%, y adelante del candidato oficialista, José Isabel Blandón del Partido Panameñista.  Por primera vez se percibía como viable la posibilidad de ganar la presidencia y forjar una fuerza parlamentaria significativa por medio de la libre postulación lo que levantaba las expectativas de cara a los comicios de 2024.

Las reciente elecciones

En la reciente elección, Ricardo Lombana obtuvo el segundo lugar con 24.8% del voto a nivel nacional siendo superado únicamente por el candidato del partido Realizando Metas (RM), José Raúl Mulino 34.34%, y seguido del candidato del Partido Popular (PP) – antigua democracia cristiana, el expresidente Martín Torrijos Espino 16%. Si bien se pueden encontrar claras conexiones entre los miembros de RM y en especial el presidente electo Mulino con el movimiento civilista de los años ochenta; y entre Martín Torrijos y el proceso revolucionario enarbolado por su padre en los setentas; en las pasadas elecciones tres partidos que jamás habían ganado la presidencia obtuvieron la mayor cantidad de votos indicando la posibilidad de cambios transcendentales en los resultados de esta contienda electoral que hasta ese momento en democracia había sido dominada por los partidos PRD, Panameñista y CD.

Queda por definirse si los resultados de este mes de mayo van a significar la desaparición del sistema de partidos que ha prevalecido en Panamá durante medio siglo, siguiendo la tendencia regional manifestadas en otros países como Venezuela, Colombia, Costa Rica, El Salvador y Guatemala; o si el clivaje histórico entre civilistas y defensores del proceso revolucionario va a encontrar en los próximo años nuevas avenidas de expresión a través de estructura partidarias más fluidas y cambiantes como los partidos RM y MOCA inscritos apenas en 2021 y 2022, respectivamente. Ciertamente, RM tiene un gran desafío por delante considerando que ningún partido de gobierno ha logrado ganar la elección siguiente desde el inicio de la transición democrática en 1989; y los partidos históricos PRD y Partido Panameñista deberán hacer esfuerzos extraordinarios por recuperar la confianza del electorado considerando que en la reciente contienda solo lograron acumular 5.56% y 5.29% del voto popular, respectivamente.

Queda por definirse igualmente en qué consistiría un nuevo clivaje en este Siglo XXI; o si Panamá más bien flotará a la deriva con elecciones sin contenido programático, y basadas principalmente en simpatías personales y en la agitación de emociones.  La dicotomía entre votantes pro-Martinelli y votantes anticorrupción que subyace en la contienda entre José Raúl Mulino y Ricardo Lombana da visos que va a ser solo coyuntural, y posiblemente terminará en los comicios de 2029.  Alternativamente, podría haber una diferenciación entre partidos políticos formalmente constituidos, y candidatos por libre postulación como pareciera estar delineándose en la Asamblea Nacional; en donde el Movimiento Vamos estrenará 20 nuevos diputados por libre postulación en la sesión legislativa que inicia el 1 de julio de 2024.  O quizás en Panamá pudieran estar manifestándose clivajes prevalentes en otros países de la región como la diferencia entre control estatal de la economía vs. libre mercado, o igualdad de género y defensa de la familia; o incluso nuevas escisiones entre quienes favorecen el crecimiento económico ilimitado, y quienes prefieren sacrificar ganancias por una ecología humana integral.

Sea cual sea el rumbo que tome la política panameña, las elecciones de 2029 se vislumbran como determinantes para el devenir histórico del país con la posibilidad de que aparezcan nuevas fuerzas políticas o se reconstituyan los partidos históricos que han dominado al país durante los últimos cincuenta años.  En este panorama queda claro que una nueva generación de candidatos y votantes terminará barriendo las estructuras del pasado, o construyendo un nuevo futuro desde las bases de la lucha por la soberanía, la democracia y la justicia social.

Narcotráfico en Bolivia: dudas y deudas pendientes

Incautaciones históricas, redadas exitosas, decomisos diarios. El gobierno boliviano es elocuente en su discurso y sus datos sobre la lucha contra las drogas. Pero la reconfiguración del narcotráfico y el avance transnacional pesan más que el optimismo retórico y los récords.

Como tercer país productor de coca en el mundo, luego de Colombia y Perú, Bolivia ha estado en permanente escrutinio internacional, y en el último año además, afrontando una disputa interna del partido oficialista que está tomando como bandera al narcotráfico. Los ataques del expresidente Evo Morales a su sucesor Luis Arce no son simples comentarios a una deficiente gestión, son acusaciones directas sobre supuestos proteccionismos a narcotraficantes que estarían operando en el país.

Expansión del crimen organizado

Según datos oficiales las incautaciones de cocaína en 2023 se incrementaron en un 62% respecto a 2022, lo que puede sugerir eficiencia en los controles, pero también el fortalecimiento de la producción, la corrupción y la violencia. Aunque en Bolivia la tasa de homicidios es menor respecto a los demás países de Latinoamérica, hay algunos hechos concretos que han generado preocupación y mayor debate sobre la política antidrogas en el país.

Las extorsiones y secuestros vinculados a delitos del narcotráfico son más frecuentes y violentos, también la presencia de integrantes de organizaciones criminales de alta peligrosidad como el Primer Comando de la Capital (PCC) y el Comando Vermelho (CV), confirmados por autoridades policiales.

A esto se suma uno de los sucesos más polémicos del 2023 con el narcotraficante uruguayo, Sebastian Marset, que vivió casi un año en Bolivia operando libremente y luego huyó del país, tras un fallido operativo policial. En un caso más reciente, en febrero de este año, la captura del brasileño Máximo da Fonseca, quien desde hace 10 años traficaba droga hacia Perú, Paraguay y Brasil. El gobierno lo calificó como una “ballena del narcotráfico”.

La realidad es que Bolivia se ha convertido no solo como un país de tránsito, sino también productor y exportador de droga. Su ubicación estratégica, la vulnerabilidad del espacio aéreo, los deficientes controles terrestres, y la demanda de los mercados de Europa y ahora también Asia, la convierten en un corredor atractivo y hasta obligatorio en la región. Por Perú y Bolivia transita la droga, a través de pistas clandestinas,  que luego sale desde Brasil y Paraguay hacia otros mercados.

Luego de la desaceleración por la pandemia del Covid-19, la producción mundial de la cocaína se disparó en un 35% entre 2020 a 2021, una cifra récord y el aumento interanual más importante desde 2016, según el Informe Mundial de la Cocaína 2023, emitido por la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (Unodc).

Hoy el narcotráfico está sustentado por traficantes hábiles que saben de las viejas mañas y del poder de los vínculos políticos para reforzar el control territorial y las cadenas de suministro. Es innegable que este lucrativo negocio se ha modernizado con una estructura transnacional más efectiva en rutas y tecnología y también porque hay grupos pequeños y medianos con la capacidad de moverse sin necesidad de pertenecer a los grandes cárteles. Mientras la ilegalidad avanza a un paso acelerado, la institucionalidad salpicada por la corrupción, queda en entredicho.

En el Informe de Riesgo Político América Latina 2024, el ranking de los principales riesgos para este año está liderado por la inseguridad, el crimen organizado y el narcotráfico. En Bolivia la falta de institucionalidad, independencia de poderes e impunidad se han puesto de manifiesto. Una prueba de esto es que al menos una treintena de  policías se han visto implicados en narcotráfico entre el 2022 y 2023, muchos de ellos con procesos penales que no terminan en sanciones e incluso posibilitando su retorno a las filas de la institución. Aun ante los hechos, se mantiene el discurso gubernamental negacionista: el narcotráfico no ha penetrado al Estado.

¿Una lucha conjunta?

El uso tradicional y medicinal de la hoja de coca está contemplado en la Constitución boliviana desde 2009 y actualmente la superficie legal de cultivos es de 22.000 hectáreas. Pero el debate siempre ha estado abierto respecto a la cantidad de producción que se desvía al narcotráfico.

La cifras que valida el gobierno son las que maneja con su propia metodología y contradicen a las presentadas por la Unodc que observa un incremento del 4%, de 29.400 hectáreas en 2020 a 30.500 hectáreas en 2021.

La lucha antidrogas en Bolivia se asumió bajo el concepto de soberanía y no intervencionismo en los 18 años de gestión que lleva el Movimiento Al Socialismo (MAS) y con la consigna de que ha sido exitosa. En 2008, el entonces presidente Evo Morales expulsó a la DEA (Administración de Control de Drogas, por sus siglas en inglés) acusándola de financiar un “golpe de Estado fallido” y no se volvió a considerar la posibilidad de este acompañamiento.

Sin embargo la reconfiguración del narcotráfico obliga a que la lucha contra las drogas tenga un carácter más integracionista y transnacional, es decir, con acuerdos multidisciplinarios y acciones coordinadas entre países. Si bien el gobierno boliviano ha mostrado su apertura a la cooperación, resulta hasta cierto punto contradictorio cuando aún prevalece el negacionismo sobre la capacidad de producción y exportación de droga desde el país y el rechazo a los cuestionamientos de organismos internacionales que piden mayores esfuerzos en la estrategia antinarcóticos.

Se plantean entonces interrogantes sobre el verdadero compromiso de Bolivia. ¿Es prioridad del gobierno la lucha contra las drogas?¿Tiene la capacidad de enfrentar al crimen organizado? ¿Puede mostrarse fiable ante la comunidad internacional?

Narcotráfico y poder

Las disputas internas cada vez más radicales del MAS, dividido en dos facciones, la del presidente Luis Arce y la de su predecesor Evo Morales buscan deslegitimar las acciones contra el narcotráfico realizadas en cada gestión, en un juego de poder que tiene en la mira las elecciones generales de 2025.

Las partes conocen bien los puntos débiles, pero también la forma de evadir o minimizar las acusaciones, al final es el mismo oficialismo en un ambiente que ensombrece lo que podría ser una verdadera política antidroga.  En medio de la confrontación, queda un país cada vez más envuelto en la violencia y la expansión del narcotráfico. ¿Cómo puede un Estado, con democracia debilitada, hacer frente a este flagelo?

El desmantelamiento de las políticas es responsable de la mayor crisis climática de Brasil

Hay que decirlo claramente: la crisis climática que vive Rio Grande do Sul (RS) ya es la mayor de la historia de Brasil. Ya se sabe que más de 460 municipios están afectados, lo que representa cerca del 95% de las ciudades del estado, y algunos de estos municipios tienen más del 70% de su población afectada. En total, según la Defensa Civil de RS, hoy son más de dos millones de personas afectadas, de las cuales más de 600 mil tuvieron que abandonar sus hogares. Cuando hablamos de municipios y personas afectadas, hablamos de ciudades inundadas, destruidas y con muchas zonas ya desocupadas. Todo esto es lo que ya sabemos hoy, pero hay muchas cosas que aún no sabemos. Sólo cuando el agua retroceda tendremos una mejor visión de la infraestructura destruida, la pérdida de las condiciones de subsistencia, las pérdidas económicas y, lo más importante, el número de muertes. 

También existen preocupaciones sobre los escenarios posteriores al fenómeno: en el corto plazo, necesitaremos evaluar cuestiones sanitarias como la contabilización de infecciones y enfermedades, cuyos síntomas y diagnósticos pueden ser inmediatos o no. En el mediano plazo comenzaremos a ver problemas económicos para personas y familias que lo han perdido todo: desde sus hogares hasta sus condiciones de producción y reproducción de vida. El largo plazo es difícil de analizar, pero ya se sabe que la reconstrucción infraestructural, financiera y emocional después de los desastres es difícil, costosa y dolorosa. En otras palabras, ésta ya es la mayor crisis climática del país y aún ni siquiera hemos podido medir su tamaño.

Crisis climática y ambiental en Brasil

La crisis climática en Rio Grande do Sul puede insertarse en un contexto general de la crisis climática y ambiental en Brasil. Al fin y al cabo, ya estamos sufriendo los efectos del cambio climático en todo el país: sequías, desertificación, cambios en el caudal de lluvias, inundaciones, incendios y pérdidas de cultivos y de condiciones de producción agrícola y alimentaria, además de fenómenos extremos que matan, desplazan y afectan a miles de personas año tras año.

En 2023, por ejemplo, más de 70 mil personas quedaron sin hogar debido al impacto de eventos de origen hidrogeoclimático. El dato es alarmante: en ese mismo año, el 93% de los municipios brasileños registraron algún tipo de desastre natural que llevó al registro de emergencia o estado de calamidad pública. 

Brasil es hoy el séptimo mayor emisor mundial de gases de efecto invernadero (GEI) y, simultáneamente, vive las consecuencias del desmantelamiento de sus instrumentos ambientales tras la administración de Jair Bolsonaro. Desde que asumió el poder, el gobierno de Lula ya ha impulsado importantes iniciativas para combatir la crisis ecológica, con notable énfasis en la reducción de la deforestación en la Amazonía. Sin embargo, estas medidas siguen siendo insuficientes y excesivamente lentas en vista del colapso que estamos viviendo.

El desmantelamiento de garantías socioambientales del Estado

En Rio Grande do Sul la situación es especialmente grave. El estado es hoy el sexto mayor emisor nacional de GEI del país, principalmente debido al modelo agrícola. Sin embargo, el problema es mucho mayor que la contabilidad de emisiones. La actual administración estatal es responsable de un verdadero desmantelamiento de las –ya escasas– garantías socioambientales del Estado. 

En 2019 se aprobó el nuevo Código Ambiental Estatal, que cambió casi 500 puntos respecto a la versión anterior, lo que llevó al desmantelamiento del texto original, aprobado en 2000. La nueva versión del código redujo la protección a áreas adyacentes a unidades de conservación, eliminó incentivos para la protección ambiental, permitió la subcontratación que ayudó a consolidar el desmantelamiento estatal, debilitó los instrumentos vinculados a la lucha contra los incendios forestales y liquidó el código forestal. 

También se produjo la promulgación de la Licencia Ambiental por Adhesión y Compromiso (LAC), que, en la práctica, flexibilizó la inspección ambiental; la ampliación de la construcción de represas en áreas de preservación ambiental; además de la aceleración de la minería predatoria y la contratación de termoeléctricas a carbón. Todo esto demuestra que en los últimos años se ha producido un desmantelamiento de la estructura de protección ambiental a nivel estatal.

En la capital, Porto Alegre, la situación también es desalentadora. La ciudad, que alguna vez fue conocida mundialmente por sus políticas progresistas, por su profunda participación social y por ser la sede del Foro Social Mundial, hoy se encuentra abandonada, desestructurada y aquejada de falta de inversión. En 2023, la inversión en prevención de inundaciones, que ya venía cayendo, fue de cero reales. En los últimos cuatro años, se puede comprobar que el recorte de fondos ha tenido un impacto importante en el sistema de protección del agua de la ciudad, implementado en los años 1970. 

El mantenimiento precario causó gran parte de los daños, especialmente en los diques y las casas de bombeo. A pesar de los notables esfuerzos, el Departamento Municipal de Agua y Alcantarillado (DMAE), que ha sufrido recortes de gastos y reducciones de personal, se encuentra actualmente en malas condiciones para afrontar la crisis que vive la ciudad. Es decir, el sistema antiinundaciones falló y las casas de bombas no operaron por falta de mantenimiento e inversión. 

En Rio Grande do Sul y su capital, el colapso climático y medioambiental es efectivamente el resultado de un fenómeno global y nacional, pero también es –y sobre todo– una consecuencia del desmantelamiento de los instrumentos medioambientales, de una reducción del presupuesto de los servicios públicos autoridades y desinversión en políticas medidas serias para abordar el colapso climático y ecológico. En otras palabras, lo que hoy viven el Estado y el capital es producto directo de un proyecto político de reducción del poder público.

Se deben fortalecer las políticas para afrontar el cambio climático 

Hay posibles respuestas, pero necesitamos mucho más. En primer lugar, es necesario fortalecer las políticas vinculadas a la mitigación de emisiones de GEI y la reparación a los afectados; sin embargo, la palabra más importante en este momento es adaptación, es decir, políticas para reducir las vulnerabilidades de los sistemas naturales y humanos al cambio climático. Sin embargo, la agenda vinculada a la adaptación aún es escasa. 

A nivel internacional, se trata de una agenda con fondos insuficientes en comparación con las agendas de mitigación, que ya cuentan con un ecosistema de financiación a su alrededor. Además, la gobernanza climática internacional va por detrás de definiciones fundamentales como el Objetivo de Adaptación Global y la recaudación de fondos para la agenda, lo que también dificulta el desembolso y la presentación de proyectos a grandes fondos globales. 

A nivel federal, el Ministerio de Medio Ambiente y Cambio Climático ya ha logrado avances importantes, pero pocos y definitivamente tardíos, como el Plan Climático – Adaptación. Además, si bien ya se sabe que es necesario pensar en infraestructuras resilientes y adaptadas al cambio climático, esto aún no se refleja, por ejemplo, en el Programa de Aceleración del Crecimiento (PAC) ni en la planificación federal en su conjunto. 

El estado de Rio Grande do Sul está aún más rezagado en este aspecto: el Plan de Estrategias de Acción Climática ProClima 2050 no se aprobó hasta octubre de 2023, y la mayoría de sus medidas aún no han llegado a buen término. A nivel municipal, en Porto Alegre esto ni siquiera es una discusión, lo que ya muestra la magnitud del problema.

Hoy somos testigos de la mayor crisis climática en Brasil. Es el resultado, simultáneamente, del desmantelamiento de los instrumentos ambientales estatales, la falta de inversión en prevención municipal en la capital y, más ampliamente, el retraso en la reflexión estratégica sobre la adaptación climática en todo el país. Sin una planificación seria, que abarque todos los niveles federales, no habrá salida: Rio Grande do Sul puede incluso reconstruirse, pero la próxima inundación llegará y destruirá una vez más las infraestructuras, la economía y la vida de la población que vive ahí. 

Dado que el cambio climático ya es una realidad, la única alternativa es pensar en un mundo en el que se mitiguen las emisiones, pero que también se adapte para proteger a las personas más vulnerables.

Somos la región que más migra

Según Naciones Unidas, a finales de 2020 había aproximadamente 281 millones de migrantes en el mundo, lo que equivale al 3,6% de la población global. El 26% de la población migrante mundial vivía en las Américas, lo que significa que los migrantes constituían el 7% de la población total de la región ese año. Al mismo tiempo, 117 millones de personas habían sido desplazadas por la fuerza en todo el mundo, lo que representa un aumento del 950% en los últimos 10 años. De estas personas, 9,2 millones fueron desplazadas en las Américas, es decir, el 28% de la población desplazada global se encuentra en América Latina y el Caribe. 

¿Qué nos dicen estos datos? 

Que somos la región que más migra. No sólo los datos lo confirman sino también la prioridad que se le está dando a este tema a nivel regional. En efecto, la migración y el desplazamiento forzado fueron los principales puntos discutidos en el marco de la III Reunión Ministerial de la Declaración de Los Ángeles sobre Migración y Protección, que tuvo lugar el 7 de mayo de 2024 en la Ciudad de Guatemala con la participación de 20 de los 22 países que aprobó el documento en 2022 al margen de la Cumbre de las Américas celebrada en Los Ángeles.

Considerando la prioridad de esta agenda a nivel regional, es válido resaltar tres temas claves que surgieron de la discusión en Guatemala. Además de discutir el carácter verdaderamente hemisférico del fenómeno migratorio que está impactando a prácticamente todos los países de la región como países de origen, tránsito, destino e incluso retorno, y revisar los datos, desafíos y oportunidades, los países participantes en el encuentro también discutieron (a) los desafíos de financiar la recepción e integración de personas en situaciones de movilidad humana, (b) la necesidad urgente de garantizar una membresía más inclusiva en el proceso de seguimiento de la Declaración, y (c) la necesidad de vincular las cuestiones del cambio climático y migración. Un elemento adicional a destacar fue la “desvenezolización” de la discusión del tema, y ​​la mención de foros como los que ofrece la Declaración de Palenque como alternativas para discutir temas migratorios a nivel regional.

En cuanto a la cuestión del costo de la migración para los países de tránsito y de acogida, una cuestión que surgió con mucha fuerza fue la necesidad de una mayor financiación tanto de las instituciones financieras como del sector privado. En esencia, los países de origen deben resolver las causas estructurales de la migración y los países receptores deben invertir en la integración de migrantes y refugiados, pero esto tiene un costo financiero difícil de soportar para los países de América Latina y el Caribe que continúan enfrentando dificultades económicas, especialmente post-COVID, y con cada vez menos acceso a fondos internacionales que se están invirtiendo en otras crisis en el mundo. 

A modo de ejemplo, en 2023, en el marco del Foro Mundial sobre los Refugiados, se hicieron más de 1.600 anuncios de cooperación financiera y técnica destinados a la atención de los refugiados y sus comunidades de acogida, incluidos 250 millones de dólares prometidos por el sector privado. Estas contribuciones del sector privado se centraron principalmente en apoyar iniciativas para la educación, la protección de las personas en movilidad humana, el empleo y los medios de vida de los refugiados. 

Sin embargo, al observar la asignación de estos fondos por región, las Américas no fueron priorizadas como región por los donantes internacionales a pesar de que albergamos las mayores dinámicas de migración y desplazamiento forzado en la historia reciente de la región, incluida la situación en Centroamérica y México, donde más de 1,8 millones de personas han sido desplazadas y, desde octubre de 2022, el mayor éxodo del mundo, el de venezolanos.

Migración infantil 

Un aspecto importante de por qué es estratégico invertir más en la gestión de la migración y el desplazamiento forzado tiene que ver con la migración infantil. Los niños y adolescentes representan menos del 15% de la población migrante a nivel global, sin embargo, en América Latina y el Caribe representan el 25% de las personas en situación de movilidad humana. Y por cierto, las niñas y adolescentes representan alrededor del 20% del flujo migratorio femenino en la región. De hecho, en 2022, 3,7 millones de niños, niñas y adolescentes de la región se encontraban en procesos de migración y desplazamiento, lo que representa un aumento del 47% respecto a 2021.

En segundo lugar, y con base en el espíritu interamericano de cooperación e inclusión, se enfatizó la importancia de garantizar una membresía más inclusiva en el proceso, incluyendo la participación de otros actores clave que contribuyan y participen activamente en el ecosistema de respuesta a la migración y desplazamientos forzados. Para 2024, sólo 22 de los 34 estados miembros de la Organización de Estados Americanos (OEA) participan en el proceso de seguimiento de la Declaración de Los Ángeles sobre Migración y Protección con una notable ausencia, por ejemplo, de los países anglocaribeños. También se hizo evidente la necesidad de incluir a la sociedad civil y la academia, y aunque su participación no fue parte del foro como tal, sus aportes y propuestas fueron recibidos con la expectativa de poder generar procesos institucionalizados para su participación en el futuro.

Un tercer tema importante tratado fue la conexión entre la migración y el cambio climático de dos maneras. Por un lado, se hizo evidente que el cambio climático, combinado con otros factores, puede ser un factor que impulse la migración. Un ejemplo clave y cercano a la realidad guatemalteca es la realidad que se presenta en el Corredor Seco de Centroamérica, y el impacto que las sequías pueden tener en la seguridad alimentaria de estas poblaciones. De hecho, datos de Naciones Unidas estiman que 17 millones de personas serán desplazadas por el cambio climático y la degradación ambiental en los próximos años, y es una realidad que afecta también a América Latina y el Caribe, especialmente. 

Por otro lado, y desde la perspectiva de lo que sucede actualmente en el Darién, también se discutió el impacto ambiental del paso de personas por esta ruta migratoria. Para ilustrar esto último, datos de la autoridad migratoria fronteriza de Panamá documentan que, en 2023, al menos 520.085 personas cruzaron el Darién, lo que representó un aumento del 109% respecto a lo registrado en 2022, que fue de alrededor de 248.000 personas, y 133.000 en 2021. Entre enero y abril de este año (2024), 139.000 personas ya cruzaron de Colombia a Panamá por el Darién, siendo el 20% del total menores de edad. 

Al mismo tiempo, también se están produciendo importantes daños ambientales, como la pérdida de bosques primarios, pérdida de suelo por erosión, contaminación de ríos y playas por basura en el Parque Nacional, entre otros, por el paso constante de personas. Sin duda, este es un tema poco abordado y que debería incluirse cada vez más entre las prioridades de la discusión regional.

La migración venezolana

Finalmente, más de 7,7 millones de refugiados y migrantes venezolanos han abandonado su país de origen desde 2018, de los cuales unos 6,5 millones (84%) están siendo recibidos en países de América Latina y el Caribe. Por otro lado, de las 139.000 personas que han cruzado el Darién entre enero y abril de 2024, el 63% eran venezolanos. Sin embargo, el éxodo venezolano no estuvo en el centro de la discusión como en reuniones anteriores, ni tampoco los desafíos que representa esta migración dado el volumen y velocidad de los movimientos del pueblo venezolano y dadas las precarias condiciones de su tránsito migratorio. 

Al mismo tiempo, también entró en el radar de la discusión la posibilidad de abordar estos temas en el marco de otros foros, en particular, el que ha surgido del Encuentro de Palenque que tuvo lugar en México en 2023, y en el que Cuba y Venezuela participan.

Sin duda, los países de la región dieron un paso positivo al adoptar la Declaración de Los Ángeles sobre Protección y Migración al margen de la Cumbre de las Américas 2022 celebrada en Los Ángeles. Sin embargo, casi dos años después de su aprobación, persiste la expectativa de que este nuevo mecanismo de cooperación regional en materia migratoria pueda ofrecer nuevos y mejores resultados y agregar valor a lo logrado anteriormente. Esto es algo que podremos evaluar con el tiempo y a medida que el proceso se siga institucionalizando y que será una prioridad clave para los países de la región.

*Las opiniones son personales. No representan a los de la Organización de Estados Americanos (OEA).

México 2024: la elección y la furia 

El 2 de junio de 2024, México celebrará la elección más grande y más violenta en su historia. Por diferentes razones, esta fecha podría ser considerada un parteaguas en la historia del país; sin embargo, tres dimensiones reducen las opciones que los ciudadanos tenemos para elegir.

1-La falacia del modelo social

La primera es lo que llamaría la falacia del modelo social. Esta falacia ha sido alimentada por cada una de las tres principales plataformas políticas que están compitiendo por el voto popular. Las candidatas y el candidato presidenciales son la cara más visible de un discurso, pero ¿en qué consiste?

La candidata Claudia Sheinbaum ha basado su campaña en la celebración y continuidad del modelo social implementado por el actual presidente mexicano. Un modelo que se vende como progresista y humanista, pero que en la práctica favorece lo que tanto crítica: la concentración de los recursos en el individuo, en este caso, el destinatario de los programas sociales.

Por su parte, la candidata Xóchilt Gálvez no ha logrado articular una narrativa con una clara posición crítica hacia los programas sociales, pero tampoco defiende una propuesta económica para los diversos sectores de la sociedad que se han sentido desplazados por aquellos programas. Esta falencia la identifica con un modelo que ya ha mostrado su fracaso.

Si bien es cierto que el candidato Jorge Álvarez Máynez ha aprovechado las plataformas mediáticas, como los debates, para presentar propuestas concretas, también es verdad que estas o bien siguen el modelo actual, con el mismo resultado individualista, o bien son propuestas que no por sonar bien son viables a corto plazo.

De tal suerte que, aunque los tres candidatos quieran presentarse como los paladines de un modelo social que llevará a México a niveles mayores de prosperidad y progreso, lo cierto es que en la actualidad no hay modelo que haga realidad la justicia social. En consecuencia, el electorado se queda sin opciones reales para decidir.

2-El aumento de la violencia políticoelectoral

La segunda dimensión es el contexto de violencia: más de 180.000 personas han sido asesinadas en el sexenio de López Obrador. Con relación a procesos electorales, el proyecto Votar entre Balas de la organización Data Cívica reporta estos datos sobre violencia políticoelectoral en todo México.

En lo que va del 2024, al momento que se escribe este texto, un total de 59 candidatos o candidatas han sido víctimas de algún tipo de violencia políticoelectoral: 22 de ellas han sido asesinadas, 14 han recibido algún tipo de amenaza, 10 han sido secuestradas, 8 han sufrido algún atentado, 4 han sido atacadas con arma de fuego y 1 se encuentra desaparecida.

Si a este conteo se le añade funcionarios, autoridades de elección popular, miembros de partidos e incluso instalaciones políticas, el número de casos de violencia política electoral va aumentando año con año: en 2020 tuvimos 78, en 2021 fueron 178, en 2022 aumentó a 486, en 2023 tenemos la cifra más alta con 575 y en lo que va del 2024 se suman un total 224 casos de violencia políticoelectoral.

Quienes se encuentran más expuestos a esta violencia son las autoridades municipales: 76,5% del total. Una posible explicación es que, a nivel municipal, el crimen organizado puede tener más control del territorio al “decidir” quién gobierna a través de esta violencia.

La violencia políticoelectoral, sobre todo a nivel municipal, se está convirtiendo en una tendencia cuyo resultado es que la elección está resuelta antes de llegar a las urnas. Por lo tanto, el electorado se queda sin libertad para decidir.

3-La polarización política

La tercera dimensión es la polarización. Otra característica de las campañas en curso ha sido la constante descalificación principalmente entre las candidatas. Incluso en varios de sus spots de radio y televisión, han preferido darle espacio a la candidata opositora para señalar sus “mentiras”. El cruce de adjetivos como mentirosa, corrupta, narcocandidata y otros motes que han acuñado muestra que el actual discurso electoral se basa en la estigmatización.

No es casual que la candidata Claudia Sheinbaum no voltee a mirar a ninguno de sus competidores durante los debates presidenciales. Dicha actitud es muestra de que la polarización contemporánea se basa y se practica a través de la estigmatización, que convierte en enemigos a quienes piensan diferente y con quienes no es necesario dialogar ni consensuar.

El contenido discursivo con el que se construye la actual polarización ha derivado en acciones que van desde la descalificación moral a través de adjetivos “ingeniosos” hasta el retiro o la obstrucción en derechos y libertades por parte de quienes son considerados adversarios por los gobiernos con tendencias autoritarias.

La estigmatización que implica la actual polarización provoca ver al otro actor político como alguien que no merece derechos o libertades. Por lo tanto, el electorado reduce sus opciones a una polarización u otra.

La paradoja del proceso electoral más grande en la historia de México es que la furia de la violencia, la furia del discurso, la furia por la injusticia social, la furia derivada de la polarización, nos dejan a los electores sin alternativas reales para tomar una decisión o, algo peor, al momento de votar solo nos dejan la elección de la furia. Veremos.

Guyana y la necesaria discusión sobre transición justa

Recientemente circularon fragmentos de una entrevista con el actual presidente de Guyana, Irfaan Ali, para la BBC, en la cual fue cuestionado sobre las emisiones de gases de efecto invernadero (en inglés, GEE) que generará la extracción y consumo del petróleo guyanés durante las próximas décadas.

La entrevista dejó en el aire algunas ideas incompletas sobre la ruta para avanzar en la reducción de las emisiones de GEE asociadas al sector energético. Eso porque el cuestionamiento del entrevistador intenta inferir que la descarbonización de ese sector se limita a una reducción de la oferta de combustibles fósiles, cuando, en realidad, esos esfuerzos de mitigación deberían formar parte de un plan organizado para avanzar gradualmente en la reducción de la demanda por esas fuentes de energía.

Contrario a lo que se espera para las industrias de energía, existe una gran incertidumbre sobre la ocurrencia de un pico en la demanda de petróleo hasta 2040. Incluso si ocurriera, el petróleo seguramente continuará teniendo una participación significativa en la matriz energética mundial. En ese sentido, el petróleo que Guyana deje de colocar en el mercado internacional será abastecido por otro país productor.

Desarrollo y planes de acción climática

El caso guyanés ilustra perfectamente el dilema que enfrentan los países en desarrollo que poseen importantes reservas de petróleo y gas natural: la necesidad de balancear las necesidades de desarrollo con los planes de mitigación y adaptación al cambio climático.

Guyana es uno de los países más pobres de las Américas. Las condiciones de la economía guyanesa antes del descubrimiento de petróleo en el bloque Stabroek mostraban un pequeño país con pocas perspectivas de conseguir impulsar grandes transformaciones en su matriz productiva debido a un serio déficit en materia de recursos financieros, recursos humanos capacitados e infraestructura. 

De esa forma, el auge de las operaciones de extracción y exportación de petróleo guyanés ha abierto una ventana de oportunidad única para impulsar el desarrollo económico y social del país. Esa oportunidad es entendida, con considerable consenso, por las élites políticas guyanesas como una fuente de recursos para avanzar en la transformación del país a través de la implementación de planes de diversificación económica y de acción climática. 

Sumado a lo anterior, Guyana tiene una contribución insignificante en las emisiones globales de GEE. El petróleo producido, para ser exportado casi en su totalidad, además de ser de buena calidad también posee una intensidad de emisiones de gas carbónico asociada a las operaciones de extracción muy por debajo de la media mundial. Esto último hace del crudo guyanés un recurso competitivo frente a otros países productores en un mercado donde, además del costo de producción, los países consumidores tenderán a privilegiar la importación petróleos con menor intensidad de emisiones.

Alternativas para una transición energética justa para Guyana 

Considerando lo expuesto anteriormente, es importante analizar alternativas para garantizar que Guyana y otros países en situación similar puedan atender sus objetivos de desarrollo y contribuir en la contención del cambio climático. 

Una alternativa es que los principales países consumidores coordinaran acciones planificadas para satisfacer su demanda de energía mediante la compra de estos recursos a países en desarrollo como Guyana. 

Sin embargo, esta opción no está exenta de desafíos. El primero está asociado con la capacidad guyanesa para gestionar de forma adecuada el ingreso petrolero, debido a fenómenos como la maldición de los recursos naturales. En este sentido, la compra de crudo podría venir acompañada de planes de cooperación para apoyar a los países en desarrollo en materia de fortalecimiento institucional. El caso guyanés ya ilustra esta cuestión, dado que en los últimos años ha recibido asistencia financiera y técnica del PNUMA, el Banco Mundial y el gobierno de Estados Unidos en el proceso de implementación de sus planes de política petrolera y desarrollo sostenible.

Otro aspecto para considerar son los riesgos para la seguridad energética derivados de la importación de petróleo. El impacto del conflicto en Ucrania en los mercados de energía ha rescatado la centralidad de la seguridad en el abastecimiento en la agenda de la política energética de los Estados. Para mitigar esos riesgos, Guyana debe trabajar en fortalecer su reputación de proveedor confiable, que respeta y honra sus compromisos, además de evitar alinearse en conflictos internacionales.

Por otro lado, los países industrializados pueden adoptar otras iniciativas dirigidas a compensar a Guyana por la decisión de no monetizar parte de sus reservas de petróleo y gas. De esa forma, en caso de aceptar, el nuevo petro-estado suramericano también podría encontrar una fuente de recursos para financiar sus planes de desarrollo sustentable. 

La transición energética de bajo carbono es un proceso que ya es irreversible. Como establece el artículo 2 del Acuerdo de París, la responsabilidad de los Estados por su implementación es compartida pero diferenciada. En ese sentido, no existe duda de que Guyana también debe contribuir en la contención de la crisis climática descarbonizando su economía, preservando sus sumideros naturales y aprovechando los co-beneficios de tales acciones para mejorar la calidad de vida de sus ciudadanos. 

Sin embargo, en un mundo que seguirá demandando petróleo para satisfacer sus necesidades de energía, parece injusto negarle al pequeño país suramericano la oportunidad de dar un salto hacia el desarrollo a partir del aprovechamiento y la buena administración de sus recursos naturales.

La comunidad internacional tiene la capacidad de apoyar a Guyana en su camino hacia el desarrollo a través de una transición energética organizada y que sea justa.

Cuba: un proceso electoral previsible y sin participación ciudadana

El politólogo polaco-estadounidense Adam Przeworski ha destacado en diferentes oportunidades que una característica de los procesos de transición a la democracia es tanto la certeza en los procedimientos de decisión política como también la incertidumbre en sus resultados.

Certeza en los procedimientos, incertidumbre en los resultados: probablemente esta no sea una de las mejores definiciones para explicar las elecciones de gobernador que tuvieron lugar en Cuba el 4 de mayo pasado, dado que nos encontramos frente a un sistema electoral basado en la certidumbre tanto en los procedimientos de elección como en las consecuencias de la puesta en ejecución de la maquinaria electoral del estado: en definitiva, se ha tratado una vez más de una “elección sin sorpresas”.

En efecto, el Partido Comunista de Cuba-PCC, en tanto que columna central del régimen socialista en la isla, ha convocado un proceso electoral en el cual aquello que ha estado ausente es precisamente la participación ciudadana en las provincias de Matanzas, Cienfuegos, Villa Clara y Santiago de Cuba. En un proceso electoral indirecto, los delegados de las Asambleas Municipales del Poder Popular en esas provincias han ratificado a los gobernadores provinciales a partir de una candidatura postulada por el presidente de la República, Miguel Díaz-Canel. El cisne negro en Cuba son los padres.

Un informe de la organización no gubernamental Transparencia Electoral de reciente publicación, “Elecciones” de gobernadores en Cuba 2024, da cuenta en su resumen ejecutivo de una serie de irregularidades y expresiones propias de un sistema político en una crisis ya con carácter crónico:

● Como todos los procesos electorales (directos o indirectos) administrados por el Consejo Electoral Nacional (CEN), la autoridad electoral cubana, se reportaron irregularidades, improvisación y opacidad en su organización.

● Este proceso se ha convocado en el marco de un recambio de puestos políticos en el país, que se conoce típicamente como “movimiento de cuadros”. Funcionarios de varias esferas del Estado han sido removidos o relevados en los últimos meses.

● La realización de numerosas elecciones parciales a principios de año para cubrir las poco publicitadas pero persistentes vacantes en las Asambleas Municipales, electorado de esta votación, nos muestran una notable hemorragia de funcionarios políticos.

● Estos relevamientos dan cuenta de una crisis dentro del poder político cubano, a pesar del hermetismo con el que los relevos se suelen manejar para mantener la unidad y cohesión del régimen cubano frente a presiones externas.

● Más allá de todo, los ascensos de numerosos cargos institucionales a cargos dentro del Partido Comunista de Cuba, única formación política legal, dan cuenta de que el verdadero epicentro de poder es el partido, no los cargos estatales nominalmente electos.

● El hecho de que una entidad no electa, no auditada y con poder de “vanguardia social” ejerza ese nivel de coerción sobre las instituciones no es sino la demostración más básica de la incapacidad de los ciudadanos cubanos para influir en la toma de decisiones políticas en su propio país.

El politólogo alemán Dieter Nohlen nos recuerda que, en un sentido más general, las elecciones representan el método democrático de designar a los representantes. En un sentido más estricto, constituyen una técnica de designación de representantes, dado que las elecciones no son un procedimiento exclusivo de los regímenes democráticos. La oportunidad y libertad de elegir deben estar amparadas por la ley: cuando estas condiciones están dadas, se habla de elecciones competitivas; cuando se limitan de alguna manera, se trata de elecciones semicompetitivas, y cuando se niegan la oportunidad y libertad de elegir, estamos en presencia de elecciones no competitivas.

Ejemplos de elecciones competitivas son aquellas acontecidas en países con democracias surgidas durante las diferentes oleadas de democratización a partir de la segunda mitad del siglo diecinueve; los casos de Brasil durante el régimen militar entre 1964 y 1985 y Argentina en el período 1955-1973 son la representación de un tipo de elección semicompetitiva, y como expresión de elecciones no competitivas podemos mencionar a Venezuela durante el actual régimen de la V República, Nicaragua con la dinastía Ortega/Murillo y Cuba.

En resumen, estamos frente a un régimen político de “democracia ¿para el pueblo? sin el pueblo”.

Tal como ha planteado el politólogo y director ejecutivo de la ONG Transparencia Electoral, Leandro Querido, Cuba continúa al margen del mundo democrático.

Francisco Sagasti: «Vemos un espíritu de regeneración en muchas personas que aún no encuentran un vehículo institucional para manifestarse»

«Viaje a Ítaca» es un videopodcast de entrevistas conducido por el Dr. Manuel Alcántara, en el cual entrevista a prominentes Miembros de Club de Madrid. El objetivo de este proyecto es compartir las opiniones de estos líderes sobre la política internacional, regional y de sus respectivos países, basándose en su experiencia personal en el ámbito político y de liderazgo, a través de conversaciones amenas y distendida.

El Dr. Manuel Alcántara entrevista al ingeniero, investigador, escritor y político peruano-costarricense Francisco Rafael Sagasti Hochhausler, quien se desempeñó como presidente del Perú, por sucesión constitucional en su calidad de presidente del Congreso, desde noviembre de 2020 hasta julio de 2021.

Manuel Alcántara: ¿Cómo definiría su trayectoria pública?

Francisco Sagasti: He participado en la creación de varios movimientos políticos, muchos de ellos efímeros. En 2016, me uní al esfuerzo para crear un nuevo partido, el Partido Morado, encargándome del plan de gobierno y estrategia programática. Esto me llevó a ser elegido congresista y luego a asumir la presidencia de la República por sucesión constitucional en uno de los momentos más complicados de la historia contemporánea de nuestro país.

Mi trayectoria siempre ha mezclado la preocupación profesional, académica e intelectual con la política, viendo cómo se puede influir en la toma de decisiones políticas para reorientar la forma en que nos gobernamos de una manera más conveniente para el bien común.

Manuel Alcántara: ¿Usted considera que la política es una profesión?

Francisco Sagasti: Creo que sí, pero no debe ser una profesión excluyente de otras actividades académicas o profesionales. Digo esto porque el mundo en que vivimos es extremadamente complejo. Estamos en un proceso de cambio de época tan importante como la transición del medievo y el renacimiento a la época moderna. Llamo a esto el fin de la era de Sir Francis Bacon, es decir, el fin de un periodo en el cual dominar a la naturaleza a través del entendimiento de la ciencia y el crecimiento económico se convirtió en el objetivo mundial. Eso ha llegado a su fin, y lo que los políticos deben entender es el tiempo en que vivimos, las opciones reales que existen y que es imposible tomar decisiones correctas sin una carrera exclusivamente política.

Manuel Alcántara: En ese escenario de entender el mundo ¿qué papel deberían desempeñar los partidos políticos?

Francisco Sagasti: Creo que debemos reinventar los partidos políticos. Esta es una institución con más de 150-200 años y se creó en momentos en los cuales la comunicación era muy limitada. Había que tener representantes que buscaran intermediarios entre los ciudadanos y quienes ejercían el poder político. Ahora, estamos en una situación diferente. El proceso de desintermediación política permite al ciudadano llegar a los centros de poder de diferentes maneras. Los partidos políticos deben tener otro papel distinto: agregar puntos de vista diferentes y articularlos, buscando un mínimo común denominador que permita institucionalizar la democracia y fortalecer al Estado.

Manuel Alcántara: Usted está poniendo el dedo en la llaga de la polarización. En uno de los aspectos aquí cito a mi querido amigo Moisés Naím: polarización, postverdad y populismo, las tres P que caracterizan ahora desgraciadamente a la política en muchas partes del mundo. Estas tres P afectan el papel de los partidos políticos. Desde su experiencia, si hubiera que organizar una escuela de políticos, ¿en qué elementos pondría usted más el acento?

Francisco Sagasti: Primero, entender el contexto global en que estamos, un cambio de época en el cual el futuro de la humanidad está siendo cuestionado desde diferentes puntos de vista, como el medio ambiente y los avances tecnológicos. Luego, entender cómo el mundo actual se ha modificado en términos de relaciones de poder durante los últimos 5 a 10 años. En tercer lugar, enseñar a estos políticos el camino hacia la importancia del conocimiento científico y tecnológico, y la necesidad de crear capacidades. También, hablar sobre las formas de gobernar en este nuevo contexto. Además, enseñarles a tener conciencia de sí mismos, a reflexionar sobre sus propios sesgos y valores.

Manuel Alcántara: Me alegra muchísimo esta última parte porque el siguiente punto que tenía anotado era precisamente sobre el factor humano en la política. Creo que uno de los problemas actuales de la política es el déficit de calidad o de capacidad humana. En su experiencia en el contexto internacional, ¿qué tres personajes de la política mundial que usted haya tratado le han impresionado más y por qué?

Francisco Sagasti: Es una pregunta extremadamente difícil. No he tenido tanto contacto con personalidades políticas durante el ejercicio del poder. Destacaría a Jimmy Carter, con quien trabajé a través de la Corporación Carnegie de Nueva York. Me impresionó su humanidad, sencillez y manera de ser. Pero más que políticos, he aprendido de personalidades del mundo profesional e intelectual, que estuvieron cerca de la política como consejeros o asesores. Ellos me transmitieron diferentes facetas de lo que he tratado de integrar en mi manera de actuar y ejercer el poder.

Manuel Alcántara: Ha hablado de un norteamericano y un peruano. ¿Destacaría a algún latinoamericano?

Francisco Sagasti: Por supuesto, Fernando Henrique Cardoso, Víctor Urquidi, Marcel Roche, Jorge Sábato, Alberto Guijarro, entre otros grandes amigos y mentores de quienes aprendí muchísimo. Me siento como un médium, transmitiendo las ideas y pensamientos de otros. Mi tarea ahora es transmitir no solo las enseñanzas intelectuales y profesionales, sino cómo se plasman en la práctica al ejercer el poder y la autoridad.

Manuel Alcántara: En este escenario de cambio profundo, ¿qué problemas del orden mundial le preocupan más?

Francisco Sagasti: Me preocupa el abandono de ciertas normas de conducta internacional que nos costó muchísimo construir. La estructura institucional que se armó después de la Segunda Guerra Mundial ha sido sobrepasada. Los valores básicos de convivencia se consideran descartables. Me preocupa que la estructura institucional esté siendo penetrada cada vez más por organizaciones criminales. Necesitamos un proceso de reinstitucionalización y liderazgo alrededor de un conjunto mínimo de valores para mantener la paz y la seguridad.

Manuel Alcántara: En el ámbito regional, en América Latina, ¿cuáles son sus preocupaciones?

Francisco Sagasti: La región atraviesa un periodo muy difícil. Vemos un deterioro de la institucionalidad democrática y del aparato del Estado. Los líderes no tienen la concepción de lo que es ser un estadista y no representan a la nación en su diversidad. Necesitamos una nueva generación de estadistas que sepan respetar a los otros y relacionarse de manera respetuosa y tolerante, pensando en el bien común de la región.

Manuel Alcántara: Finalmente, ¿cuál es el escenario que usted avizora en Perú?

Francisco Sagasti: Es un escenario muy complejo y complicado. Vemos un deterioro de la institucionalidad democrática y del aparato del Estado. La política está siendo ejercida por grupos que buscan saquear el aparato estatal y están siendo penetrados por organizaciones criminales. Sin embargo, también vemos un espíritu de regeneración en muchas personas que aún no encuentran un vehículo institucional para manifestarse de manera clara y decisiva. Nos enfrentamos a un proceso de búsqueda para evitar que el Perú se pierda por inacción o por la acción de los «podridos, congelados e incendiarios».

Agua escasa: un enfoque ambiental para la sostenibilidad

Alguna vez habremos escuchado o leído que a la Tierra se le conoce como el “planeta azul”, ya que vista desde el espacio, el color de sus océanos es el predominante. Nuestro planeta está cubierto por un 70% de agua, el 97.5 % de esa agua es salada (forma mares y océanos) y sólo 2.5 % es agua dulce, del cual sólo 0.3% se localiza en lagos y ríos de donde nuestras sociedades toman la mayor parte del agua que utiliza. El resto se encuentra en forma de hielo (glaciares y casquetes polares) y en aguas subterráneas.

Según datos del Banco Mundial, alrededor de 2000 millones de personas en todo el mundo no tienen acceso a servicios de agua potable gestionados de manera segura, 3600 millones no cuentan con servicios de saneamiento seguros y 2300 millones carecen de instalaciones básicas para lavarse las manos. El agua es, literalmente, la esencia de la vida. Es absolutamente esencial para la salud humana, la producción de alimentos y el saneamiento, así como para el progreso económico, transporte, producción de energía, la erradicación de la pobreza y el desarrollo sostenible.

Las brechas en el acceso a fuentes de abastecimiento de agua y saneamiento, el crecimiento demográfico, el uso intensivo de agua, la mayor variabilidad de las precipitaciones y la contaminación son factores que se conjugan en muchos lugares en América Latina transformando al agua en un bien que genera las principales crisis de la región. América Latina no solo presenta una distribución geográfica desigual del agua, con zonas extraordinariamente ricas y otras más secas, sino que también el 80% de la lluvia se concentra en pocos meses del año.

Si a lo anterior descrito, le agregamos que, según el Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés), la variabilidad climática (la parte natural del clima (no antrópica) por ejemplo, causada por El Niño Oscilación del Sur y otros fenómenos naturales) y el Cambio Climático (cambio climático antrópico o sea causado por los humanos), han provocado que los fenómenos meteorológicos, como las inundaciones y las sequías, sean cada vez más extremos; entonces es fácil suponer, que cada vez serán más probables e intensos los daños sociales asociados. Esta dinámica aumentará aún más con cada grado de calentamiento global.

Todos los países sin excepción deben estar plenamente conscientes de la disponibilidad actual y futura del agua, y de las estrategias diseñadas para una eficaz gestión de la misma. El agua de una ciudad constituye un componente clave que incide sobre las complejas condiciones ambientales que sostienen a las poblaciones humanas. La disponibilidad, calidad y abastecimiento del agua en muchas ciudades de Latinoamérica, están interrelacionados en las regiones urbanas debido a los siguientes factores: falta de agua potable de buena calidad que llegue a todas las comunidades, en especial a las zonas periféricas, a causa de la polución y contaminación ocasionadas por el uso intensivo de la tierra y /o la falta de tratamiento de las aguas residuales, (la proliferación de los vertederos a cielo abierto, y la disposición de desechos sólidos por doquier, se han convertido en un problema de significativa importancia dentro de la contaminación de fuentes superficiales y subterráneas), para  así como por la eutrofización debida a fuentes puntuales y no puntuales de nutrientes2.

Los componentes de un programa de gestión del agua exitoso son bien conocidos en la región y existen numerosos estudios por parte de la academia y la comunidad científica, algunos componentes se resumen a continuación3:

Reciclaje y reutilización: Esto significa que sólo hay dos maneras de reducir el volumen de contaminantes:1) reducir el flujo de entrada, o 2) reciclar y reutilizar los materiales que se descargan en el medio ambiente. El reciclaje se practica en un grado u otro en todo el hemisferio, pero es necesario aumentar la magnitud de los programas de reciclaje.

Monitoreo: El monitoreo y la generación de datos deben ser llevados a cabo normalmente por el gobierno central debido a la interdependencia de las aguas que fluyen entre los estados, provincias o regiones de los países.

Programas de investigación: Los programas de manejo deben basarse en la ciencia de la calidad del agua, para ser efectivos. A medida que avanza el crecimiento económico y demográfico, el problema de la gestión de la calidad del agua se hace más amplio y complicado. Esto requiere más investigación científica para comprender tanto la naturaleza del problema como las medidas adecuadas para combatirlo.

Políticas y gobernanza: La gestión del agua también requiere un conjunto eficaz de instituciones para establecer las políticas, supervisar los resultados y hacer cumplir las normas y políticas resultantes. Para esto es necesario contar con marcos legales adecuados, agencias públicas, políticas y mecanismos de aplicación apropiados.

Finalmente, el agua afecta todos los aspectos del desarrollo y se relaciona con la mayoría de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), es por ello la necesidad de abordar su problemática de manera integral, interdisciplinar y transdiciplinar.

*Colaboraron en la producción de este texto: Reinhardt Pinzón y Elsa Flores

En Rio Grande do Sul, los culpables son señalados ante la ausencia de inocentes

La tragedia climática que azota el estado de Rio Grande do Sul abrió el escenario para la lucha por identificar (o no) a los culpables de la tragedia. Sin embargo, me interesa saber si hay personas inocentes en esta historia. Además, la magnitud de la catástrofe ha sido objeto de interrogantes sobre si ese es el momento adecuado para la politización. El hecho es que no hay consenso porque los individuos de diferentes grupos y estratos sociales tienen supuestos incompatibles sobre la política y lo que es político. Para algunos, la magnitud de la catástrofe es, en sí misma, una expresión de un resultado político. Para otros, la política es sólo un espectro partidista y, en este momento, no hay bandos. Ni izquierda ni derecha.

Suposiciones irreconciliables son evidentes hasta en el uso de las redes sociales para difundir la idea de que “no se deben donar al gobierno”. Por un lado, los defensores del Estado mínimo y de la iniciativa privada, confiados en prescindir del poder público, utilizan el término gobierno como sinónimo de Estado. De esta manera, infieren la inutilidad del Estado a partir de la ineficiencia del gobierno: “Es el pueblo para el pueblo”, dice el eslogan. Del otro lado, los defensores de un Estado fuerte, activo y proactivo también en la agenda climática. Los últimos diferencian gobierno de Estado y cuando afirman que el gobierno actual es ineficiente y poco transparente en el manejo de los recursos, también aluden: “Es el pueblo para el pueblo”. El eslogan es el mismo, las premisas son diferentes.

La noción de que “era el deber del gobierno proteger al pueblo y ahora es el pueblo quien lo hace” es asumida tanto por los defensores del Estado mínimo como por los defensores del Estado robusto. Los primeros utilizan esta noción para justificar la falta de importancia de los gobiernos en general. Los defensores del Estado fuerte afirman que los gobiernos actuales (en el estado y en la capital, Porto Alegre) han desmantelado las políticas de prevención de desastres naturales, dejando su regulación en manos del sector privado.

Está claro que la política está en todas partes. Programas, proyectos y acciones concretas para preservar el medio ambiente y hacer los espacios habitados más sostenibles y resilientes al cambio climático también conforman la política. Los fenómenos naturales extremos siempre han existido, es cierto, pero es innegable el aumento de su frecuencia e intensidad debido a la acción humana desenfrenada y desordenada en la naturaleza. No importa si se considera que en el epicentro de la desgracia no es momento de señalar culpados. No importa si consideras que ahora es el momento de señalar culpados. ¿Alguna vez te has preguntado si hay personas inocentes en esta historia?

Como señalan los informes del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático, la catástrofe climática no puede considerarse obra del azar, sino el resultado de décadas de destrucción de recursos naturales. Construimos en las orillas de los ríos, llenamos de sedimentos sus lechos; acortamos caminos artificialmente; eliminamos la curva del curso de agua y alteramos su velocidad natural en la insaciable carrera por el beneficio y la productividad que acompaña el ritmo despiadado de nuestra vida cotidiana.

El cambio climático debido al calentamiento global no es nada nuevo. Se sabe que el calentamiento global es causado no sólo por las grandes industrias o la negligencia de los gobiernos, sino impulsado por nuestros hábitos de consumo. Por ejemplo, una dieta equilibrada, basada en frutas y verduras y un consumo reducido de proteína animal, es beneficiosa no sólo para la salud física sino también para el medio ambiente, además de reducir los gases de efecto invernadero, ahorraríamos mucha agua.

Ante esto, independientemente de su postura sobre si es o no el momento de señalar a los culpables, ¿alguna vez ha pensado que tampoco hay inocentes? Incluso si uno se niega a hablar de política en medio de la tragedia, eso subyace en los discursos y posiciones. La política no necesita ser explícita en el discurso para estar presente. La política impregna cada decisión tomada en el presente y en el pasado. No olvidemos las decisiones pasadas. Es innegable que apoyar a los gestores que flexibilizaron la legislación ambiental al permitir un retroceso de 40 años tiene impactos devastadores generalizados. Esto es lo que estamos experimentando. Pero más allá de los gestores y la legislación, ¿cómo contribuyen nuestros hábitos de consumo a un entorno más sostenible?

¿Sabemos reciclar las cápsulas de café o no nos importa su destino? ¿Sabemos caminar o no damos un paso sin el coche que contamina el aire y calienta el planeta? ¿Usamos el mismo par de jeans durante años o los descartamos cada temporada? ¿Ahorramos agua al lavar o cambiamos la ropa como si fuera desechable? ¿Tenemos una dieta vegetariana o consumimos carne todos los días? Hoy se habla mucho de escasez de agua en Rio Grande do Sul, pero ignoramos que por cada kilo de carne producida se necesita un promedio de 15 mil litros de agua. Ignoramos que por cada par de jeans producidos se desperdician más de 5.190 litros de agua, la misma agua potable que escasea en tiempos de catástrofe.

Si hay gente inocente en esta historia, tal vez sólo sean los científicos, como se hace eco categóricamente Chico César: “hasta hoy nunca ha habido un desarrollo tan destructivista. Eso dice el que no se oye, el científico, esa voz, la de la ciencia. Tampoco les conmueve la voz de la conciencia. Sólo escuchas algo por conveniencia”.

Aunque no se admita, la política está en lo que comemos, en lo que vestimos, en la forma en que nos movemos. La política radica en la forma selectiva en que nos preocupamos por el agua y otros recursos naturales. La política reside en nuestro consumismo insaciable. De hecho, lo que consumimos nos consume a nosotros y ni siquiera nos damos cuenta porque no es momento de señalar a los culpables. Nadie quiere que les apunten con el dedo.

Infórmese cómo hacer donativos a los afectados por la tragedia:
https://sosenchentes.rs.gov.br/inicial